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50 aniversario de la Asociación Misioneros de la Esperanza-MIES (Parroquia de Santa María de la Amargura-Málaga)

Publicado: 14/09/2013: 4737

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el 50 aniversario de la Asociación Misioneros de la Esperanza-MIES (Parroquia de Santa María de la Amargura-Málaga) celebrado el 14 de septiembre de 2013.

CINCUENTA ANIVERSARIO DE LA ASOCIACIÓN

MISIONEROS DE LA ESPERANZA (MIES)

(Parroquia de Santa María de la Amargura-Málaga, 14 septiembre 2013)

 

Lecturas: Nm 21,4b-9; Flp 2,6-11; Sal 77; Jn 3,13-17.

 

1. Un saludo fraternal a mis hermanos sacerdotes, presentes en buen número; y a todos vosotros, queridos miembros de la Asociación MIES, mi cordial saludo, mi cercanía y mi afecto. Celebramos hoy el cincuenta aniversario de la creación en Málaga de la Asociación de fieles Misioneros de la Esperanza; y venimos a dar gracias a Dios por ello; esto es muy importante.  En el artículo décimo de los Estatutos, al explicar los rasgos de la espiritualidad de MIES, se describe el primero de ellos como la dimensión cristocéntrica: “Que empuja al amor y a la configuración con Cristo muerto y resucitado, y que lleva a unas relaciones interpersonales profundas, cada vez más ín­timas, con el mismo Señor Jesús”.

         Precisamente estamos celebrando el Año de la Fe, en el que el papa Benedicto XVI nos invitaba a “redescubrir el camino de la fe, para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo” (Porta fidei, 2). Es fundamental el encuentro con el Señor. El Año de la fe pretende una renovada conversión al Señor Jesús y un redescubrimiento de la fe, de modo que todos los miembros de la Iglesia sean para el mundo actual testigos gozosos y convincentes del Señor Resucitado, capaces de señalar la “puerta de la fe” a cuantos están en búsqueda de la verdad  (cf. Porta fidei, 7). Este rasgo de vuestra espiritualidad es, al mismo tiempo, un objetivo de vuestra misión.

2. La configuración con Cristo es la tarea más importante de todo cristiano y, naturalmente, de los miembros de MIES. El cristiano ha recibido la vida de Dios en el Bautismo y por ello se convierte en otro Cristo, llamado a crecer en la identificación con él, hasta poder decir, como san Pablo: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mi” (Gal 2, 20). Poder decir esta frase implica un largo camino recorrido; tener el mismo estilo de Cristo, pensar como Cristo, amar como Cristo significa mucho; y a eso estamos llamados. La gracia bautismal inunda y trasforma el corazón del cristiano, que está llamado a identificarse con Cristo, a reproducir lo más fielmente posible su figura, grabada en su alma por el Bautismo. De ahí la invitación del Apóstol: “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús” (Flp 2, 11). No hemos de buscar nuestra voluntad, ni nuestros proyectos, nuestros gustos o deseos. Hemos de ponernos en la escuela del discipulado de Jesús, para que sea él nuestro modelo y maestro.  La fe que nace como respuesta a la Palabra revelada, sembrada en el corazón; está llamada a plasmar, a modelar, a configurar toda nuestra existencia, según el modelo y la figura de Cristo; eso es “configurarse” a Cristo.

        Jesucristo es la Vida, que necesitan todos los hombres, como dice el apóstol Juan: «Para que todo el que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3,15). 2. La configuración con Cristo es la tarea más importante de los miembros de MIES. Cristo es el estandarte de salvación: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre» (Jn 3,14); así hemos leído en esta fiesta de la exaltación de la Cruz. Dios-Padre entregó a su Hijo para la salvación de la humanidad: «Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

3. Otro rasgo de la espiritualidad de MIES es la devoción mariana: “Amor a María, Madre de la Iglesia, y propagación de su devoción, bien formada, orientada y con manifesta­ciones sencillas y populares”. Me ha alegrado, al entrar en el templo, ver que estabais rezando el santo Rosario.

        El sacerdote diocesano de Málaga, Diego Ernesto Wilson, fundador de MIES, a quien muchos conocisteis, tuvo un gran amor a la Virgen. Nacido en Sevilla en 1929; vino con su familia a Málaga, en 1933. A los 18 años ingresó en el Seminario Diocesano de Málaga. Y en 1956 recibió la ordenación sacerdotal en la Catedral de Málaga de manos del Obispo Auxiliar Mons. Emilio Benavent.

        Todo lo relativo a la Obra MIES empezó a concretarse el 12 de octubre de 1956, festividad de NªSª del Pilar, mientras celebraba su primera Misa solemne en Sevilla; ese fue un momento de inspiración. El P. Diego Ernesto se dio cuenta de dos grandes realidades: María, La Virgen, necesitaba ser amada por los jóvenes y niños y ser consolada en su pena; y a su vez, los jóvenes y niños necesitaban de la Madre, para resucitar a la vida cristiana y ser conducidos a su Hijo Jesús, para configurarse con él. El Obispo le envió como coadjutor a la Parroquia de Santa María de la Amargura, en junio de 1957; por eso celebramos hoy la acción de gracias a Dios en esta parroquia. Aquí se dedicó a la pastoral con niños, formando un grupo de “Cruzados Eucarísticos”, cuyas consignas eran "Ora, comulga, sacrifícate y sé apóstol".

