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Jornada por la Familia y por la Vida (Catedral-Málaga)

Recién casados malagueños con el papa Francisco
Publicado: 28/12/2014: 7083

Mons. Catalá en la homilía pronunciada en la Eucaristía celebrada en la Catedral de Málaga con motivo de la Jornada por la familia y por la vida ha señalado que «los cristianos estamos llamados a vivir según la novedad evangélica; y no según las costumbres de cada época o cultura».

JORNADA POR LA FAMILIA Y POR LA VIDA
(Catedral-Málaga, 27 diciembre 2014)

Lecturas: Eclo 3, 2-6.12-14; Sal 127, 1-5; Col 3, 12-21; Lc 2, 22-40.

 

1. Celebramos hoy con gran gozo la fiesta litúrgica de la Sagrada Familia, que es modelo de toda familia cristiana y humana. El Hijo de Diosse hizo hombre y asumió nuestra naturaleza para sanarla y divinizarla;y quiso nacer y vivir en una familia formada por María y José. En el ambiente de esta familia «el niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él» (Lc 2, 40).  La Sagrada Familia es el referente de toda familia humana. Existen otras formas de unión entre personas, permitidas por diversas legislaciones, que no son conformes a la verdad del hombre, que Jesucristo nos ha revelado. Como nos enseña el Concilio Vaticano II: “El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (…). Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (Gaudium et spes, 22).

2. Antes de la venida de Cristo al mundo existían múltiples formas de uniones entre personas, muchas de las cuales expresaban la prepotencia de una persona sobre la otra, o el simple uso instrumental del otro. Con la revelación de Jesucristo quedan abolidas las formas degradantes y enaltecida la unión entre un solo varón y una sola mujer, entregados mutuamente con un amor exclusivo y eterno y abiertos a la procreación. Ésta es la única familia que el Señor quiere. Algunas legislaciones actuales de diversos países no contemplan esta forma única de familia. El cristiano no puede obligar a los no creyentes a aceptar el modelo que él profesa; pero tampoco debe promover los otros modelos, que van contra su fe. 

Ha habido un cambio sustancial en la legislación española, que afecta gravemente a la familia, y que ha sido promovido por la “ideología de género”. Con la utilización del término “progenitor” en lugar de “padre o madre”, “esposo o esposa”, esta ideología pretende impregnar todo el ámbito social; se trata de una cultura que no genera viday que tiene una tendencia cada vez más acentuada de convertirse en una cultura de muerte; así lo expresamos los obispos españoles en el año 2012 (cf. Conferencia Episcopal Española, La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar, 2; 57-58. 26.04.2012).

3. El libro del Eclesiástico nos ha recordado que «quien respete a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor» (Eclo 3, 6). Según el pensamiento cristiano todo ser humano necesita un padre y una madre. La ciencia y la técnica pueden proporcionar otras formas de reproducción humana, pero no están en consonancia con el evangelio de la vida. Los cristianos estamos llamados a vivir según la novedad evangélica; y no según las costumbres de cada época o cultura. Así lo enseña el Concilio: “El hombre cristiano, conformado con la imagen del Hijo, que es el Primogénito entre muchos hermanos, recibe las primicias del Espíritu (Rm 8,23), las cuales le capacitan para cumplir la ley nueva del amor” (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 22).

Es posible, por tanto, desde la fe y el amor cristianos, que los esposos vivan juntos toda una vida. Si nuestros mayores lo han vivido; ¿por qué no puede ser posible actualmente?  El padre y la madre deben ser amados y respetados, según hemos escuchado en el libro del Eclesiástico: «Cuida de tu padre en su vejez, y durante su vida no le causes tristeza. Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor» (Eclo 3, 12-13). Ésta es una exhortación muy actual, en una sociedad en la que no siempre se respeta y se ama al padre y a la madre.

4. El papa Francisco, en su exhortación apostólica Evangelii gaudium, nos recuerda que la familia es “la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos” (N. 66). Para la transmisión de la fe es necesario un testimonio vivo, gozoso, impregnado de esperanza y caridad. La fe, queridos fieles, no es un simple conocimiento intelectual, que se transmite como una materia escolar; es, más bien, un don de Dios, que se recibe gratuitamente y se acoge como el amor. Me gusta comparar mucho la fe y el amor; son dos virtudes teologales que van unidas.

La misión de los padres en la transmisión de la fe es insustituible y no se puede delegar, al igual que no se delega la transmisión de la vida. Son los esposos quienes tienen que transmitirla personalmente, sin encargar a nadie que la transmita en su nombre. Como nos exhorta san Pablo, hay que crear un ambiente propicio, donde se transmita y se celebre la fe. Dice san Pablo a los Colosenses: «La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados» (Col 3, 16). Esto indica que la transmisión de la fe no es una simple comunicación de conocimientos.

5. En esta fiesta de la Sagrada Familia animamos a todas las familias cristianas a vivir la alegría del Evangelio de la Familia; a gozar de la bondad de toda vida humana; a recrearse en la belleza de la familia, como nos animaba el papa Benedicto XVI, quien nos decía: “Cristo necesita familias para recordar al mundo la dignidad del amor humano y la belleza de la vida familiar” (Benedicto XVI, Discurso en la vigilia de Hyde Park, 18.09.2010).

A los jóvenes de hoy les faltan modelos, para que puedan apreciar la belleza y hermosura del matrimonio y de la familia; y esperan de vosotros, queridos cristianos, que les ofrezcáis el gozo y la belleza de vivir en familia.  Todos estamos llamados vivir la vocación al amor, a ser testigos del mismo amor, a transmitir la alegría de la familia, siendo fermento de una cultura renovada, que defiende el amor y la vida familiar verdadera. En esta fiesta de la Sagrada Familia pedimos la gracia de experimentar la alegría del evangelio de la familia y ser testigos de esta alegría en los hogares, en la Iglesia y en la sociedad.

¡Que la Virgen María, Madre y Esposa, interceda por todos nosotros y acompañe a todas las familias en su hermosa tarea de ser hogares de amor, lugares de comunión, cenáculos de oración y auténticas escuelas del Evangelio! Amén.

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