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Visita Pastoral a Ntra. Sra. de la Rosa (Cerralba)

Publicado: 01/02/2015: 7830

VISITA PASTORAL
A LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ROSA
(Cerralba, 1 febrero 2015)

Lecturas: Dt 18, 15-20; Sal 94, 1-9; 1 Co 7, 32-35; Mc 1, 21-28.
(Domingo Ordinario IV-B)

Profetas de Dios

1. El Señor suscita en medio de su pueblo un profeta, que hable en su nombre: «El Señor, tu Dios, te suscitará de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un profeta como yo» (Dt 18, 15).
El pueblo de Israel tenía miedo de ver el rostro de Dios y escuchar en directo su voz: «Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb el día de la asamblea: No quiero volver a escuchar la voz del Señor mi Dios, ni quiero ver más ese gran fuego, para no morir» (Dt 18, 16).
Dios, en su Hijo Jesucristo, se ha acercado a los hombres hablando su mismo lenguaje y compartiendo su existencia. El misterio de Dios se ha revelado en la persona de Cristo, en su rostro y en sus actitudes.
No hay que tener miedo de la Palabra de Dios. Ella ilumina la existencia del hombre, es palabra viva y eficaz; es palabra salvadora.
Conviene que abramos nuestros oídos y nuestro corazón para escuchar y acoger la Palabra de Dios. No se trata meramente de contenidos y normas; se trata de acoger a la Persona de Jesucristo, que es el Verbo de Dios (cf. Jn 1, 1.14).
Como hemos rezado en al Salmo, ojalá escuchemos hoy la voz del Señor, sin endurecer nuestro corazón (Sal 94, 1-9). Para percibir lo que Dios habla al corazón es necesario estar atentos y abrir los oídos; Dios puede revelarte su voluntad en cualquier momento.

2. El profeta de Dios recibe la palabra inspirada para comunicarla a sus hermanos: «Pondré mis palabras en su boca, y les dirá todo lo que yo le mande» (Dt 18, 18).
El profeta no debe inventarse lo que tiene que comunicar a sus hermanos. No debe anunciar lo que no haya recibido: «El profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá» (Dt 18, 20). El profeta debe ser veraz y fiel al mensaje que Dios le comunica. Si inventa los mensajes, lo pagará con su vida.
Los cristianos somos testigos ante los hombres del amor de Dios. Nuestro testimonio debe ser veraz; debemos anunciar el Evangelio de Cristo, sin cambiarlo ni manipularlo.

3. Dios pide cuentas a los oyentes de las palabras pronunciadas por sus profetas: «Yo mismo pediré cuentas a quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre» (Dt 18, 19).
¡Cuántas personas se excusan de acoger las palabras que Dios les dirige a través de sus profetas! ¡Cuántas personas hacen caso omiso de las palabras recibidas de Dios!
Incluso algunos que se llaman a sí mismos “cristianos” rehúyen aceptar las enseñanzas de la Iglesia y siguen las modas sociales, aunque vayan en contra de lo que Dios nos enseña.
Hay quienes rechazan la enseñanza divina al rechazar al mensajero. Los testigos de la fe, padres, catequistas, sacerdotes, somos pecadores como todos. Os pido mayor comprensión con ellos; tenemos las mismas debilidades y pecados que cualquier otro ser humano. El sacerdote y todo el que anuncia la Buena Nueva no es un ángel, sino un profeta y ministro de Dios, redimido y perdonado. 
No rechacemos la enseñanza del único y gran Maestro Jesús, aunque nos llegue a través de hombres pecadores como nosotros.

4. En la sinagoga de Cafarnaún Jesús enseña con autoridad: «Estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas» (Mc 1, 22). Jesús hablaba con autoridad porque vivía el mensaje que transmitía; en su palabra la Ley y los Profetas adquieren plenitud de sentido. El lenguaje de Jesús es el lenguaje de la verdad, de la sinceridad, de la sencillez. Es un lenguaje sin ambigüedades, ni distorsiones.
Con su poder Jesús expulsa un espíritu inmundo (cf. Mc 1, 23), que al salir del poseído exclama: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios» (Mc 1, 24). El espíritu inmundo confiesa la divinidad de Jesús.
Las expulsiones de demonios por parte de Jesús son manifestaciones de su divinidad. El Reino de Dios es más fuerte que el poder del diablo.
La afirmación de Jesús como Santo de Dios equivalente a la de Hijo de Dios o Mesías (cf. Jn 6, 69; Mc 8, 29). La autoridad de Jesús, que se manifiesta en su forma de hablar y en su doctrina, queda confirmada con el testimonio del espíritu maligno, que siente también el peso de la Palabra del Mesías.

5. La Visita Pastoral, como supongo que ya os habrá explicado vuestro párroco, pretende un encuentro más cercano entre el Pastor de la Diócesis y los fieles.
Juntos reflexionamos sobre la marcha de la comunidad parroquial, sobre la misión evangelizadora y la formación en la fe de las nuevas generaciones, sobre los retos que la sociedad nos plantea.
Revisamos cómo llevamos adelante las tareas eclesiales: celebraciones litúrgicas, anuncio del Evangelio, vida de fe y de amor, acción caritativa.

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