DiócesisHomilías

Fiesta de la Anunciación del Señor (Catedral-Málaga)

Publicado: 25/03/2009: 2195

FIESTA DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Lecturas: Is7, 10-14; 8, 10; Sal 39; Hb 10, 4-10; Lc 1, 26-38.

El Dios de la vida, encarnado en María

1. Muy ilustres y estimados miembros del Cabildo Catedral. Un saludo fraternal en esta fiesta de la Sede episcopal malacitana, a la que servís. También un cordial saludo a los que, de una manera u otra, ofrecéis vuestra colaboración en esta Catedral: El diácono, las hermanas religiosas y demás personal. Quiero saludar también a los miembros del Coro Gregoriano, que contribuyen a solemnizar esta festividad litúrgica y a los jóvenes de la Escuela Taller.

Cada uno a su manera, unos con el canto, otros con su oficio litúrgico, otros con su destreza y habilidad, todos colaboran para dar gloria a Dios en este sagrado lugar, primer templo de la Diócesis, cuya solemnidad litúrgica hoy celebramos, en esta fiesta llamada la Anunciación del Señor o la Encarnación del Señor. A todos un cordialísimo saludo.

1. Dios creador de la vida humana

2. La fiesta de hoy nos invita a celebrar al Dios de la vida, que se encarna en la Virgen María; éste es el motivo de nuestra celebración.

Deseo titular nuestra reflexión “El Dios de la vida, encarnado en María”, porque el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, al que hemos conocido por revelación del Hijo es el Dios de la vida, a quien debemos glorificar (cf. Rm 15, 6); no es Dios de muerte. Es un Dios que crea el cosmos (cf. Gn 1, 1), en sentido técnico del término “cosmos”, es decir, un mundo armónico, un mundo bien hecho y bien estructurado, tal y como sale de sus manos. Dios es el creador de la vida.

Dios se presenta, desde las primeras páginas de la Biblia, como el Dios creador y Señor de la vida. Después de crear los cielos, la tierra y todos los seres que en ellos viven, creó al hombre, haciéndole partícipe de su obra y colaborador suyo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra» (Gn 1, 26). Dice el texto bíblico: «Entonces el Señor Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente» (Gn 2, 7). De Dios sale siempre la vida.

Dios llama al hombre a la vida; a participar de su vida divina; a ser semejante a Él. Después, poniéndolo al frente del jardín del Edén, cosmos bien adornado y armónico, le dice que cuide dicha maravilla: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra» (Gn 1, 28).

El hombre, sin embargo, introduce la muerte en el jardín de la vida. El ser humano introduce la muerte en su propia vida y en el cosmos armónico, que Dios había creado; con esta acción la relación del hombre con su entorno queda trastornada (cf. Gn 3, 16-19).

2. El Dios de Israel vela por la vida de su pueblo

3. Ese mismo Dios creador manifiesta siempre su amor cariñoso con el pueblo escogido, el Pueblo de Israel, amado por Él a lo largo de su historia.

En el Antiguo Testamento se encuentran muchos personajes, que son tipo de las figuras del Nuevo Testamento, especialmente de Jesucristo. José, el hijo de Jacob, vendido por sus hermanos, va delante de ellos a Egipto (cf. Gn 37, 28)); en realidad se les adelanta para salvar la vida de sus hermanos, que posteriormente irán a Egipto y ocuparán la mejor tierra (cf. Gn 47, 11). Moisés, el gran libertador de Israel, es figura también de Jesucristo, nuevo Moisés, que libera al pueblo de Dios.

Después hay una serie de personajes históricos, que prefiguran al único salvador del mundo, Cristo Jesús, Hombre y Dios verdadero.

En la conversación que mantuvo Jesús con los saduceos, cuando le preguntaron sobre el más allá, queriendo saber de quién sería “esposa” una mujer que se había casado con siete hermanos, contesta la misma frase que Dios le había dicho a Moisés ante la zarza ardiente: «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios  de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos» (Mt 22, 32).

3. El Dios de la vida se encarna en la Virgen María

4. Este Dios creador y salvador, Dios de vivos, es también el “Dios con nosotros”, el Enmanuel. El profeta Isaías, en una conversación con el rey Ajaz,  anuncia el nacimiento del Hijo de Dios: «He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros» (Is 7, 14).

