DiócesisHomilías Mons. Dorado

La familia, camino de la Iglesia

Publicado: 14/01/1996: 834

Día de la Familia
 

1.- "Cantad a Dios, dadle gracias de corazón" (Col 3,16), queridas familias. Nos lo ha dicho San Pablo en la segunda lectura. Dadle gracias por vuestro amor, por tantos gestos diarios de entrega delicada y tierna, que van curando las posibles heridas y ensanchando la esperanza. Dadle gracias por los hijos, a quienes amáis y servís con ese amor gratuito que lo da todo sin esperar nada a cambio. Dadle gracias por su presencia viva en el sacramento de vuestro matrimonio, para sosteneros en las dificultades, para iluminaros en las dudas y para caminar con vosotros en las alegrías y en las penas.

"Dadle gracias de corazón" y alabad su nombre, porque vuestra presencia aquí es signo de que creéis en la familia y de que tenéis una familia. Cuando algunas voces y algunas ideologías tratan de hacernos creer que la familia unida, fiel, dialogante y estable, la familia que hunde sus raíces en el sacramento del matrimonio, está superada, acudís las familias cristianas, pregonando con la vida "lo que constituye el bien común de la pareja y de la familia. Ante todo, son palabras del Papa Juan Pablo II, el bien común de los esposos, que es el amor, la fidelidad, la honra, la duración de su amor hasta la muerte 'todos los días de (vuestra) vida'. El bien de ambos, que lo es de cada uno, deberá ser también el bien de los hijos. El bien común, por su naturaleza, a la vez que une a las personas, asegura el bien de cada una" (Carta a las familias, 10). ¡Como lo saben quienes trabajan en el mundo de la marginación y en la pastoral penitenciaria! Un porcentaje muy alto de jóvenes que delinquen proceden de familias desintegradas y rotas. Y es que "cuando falta la familia, se crea en la persona que viene al mundo una carencia preocupante y dolorosa que pesará posteriormente durante toda la vida" (Carta a las familias, 2)


2.- "Alabad a Dios... ofreciendo la Acción de Gracias", nos ha dicho también el Apóstol (Col 3,16-17). San Pablo se dirige, en su carta, a todos los cristianos y los anima a participar activamente en las asambleas de oración, porque algunos habían perdido los primeros fervores y comenzaban a dejar de lado la oración y la celebración de la Eucaristía, que él llama la Acción de Gracias. Pero sin vida de oración y sin una participación activa en la Eucaristía, la fe del cristiano languidece.

He aquí una de mis recomendaciones más ardientes para este nuevo año: recuperad en vuestra familia el sentido más hondo de ese nombre que le da el Vaticano II, cuando la llama "Iglesia Doméstica". En el seno de una cultura secularista, que parece interesada en eliminar toda huella de Dios, fomentad una vida de fe compartida. Hoy tenéis medios muy sugerentes y asequibles para fomentar la oración en familia. Y como nos ha dicho el Papa en su Carta a las familias, "la oración refuerza la solidez y la cohesión de la familia, ayudando a que ella participe de la 'fuerza' de Dios". Igual que en la oración y mediante la oración el hombre descubre de manera sencilla y profunda su ser más hondo, en la oración encuentra también la familia su identidad "y se consolida cuando sus miembros invocan juntos 'Padre nuestro'" (n.4). De la oración brota el vigor interior de las familias, así como la fuerza que necesitan para caminar unidas en el amor y en la verdad.

Y junto con la oración en familia, fomentad la catequesis familiar. Sois los padres los primeros responsables de la fe de vuestros hijos y, en la medida en que os esforzáis por transmitirles la fe, profundizáis también vosotros en el conocimiento de la misma. Ya el estilo del hogar, cuando se ha planteado de forma consciente y dialogada para que sea un estilo evangélico, constituye una sólida catequesis, que va alimentando con naturalidad la fe de todos los miembros. Pero es necesaria también una catequesis explícita. Nadie sabe mejor que vosotros cómo ayudar a que vuestros hijos aprendan a manejar la Biblia, aprendan a rezar, vayan conociendo las verdades nucleares de la fe y asuman en el día a día los valores cristianos. No sería coherente que estemos luchando, con toda razón, por la enseñanza de la Religión en la Escuela, y que luego no hagamos, en el seno de la familia, aquello que está en nuestras manos.

Son posibilidades que os sugiero para que vuestra familia sea de veras una "iglesia doméstica", una "asamblea de los hijos de Dios en el seno del hogar".


3. "Enseñaos unos a otros, exhortaos mutuamente" (Col 3,15), nos ha dicho también San Pablo. Y muchos, seguramente la mayoría de quienes habéis acudido a esta celebración, ya lo estáis haciendo. Os reunís en grupos o equipos de familias por las casas, para profundizar en el Evangelio, para ayudaros unos a otros y para integrar los nuevos valores de la familia sin despojarla de nada que sea esencial.

