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Fiesta de Sta. María de la Victoria (Catedral-Málaga)

Publicado: 08/09/2011: 2084

SANTA MARÍA DE LA VICTORIA,

PATRONA DE LA DIÓCESIS DE MÁLAGA

(Catedral-Málaga, 8 septiembre 2011)

Lecturas: Miq 5, 1-4; Sal 12; Rm 8, 28-30; Mt 1, 18-23.

María, mujer de fe, arraigada en Cristo

 

1. La Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Madrid en el pasado mes de agosto, ha sido un acontecimiento de gracia para toda la Iglesia. Más de un millón y medio de jóvenes de todo el mundo se ha dado cita, para encontrarse con Jesucristo, para celebrar juntos la fe, para escuchar al pastor de la Iglesia universal, Benedicto XVI, para compartir esperanzas e ilusiones y para vivir el gozo de ser testigos del Evangelio.

Las imágenes, que han podido contemplarse a través de los medios de comunicación, hablan por sí mismas de la alegría de estos jóvenes, de su profunda talla humana, de su respeto hacia quienes no piensan como ellos, de su esmerado cuidado de la naturaleza, de su educación cívica. Y, sobre todo, de su firme decisión de seguir a Jesucristo en un mundo, que no favorece la confesión de la fe católica, porque es una voz profética e iluminante, cuya luz no siempre es aceptada.   Algunos de estos jóvenes procedían de países donde los cristianos son perseguidos por su fe, encarcelados, tenidos en menosprecio social por ser tales y hasta asesinados. Ellos han dado un claro testimonio de su fe y de su amor a Dios y a los hombres.

Quiero agradecer, en esta fiesta patronal de la familia diocesana, la colaboración de tantos malagueños, que hicieron posible la acogida de unos tres mil jóvenes en nuestra Diócesis, procedentes de distintos países; y la participación en la Jornada Mundial en Madrid de una gran representación malagueña, con la presencia en el “Via Crucis” de las imágenes de dos Cofradías, el Jesús del Prendimiento y el Cristo de la Buena Muerte, reafirmando todos los participantes la fe entorno al sucesor de Pedro.

2. El lema de esta Jornada Mundial de la Juventud ofrecía tres verbos, formulados en forma pasiva, que señalan la primacía de la gracia de Dios: arraigados, edificados, firmes. El Papa Benedicto XVI advertía, en su menaje a los jóvenes,que estas formas verbales significaban que la vida de fe, de esperanza y de amor no es algo que nace espontáneamente en el corazón humano, sino que es Cristo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes (cf. Benedicto XVI, Mensajepara la XXVI Jornada Mundial de la Juventud-2011, 2, Vaticano, 6 agosto 2010).

Hoy, queridos hermanos, celebramos con gozo la fiesta de nuestra Patrona, Santa María de la Victoria. Ella vivió “arraigada” en la fe, fiada en Dios, gracias a su aceptación del don del Espíritu Santo. María fue iluminada por la fe, edificada en la esperanza cristiana y radicada en el amor. Ella es nuestra Madre y ejemplo.

3. Creer en Dios es un don divino, concedido al hombre; no es algo que el hombre pueda alcanzar por su propia razón o voluntad. La fe ilumina la vida del creyente y la transforma, porque el hombre está hecho para Dios. Como dijo san Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.

El papa Benedicto decía a los jóvenes en su Mensaje: “El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su ‘huella’. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva” (Benedicto XVI, Mensajepara la XXVI Jornada Mundial de la Juventud-2011, 1, Vaticano, 6 agosto 2010).

Sólo con la fe en Dios encuentra el hombre su plenitud. Cristo manifiesta al hombre el verdadero rostro de Dios y la propia vocación; como dice el Concilio Vaticano II: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (Gaudium et spes, 22).

La Virgen María acogió a Dios en su vida, mediante la fe, y encontró el sentido de su existencia y la plenitud de su ser. De ese modo, su vida quedó plenamente arraigada en Dios. Ella es modelo para todo cristiano.

4. La fe, además de ser un don divino, es también una tarea a realizar, una elección de vida, que marca toda la existencia humana. No le resultó fácil a María de Nazaret, humanamente hablando, asumir las consecuencias de vivir arraigada en Dios. Bien sabemos que tuvo que renunciar a sus propios planes, para aceptar los de Dios; tuvo que salir de su tierra y viajar como emigrante; fue rechazada por su condición pobre y sin recursos; y, lo más doloroso de su vida, estuvo presente en la muerte de su Hijo inocente, condenado a morir en la cruz. ¡Qué gran ejemplo de fe y de amor, queridos malagueños, nos ofrece nuestra Madre, nuestra Patrona, Santa María de la Victoria!