Este Dios ama tanto al mundo «que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16); El Dios de la vida se encarna en el seno de una doncella de Nazaret.

La solemnidad litúrgica de hoy nos hace memorar el anuncio del ángel a María: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús» (Lc 1, 30-31).

El nombre de Jesús significa “Dios salva”, “Dios es salvador”. María con su “sí” a Dios permite que el designio de Dios llegue a realizarse.

Y Jesús, el Hijo de Dios e hijo de María, comenzará, desde el momento de su encarnación, a vivir todas las fases del crecimiento, propias del ser humano.

5. Hoy celebramos la fiesta de la Encarnación, es decir, el instante en que es concebido Jesús. ¿Por qué pone la Iglesia esta fiesta litúrgica? Porque, además de celebrar con gozo la presencia del Hijo de Dios entre nosotros, quiere manifestar que la vida de todo ser humano es tan importante que hay que respetarla desde el mismísimo momento de su existencia.

Hoy es la Jornada por la Vida. Los obispos han decidido que este Año 2009 sea dedicado a la oración por la vida humana. Es muy importante que en esta solemnidad de la Anunciación o de la Encarnación del Hijo de Dios valoremos lo que significa la vida humana en todas sus fases.

La vida humana debe ser respetada y protegida desde el momento de su concepción, aunque su apariencia sea microscópica. A partir de su concepción, el ser humano atraviesa varias fases: cigoto, embrión, feto,… Bajo capa de “ciencia”, pero sin ningún apoyo científico, algunos quieren dar al ser humano el nombre de “pre-embrión” en los primeros días de su existencia en el seno materno, para poder manipularlo a su antojo y tratarlo como un simple objeto; este término no es científico, sino que expresa unos intereses políticos muy concretos. El ser humano existe como tal desde el instante de su concepción. La dotación genética del ser humano desde el instante de su concepción es la misma hasta el momento de su muerte.

6. Esta fiesta nos habla de la vida y del respeto de la vida humana. La Virgen María acoge la vida de Hijo en su seno y la respeta.

El Concilio Vaticano II elogia la figura de María como Madre de Dios: “El Padre de las misericordias quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que así como la mujer contribuyó a la muerte, -Eva-, así también contribuirá a la vida, -María-. Lo cual vale en forma eminente de la Madre de Jesús, que dio al mundo la vida misma que renueva todas las cosas y que fue adornada por Dios con dones dignos de tan gran oficio”.

Por eso, no es extraño que entre los Santos Padres fuera común llamar a la Madre de Dios toda santa e inmune de toda mancha de pecado y como plasmada por el Espíritu Santo y hecha una nueva criatura (…). Con razón, pues, los Santos Padres estiman a María, no como un mero instrumento pasivo, sino como una cooperadora a la salvación humana por la libre fe y obediencia. Porque ella, como dice San Ireneo, ‘obedeciendo fue causa de la salvación propia y de la del género humano entero’.

Por eso, no pocos padres antiguos en su predicación, gustosamente afirman: ‘El nudo de la desobediencia de Eva, -en el paraíso-, fue desatado por la obediencia de María; lo que ató la virgen Eva por la incredulidad, la Virgen María lo desató por la fe"; y comparándola con Eva, llaman a María, atención, Madre de los vivientes, y afirman con mayor frecuencia: ‘La muerte vino por Eva; por María, la vida’” (Lumen gentium, 56).

Nos encontramos ante una mujer, Madre de los vivientes, que engendra la  Vida, que acoge la Vida, que respeta la Vida, que nos ofrece al que es el dador de la Vida. Por contraste, el pecado de Adán y Eva introduce la muerte en este hermoso cosmos, creado por Dios para disfrute del hombre.

4. Cada ser humano es único e irrepetible

7. En la sociedad actual asistimos al menosprecio de la vida humana, expresado en modos diversos: leyes que no protegen la vida humana, proyecto de ampliación de la actual ley del aborto. La sociedad española se ha sentido conmovida por las noticias de crueles prácticas abortivas y por la magnitud de las cifras oficiales; se habla de más de cien mil abortos anuales en España; puede, por tanto que haya aún más.