Es una forma sencilla y muy eficaz de ayudarse a vivir el Evangelio y de evangelizar. No olvidéis que "la familia (es un) camino hacia la Iglesia", como ha dicho el Papa. "Entre los numerosos caminos, la familia es el primero y el más importante" (Carta a las familias, n.2).

Pero conviene que los diversos grupos y movimientos os sintáis, en primer lugar, Iglesia Diocesana que evangeliza. Aceptando agradecidos y respetando toda la riqueza de carismas y todo el pluralismo que nos da el Espíritu, en este momento necesitamos caminar unidos reforzando la comunión eclesial y cooperando todos en la pastoral diocesana. La Delegación Diocesana de la Familia quiere ser lugar de encuentro "para enseñarnos y exhortarnos mutuamente" a la luz de la Palabra, y punto de partida para una evangelización misionera.

El momento parece propicio, pues a pesar de todos los elementos desintegradores que sacuden la institución familiar, recientes sondeos nos dicen que la familia es el valor más cotizado por los jóvenes españoles. Por encima incluso de la profesión y del éxito económico. Como os dijo recientemente el Santo Padre en una preciosa carta: "queridas familias: vosotras debéis ser también valientes, dispuestas a dar siempre testimonio de la esperanza que tenéis... ¡No tengáis miedo de los riesgos! ¡La fuerza divina es mucho más potente que vuestras dificultades! ...El Buen Pastor está hoy con vosotros como motivo de esperanza, fuerza de los corazones, fuente de entusiasmo siempre nuevo y signo de la victoria de 'la civilización del amor'" (n.18).


4.- Le vamos a pedir a Dios que guarde a nuestras familias en su gracia. Se lo vamos a pedir en la oración de los fieles y en la oración sobre las ofrendas. Pero sabéis bien que la oración de petición no es una coartada para eludir nuestra responsabilidad y nuestro esfuerzo. Por el contrario, es un motivo más para asumir nuestra tarea y nuestros compromisos con redoblada confianza. Pues la oración nos asegura que Dios vive en nosotros, camina con nosotros y hace fecundos nuestros esfuerzos siempre que sean evangélicos.

Al pedirle que guarde nuestras familias, estoy pensando en algunas situaciones muy concretas de la familia española. Estoy pensando en las familias afectadas por el paro. Estoy pensando en una legislación que, al contrario de lo que sucede en casi todos los países de la Comunidad Económica Europea, no presta ningún apoyo significativo a la familia según el número de hijos. En una legislación que no facilita ayudas económicas y sociales para que las personas mayores puedan terminar su vida en el seno de la familia. En una legislación que presenta trabas incomprensibles a que se pueda impartir en la escuela la enseñanza religiosa en igualdad de condiciones con las demás asignaturas para quienes libremente lo soliciten. En una legislación que no se ha preocupado de programar una política de viviendas para las parejas jóvenes. Se busca, a veces, tramitar por procedimientos de urgencia asuntos que atentan contra la familia, como el reciente intento de ampliar la ley de despenalización del aborto y el de abrir un registro para parejas de hecho, queriendo equiparar con el matrimonio las uniones de homosexuales... 

En todo esto pienso al estar reunido hoy con vosotros, las familias. Porque sois vosotros, los miembros de las familias, quienes tenéis que levantar la voz y quienes tenéis que iniciar actuaciones bien pensadas, dentro de los límites democráticos y constitucionales, para hacer valer vuestros derechos. Como nos dice el Papa Juan Pablo II, "conviene hacer realmente todos los esfuerzos posibles para que la familia sea reconocida como sociedad primordial y, en cierto modo, 'soberana'... Una nación verdaderamente soberana y espiritualmente fuerte está formada siempre por familias fuertes, conscientes de su vocación y de su misión en la historia" (Carta a las familias, 17).

El Evangelio que se ha proclamado nos presenta a María y a José defendiendo la vida de su hijo. Ellos no encontraron otro medio que la huida. Gracias a Dios y al esfuerzo de quienes nos han precedido, nosotros vivimos en un mundo diferente, donde los ciudadanos tenemos unos derechos y unas leyes que nos amparan. Ese avance ha sido posible por el sacrificio y el esfuerzo de otras generaciones. Ya no tenemos que huir, porque hemos ido ganando espacios de libertad. Hoy nos toca a nosotros asumir decididamente nuestra responsabilidad, para dejar a los hombres y mujeres de mañana un mundo más humano. Y podemos hacerlo de la mano de María y de José, seguros de que el ángel de Dios va a seguir estando a nuestro lado para sostener y guiar nuestros esfuerzos.

Diócesis Málaga

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