         La fundación de MIES tuvo lugar en esta Parroquia Santa María de la Amargura, de forma privada, en 1963. Y entre 1963 y 1967 se fraguó la Obra que se llamaría posteriormente Misioneros de la Esperanza. También marcaron la espiritualidad mariana de la Asociación las peregrinaciones a Sevilla, a los pies de la imagen de la Virgen de la Esperanza Macarena. Supongo que la mayoría de vosotros habréis peregrinado allí

4. La dimensión Eucarística formará parte también de la espiritualidad de MIES como “verdadera celebración gozosa de la fe en el Misterio de Cristo y, al mismo tiempo, centro y vida de las comunidades. Amor contemplativo a Cristo en el Sagrario”.

        La celebración de la pascua semanal, que actualiza el misterio de la muerte y resurrección del Señor, es la fuente de energía de la que debe nutrirse todo cristiano, como dice el Concilio Vaticano II: “Por la sagrada Eucaristía se comunica y se nutre aquel amor hacia Dios y hacia los hombres, que es el alma de todo apostolado” (Lumen gentium, 33). De ese modo el cristiano puede “aplicarse de una manera constante a la oración, a la abnegación de sí mismo, a un fraterno y solícito servicio de los demás y al ejercicio de todas las virtudes” (Lumen gentium, 42).   Los fines de la Asociación MIES, además de promover la devoción mariana, se concretan en: 1) “La búsqueda de la perfección cristiana, mediante la vivencia radical de los consejos evangélicos”; 2) “La acción apostólica con niños y jóvenes, orientándolos hacia un cristianismo comprometido y comunitario”; y 3) “La liberación integral de las personas desde la no-violencia evangélica”. Toda esta acción apostólica solo puede mantenerse con el alimento eucarístico. No podemos realizar el apostolado si no nos nutrimos de la Eucaristía y de la Palabra de Dios.

        La espiritualidad de MIES debe ser profundamente evangélica, de suerte que pueda desarrollar en cada uno de sus miembros una vivencia plena de  los  consejos evangélicos, que algunos de vosotros abrazáis de forma consagrada y otros con una vivencia interna.

5. El cuarto rasgo de la espiritualidad de MIES es el sentido de Iglesia: “Fidelidad a los Pastores de la Iglesia y a su ma­gisterio. Unión especial con el propio Obispo. También con las comunidades eclesiales. MIES fomentará entre sus miembros una actitud constructiva, participativa y corresponsable en toda la tarea pastoral de la Iglesia. Promoverá la unidad eclesial con espíritu ecuménico. MIES acoge fielmente las enseñanzas del magisterio de la Iglesia”.El P. Diego Ernesto vivió la dimensión eclesial desde la obediencia sacerdotal, aceptando la voluntad de Dios, manifestada a través de los pastores de la Iglesia.

         Puso siempre su obra al discernimiento y a la aprobación de la jerarquía eclesiástica. La obra apostólica fue recorriendo, como bien sabéis, las diversas etapas, propias de todo organismo eclesial vivo: Inicialmente, en 1963, nació como una asociación privada de fieles. En 1970 es constituida como “Pía Unión”, figura jurídica canónica que mejor se adaptaba en aquellos momentos a las características de MIES. La aprobación de los nuevos textos de Estatutos lo hizo Mons. Ramón Buxarrais, entonces Obispo de Málaga, en 1979. Y en 1982 la Conferencia Episcopal Española aprobaba MIES como Asociación pública de fieles. En estos cincuenta años MIES ha ido creciendo, desde ser una pequeña planta hasta desarrollarse como árbol, siempre en fidelidad a los pastores de la Iglesia.

         ¡Queridos “Misioneros de la Esperanza”, mantened siempre este espíritu eclesial, que heredasteis de vuestro Fundador! No lo perdáis, porque os iríais por otros derroteros, distintos a los que Dios quiere.

6. Debemos hoy un recuerdo agradecido a cuantas personas pusieron ilusión, amor y esfuerzo, para que, desde el principio, el frágil retoño de una asociación privada se convirtiera en un gran árbol frondoso, que hoy es la Asociación de Misioneros de la Esperanza, presente en varias comunidades de nuestra Diócesis y en otras diócesis, tanto en el territorio nacional como en otros continentes.  Recordamos a quienes partieron ya hacia la Casa del Padre y le pedimos al Señor que les conceda la felicidad, que tanto anhelaron.  Son muchas las personas de diversa edad, condición y estado de vida (niños, jóvenes, hombres, mujeres, matrimonios, sacerdotes, célibes), que están unidas al carisma fundacional y que les ayuda a vivir su fe. Por todos ellos rogamos a Dios, para que los vaya transformado a imagen de su Hijo, cuya exaltación en la Cruz celebra hoy la liturgia de la Iglesia.

        Este Aniversario de MIES se celebra en el marco del Año de la Fe y del Año Jubilar Macareno, en honor de la patrona de la Asociación, la Virgen de la Esperanza Macarena. Nos encomendamos a la poderosa protección de la Virgen de la Esperanza Macarena; a la de los santos patronos de MIES: San Juan Evangelis­ta y santa Teresa del Niño Jesús; y a la intercesión de los mentores de su espiritualidad: san Francisco de Asís, san Juan Bosco y el Beato Carlos de Foucauld.

        ¡Que Dios os bendiga a todos y os configure cada vez más con su Hijo Jesucristo! ¡Y que la Virgen María os proteja con su maternal intercesión y os acompañe siempre en vuestro caminar! Amén.

Autor: diocesismalaga.es

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