Empezamos a escuchar ya el anuncio de una ley, mal llamada de “eutanasia”. “Eutanasia” significa “bien-morir”; la posible ley, en cambio, favorecería el suicidio y el asesinato de ancianos y enfermos; sería más bien una ley de “mal-morir”; es decir, una ley en contra de la vida.

Las palabras de San Pablo, que resuenan claras y fuertes en este Año Paulino, que estamos celebrando, son iluminadoras al respecto: «El salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rm 6, 23).

Seamos testigos, como Pablo, de la vida que nos trae Cristo Jesús: «Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la promesa de vida que está en Cristo Jesús» (2 Tm 1, 1). En Cristo está la vida. Creemos, alabamos y confesamos al Señor y Dios de la vida. La muerte ha sido introducida por el hombre.

En la cultura de la muerte, en que nos encontramos, resulta difícil defender la vida humana en todas sus fases de desarrollo, sean iniciales o finales.

8. El Papa Juan Pablo II, en una homilía de Navidad, al inicio de su pontificado, decía que “Navidad es la fiesta del hombre. Nace el hombre. Uno de los millares de millones de hombres que han nacido, nacen y nacerán en la tierra. Un hombre, un elemento que entra en la composición de la gran estadística. No casualmente Jesús vino al mundo en el período del censo, cuando un emperador romano quería saber cuántos súbditos contaba su país. El hombre, objeto de cálculo, considerado bajo la categoría de la cantidad; uno entre millares de millones. Y al mismo tiempo, uno, único, irrepetible. Si celebramos con tanta solemnidad el nacimiento de Jesús, lo hacemos para dar testimonio de que todo hombre es alguien, único e irrepetible. Si es verdad que nuestras estadísticas humanas, las catalogaciones humanas, los humanos sistemas políticos, económicos y sociales, las simples posibilidades humanas no son capaces de asegurar al hombre el que pueda nacer, existir y obrar como único e irrepetible, todo eso se lo asegura Dios. Por Él y ante Él, el hombre es único e irrepetible; alguien eternamente ideado y eternamente elegido; alguien llamado y denominado por su propio nombre” (Juan Pablo II, Mensaje “Urbi et orbi” Navidad, fiesta del hombre, Vaticano, 25.XII.1978, 1).

Cada uno de nosotros hemos sido llamados a la existencia con nuestro propio nombre. Dios, desde la eternidad nos ha amado y hemos sido llamados a la existencia por amor. No somos clones, ni debemos ser clonados; somos seres humanos, únicos e irrepetibles. Esta es la gran lección de la fiesta de la Encarnación o de la Anunciación a María.

5. Exhortaciones en el Año de oración por la vida.

9. En este año 2009, dedicado a la “Oración por la vida” os ofrezco tres invitaciones:

1) Orar por la vida. Hemosde rezar a Dios y darle gracias, porque existimos; porque nos ha hecho hijos suyos. Hemos de pedir que otros seres humanos, únicos e irrepetibles, vengan a la existencia y sea respetada su vida en todas sus fases.

2) Iluminar y formar las conciencias: Invitamos a todos los fieles a trabajar en la formación de sus conciencias, en lo que se refiere al respeto de la vida. No hay que disfrazar el asesinato humano con palabras suaves como “interrupción del embarazo”; hemos de llamar a las cosas por su nombre: al “pan, pan; y al vino, vino”. Para facilitar esta labor formativa caben muchas iniciativas. Conozcamos la verdad científica sobre la vida y no seamos corderillos, que aceptan sin más lo que dicen los medios de comunicación social, al servicio muchas veces de intereses partidistas e inhumanos.

3) Promover un compromiso activo a favor de la vida. Pedimosa los fieles católicos, a los creyentes de otras iglesias cristianas y otros credos un compromiso activo, junto con las asociaciones, movimientos, foros e iniciativas en defensa de la vida. Demos un claro testimonio a favor de la vida humana en todas sus fases de desarrollo.

Hoy, en esta gran solemnidad de la Anunciación, pedimos la intercesión de la Virgen María. Ella supo acoger en su seno de Madre al Hijo de Dios. ¡Que Ella nos ayude a proteger la vida humana y a defenderla como el bien más precioso de la Humanidad! Que así sea.

Autor: diocesismalaga.es

Más artículos de: Homilías
Compartir artículo