DiócesisHomilías Mons. Dorado

Virgen de la Soledad. Sábado Santo

Publicado: 07/04/2007: 1922

1.- En el Sábado Santo, la Iglesia, unida espiritualmente a María en su Soledad, permanece en oración ante el Sepulcro, donde el cuerpo del Hijo de Dios yace inerte como en una condición de descanso tras la obra creativa de la redención, realizada con su muerte. Por la noche celebrará la Solemne Vigilia Pascual, feliz porque Cristo ha resucitado y ha vencido a la muerte.


2.- Hoy queremos estar con la Virgen de la Soledad, junto a la Cruz. Nos sentirnos sobrecogidos, con el espíritu abrumado por el misterio insondable. Queremos dar tiempo al asombro, a la gratitud, al arrepentimiento; queremos compartir con la Virgen los sufrimientos externos de su Hijo Jesús: su prendimiento, su humillación, los azotes, el penoso camino hasta el Calvario, el martirio de la lenta agonía y su muerte.

Pero hay que mirar más adentro: la Virgen de la Soledad nos enseña a descubrir los sentimientos de Jesús. Porque lo que nos redime no es el dolor físico, sino el amor y la piedad con que vive el Señor estos acontecimientos a través de su Pasión y de su Muerte.

Vista la Pasión desde dentro, es un “milagro de piedad”, de mansedumbre, de fortaleza, de misericordia y esperanza. Éste es el camino interior por el que nos salva; es el camino secreto que Él nos ha dejado abierto para nuestra salvación.

Creer y confiar en Dios desde dentro del dolor y de la soledad de la muerte; mantener abiertos los brazos del perdón y de la misericordia a pesar de las traiciones y las crueldades injustas: ésta es la victoria redentora del Cristo de la Cruz por encima de todas las tentaciones y falsedades de este mundo.


3.- Para los cristianos, la Cruz es el signo del amor de Dios que nos salva de todos los dolores. Es el signo de que podemos llegar hasta Él por el camino del sufrimiento vencido, por el camino de la paciencia, de la generosidad, de la esperanza, del servicio a los enfermos y a los pobres.

Nosotros, Señor, queremos acompañarte hoy con lágrimas de arrepentimiento, como Pedro; queremos estar junto a tu Cruz, como Juan y como las santas mujeres: junto a la Cruz del Calvario, donde te ofreces por la salvación del mundo; junto a las cruces de ahora, donde sufren nuestros hermanos, donde podemos encontrar nosotros el camino de nuestra propia salvación.

Cada uno de nosotros podemos decir: “me amó y se entregó por mí”. Por eso ahora te amamos y queremos poner nuestra vida en tus manos, vivir para Ti, ser verdaderos discípulos tuyos y apóstoles de tu Evangelio.

4.- Queremos que la Virgen fiel, que estuvo junto a la Cruz en las horas terribles del Calvario, interceda por nosotros para que sepamos también estar a tu lado en los momentos difíciles del sufrimiento, de la tentación, de la cobardía.

¡Virgen Santa de la Cruz y de la Soledad!, ayúdanos a mantenernos firmes en la fe, a no dudar de la bondad y del amor de Dios en medio de los dolores y sufrimientos, a defender, como Tú, con fortaleza y serenidad, el nombre de tu Hijo, del único Salvador, de la única esperanza firme y segura que tiene la humanidad.

Que nos acompañe siempre María Santísima de la Soledad, quien, tras haber seguido al Hijo divino en la hora de la Pasión y de la Cruz, compartió la alegría de  la Resurrección gloriosa.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

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