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Miércoles de Ceniza (Catedral-Málaga)

Publicado: 09/03/2011: 2381

MIÉRCOLES DE CENIZA

 Lecturas: Jo 2, 12-18; Sal 50; 2 Co 5, 20 − 6, 2; Mt 6, 1-6.16-18.

El camino cuaresmal y el proceso catecumenal

1. Comenzamos hoy la Cuaresma, que nos llevará a la celebración gozosa de la Pascua. El profeta Joel, en la primera lectura bíblica, que hemos escuchado, nos ha apremiado a convertirnos a Dios: «Ahora -oráculo del Señor- convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto, con luto» (Jl 2, 12). Es tiempo especial de escucha de la Palabra de Dios, de conversión, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las armas de la penitencia cristiana: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18).

La Iglesia nos exhorta a vivir este tiempo litúrgico uniéndonos al misterio pascual del Señor y ahondando en nuestro compromiso bautismal: «Con Cristo –dice San Pablo– sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado»(cf. Col 2, 12). El camino cuaresmal expresa y actualiza nuestro bautismo, por el que hemos sido injertados en Cristo, recibiendo la filiación divina y la salvación.

El Papa, en su Mensaje para la Cuaresma de este año, nos recuerda que el bautismo “no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo, que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo” (Benedicto XVI, Mensaje, 1).   Se nos invita, pues, de modo especial en este tiempo, a realizar la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, como nos dice San Pablo: «Conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11).

2. El camino cuaresmal es un camino bautismal, que ofrece la posibilidad de realizar el proceso catecumenal. La Iglesia nos propone en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma una guía para poder encontrarnos de manera especial e intensa con el Señor, “haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él” (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma de 2011, 2).

El don gratuito del bautismo “debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana” (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma de 2011, 1).

En el presente año litúrgico la Iglesia nos ofrece las lecturas del “Ciclo A”, pensadas para el itinerario catecumenal de quienes serán bautizados en la vigilia pascual y para acompañar al fiel cristiano en la renovación de su compromiso bautismal, reafirmando la centralidad de Cristo y gozando de la gracia, que brota de las aguas bautismales y asimilando la vida que Dios nos ofrece mediante el agua y el Espíritu Santo.

En nuestra Diócesis de Málaga hay cada año más personas, que piden ser bautizadas en edad adulta. La moda desacertada de muchas familias cristianas de dejar a sus hijos sin bautizar, para que elijan de mayores la religión que quieran, está ahora mostrando sus consecuencias. Animamos a los padres cristianos a bautizar a sus hijos en la edad infantil.

Coincidiendo con el ciclo litúrgico “A”, propio del proceso catecumenal, hemos pensado instaurar el “catecumenado”, para formar mejor a los adultos no bautizados y proporcionarles el instrumento adecuado en este proceso de su crecimiento espiritual. A su debido tiempo se publicará el Decreto y la normativa correspondiente, que deseo sea conocida por todos los fieles, para ayudar a quienes deseen recibir la gracia bautismal y renacer como hijos de Dios y de la Iglesia.

3. Ésta nos propone realizar las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, que expresan el compromiso de conversión. Jesús, en el evangelio, nos ha dicho: «Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará» (Mt 6, 4-4). Mediante la limosna compartimos los bienes que el Señor nos ha regalado y se fortalece la fraternidad entre los hombres.

El ayuno ayuda el cristiano a superar el egoísmo y a vivir en la lógica del amor y de la generosidad. El Señor nos ha dicho: «Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6, 17-18).

La oración establece un ambiente de diálogo entre el Maestro y el discípulo, en el que el fiel saborea las cosas de Dios. Se trata de una conversación en la intimidad y en secreto: «Tú, cuando vayas a rezar, -dice el Señor- entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará» (Mt 6, 6). En la oración el alma y Dios a solas, dialogan, se escuchan, comparten, y el fiel sale transformado.

4. El rito de la imposición de la ceniza, propio de la liturgia de este Miércoles, y que en breves momentos realizaremos, tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. La Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente, que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Nos recuerda y nos anima a acudir al sacramento de la Penitencia, para prepararnos a participar mejor en el Misterio pascual de Cristo. El sacerdote nos impondrá la ceniza sobre nuestras cabezas, en señal de penitencia, y nos exhortará a convertirnos a Dios: “Conviértete y cree en el Evangelio”, nos dirá.

San Pablo nos ha exhortado, en su carta a los Filipenses, a reconciliarnos con Dios: «Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5, 20). Animo a los sacerdotes a estar disponibles y a facilitar la celebración del sacramento del perdón; y exhorto a todos los fieles a recibir con gozo la gracia de la misericordia divina mediante la recepción de este sacramento.

En este tiempo cuaresmal debemos acudir con mayor frecuencia y respeto a la Palabra de Dios, para leerla, meditarla y asimilarla, nutriendo así nuestra vida espiritual. Vivamos también con un amor más intenso la celebración fructuosa de la Eucaristía. El itinerario cuaresmal nos anima a re-orientar nuestra existencia según la voluntad de Dios, a superar nuestro egoísmo y abrirnos al amor de Cristo.

Los ejercicios que la piedad popular ha promovido desde antiguo responden al carácter penitencial del tiempo cuaresmal y conviene que nos los abandonemos. El “Vía Crucis”, las visitas a iglesias estacionales y demás devociones están imbuidos del espíritu de la liturgia y ayudan a los fieles a vivir el misterio pascual de Cristo; os aliento a que realicemos estos ejercicios de piedad en este tiempo cuaresmal.

5. Os exhorto, queridos hermanos, a recorrer el camino cuaresmal asimilando los grandes valores y temas que se nos proponen: la relación entre la Cuaresma y los sacramentos de la iniciación cristiana; el camino cuaresmal y el proceso catecumenal. Al final del camino cuaresmal celebraremos los misterios de los últimos días de la vida terrena de Cristo, su pasión, muerte y resurrección.

Ahora la Iglesia nos invita a ponernos en camino, a convertir nuestro corazón a Dios, abandonando lo que nos aleja de él; a progresar en el amor como hijos de Dios; a purificar nuestro corazón de las cosas vanas; a renovar la gracia del bautismo; y para los catecúmenos, a prepararse para recibirla.

Jesucristo es el Peregrino, que ha venido a convivir con los hombres, para acompañarnos en el camino hacia el cielo. Se ha despojado de su rango, haciéndose uno de nosotros y rebajándose hasta la muerte de ignominiosa de cruz (cf. Flp 2,6-8), para conducirnos al verdadero camino de la vida; Él mismo es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Subamos con Él a Jerusalén; preparémonos para celebrar la fiesta de la Pascua; acompañemos a quien se ha entregado como víctima de propiciación por cada uno de nosotros y por todos los hombres.

Caminemos con esperanza, queridos hermanos, hacia la fiesta Pascual, practicando la oración, el ayuno y la limosna, como nos ha indicado el Señor en el Evangelio (cf. Mt 6,1-6) y nos recomienda la Iglesia en este tiempo cuaresmal.

¡Que la Santísima Virgen María sea nuestra guía y nuestra maestra en este camino cuaresmal, que hoy iniciamos! ¡Que Ella nos mantenga firmes en nuestro propósito de abandonar el pecado y de acogernos a la misericordia infinita de Dios! Amén.

Autor: diocesismalaga.es

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