Nuestra fe está inmersa en la fe de la comunidad cristiana y es sostenida por ella. El papa Benedicto XVI ha repetido en diversas ocasiones que no se vive la fe en solitario, sino que el cristiano vive la fe inserto en la Iglesia y camina en una comunidad.

Los cristianos profesamos la fe de la Iglesia, y no una simple fe personal, privada; celebramos el misterio de Cristo, muerto y resucitado según la tradición de la Iglesia y no según devociones particulares; y nos esforzamos en vivir el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo.

La fe, por tanto, no se reduce al conocimiento de unas verdades reveladas, o a un aspecto secundario de la vida, sino que implica la coherencia de toda nuestra vida. El testimonio de la vida es la mejor predicación para atraer a quienes no creen. Como dijo el papa Beato Juan Pablo II: “Las multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo” (Redemptoris missio, 8). Así vivió María la fe; por ello, los cristianos tenemos que hacer visible a Cristo con nuestro comportamiento. Se trata de entender la vida y vivirla conforme al Evangelio.

5. A muchos se les hace hoy difícil la aceptación de Jesús de Nazaret como Hijo de Dios, porque muchas de las imágenes que circulan sobre Jesús y que se hacen pasar por científicas sin serlo, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona (cf. Benedicto XVI, Mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011, 4, Vaticano, 6 agosto 2010). Es más difícil creer en una imagen falsa de Jesucristo, que creer en la verdadera y auténtica persona de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios.

También los apóstoles tuvieron que purificar su imagen de Jesús; Él mismo, apareciéndose a los discípulos, dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27).

Los cristianos necesitamos formarnos en la fe, que nos permita dar razón de la misma, como dice la carta de Pedro (cf. 1 Pe 3, 15); necesitamos purificar nuestra idea de Dios, ajustándola a la revelación y a la fe de la Iglesia. Debemos adquirir una fe madura y sólida, como la de la Virgen, que exige el ejercicio de las virtudes teologales y morales. Y tenemos también la responsabilidad de educar a las nuevas generaciones en el seguimiento de Jesucristo.

6. La Virgen María y su esposo José supieron aceptar la voluntad de Dios, como hemos escuchado en el Evangelio de hoy (cf. Mt 1, 18-23). Su fe en Dios envolvió toda su vida, transformándola y enriqueciéndola.  Nosotros vivimos en una cultura que “tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio (…), se constata una especie de ‘eclipse de Dios’, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza”a los cristianos (Benedicto XVI, Mensajepara la XXVI Jornada Mundial de la Juventud-2011, 1, Vaticano, 6 agosto 2010).

Hoy el cristiano a menudo se encuentra con que vive la fe en Dios en un contexto de “olvido de Dios”, en una especie de “eclipse del sentido de Dios”, en un laicismo difundido, que elimina a Dios de la vida pública. Dado que Dios es la fuente de la vida, sin una referencia constante y consciente a su Creador, el hombre pierde su dignidad e identidad.

En este tiempo, pues, queridos fieles, en que nos ha tocado vivir, Santa María de la Victoria nos invita a interiorizar la vivencia cristiana como algo fundamental en nuestra vida. María, mujer de fe, arraigada en Cristo, nos anima a vivir como Ella en manos de Dios. ¡Fiémonos de Dios! ¡Pongamos nuestra vida en sus manos! La fe no se reduce a un simple aspecto noético; la fe abarca la vida entera del creyente y toca todas sus dimensiones.

¡Queridos cofrades, devotos de Santa María y fieles todos, vivid la presencia de Dios en vuestra vida, a ejemplo de la Virgen, como lo más fundamental y esencial! Lo demás se os dará por añadidura, como ha prometido el Señor (cf. Mt 6, 33).

Pedimos hoy a Santa María de la Victoria, en su fiesta, que interceda por todos nosotros, para que vivamos arraigados en Cristo, firmes en la fe; y para que sepamos dar testimonio coherente de esta fe, del amor a Dios y de la esperanza cristiana en nuestra sociedad.

Amén.

Autor: diocesismalaga.es

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