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Encuentro de centros de orientación familiar (COF) de Andalucía (Casa diocesana-Málaga)

Publicado: 12/04/2015: 8558

ENCUENTRO DE CENTROS DE ORIENTACIÓN FAMILIAR (COF) DE ANDALUCÍA (Casa diocesana-Málaga)

Lecturas: Hch 4, 32-35; Sal 117; 1 Jn 5, 1-6; Jn 20, 19-31. 

(Domingo Pascua II-B)

Tiempos nuevos de misericordia

1. En el año 2000 el papa Juan Pablo II canonizó a la religiosa polaca María Faustina Kowalska, fallecida en 1938, y determinó que, a partir de aquella fecha, en el domingo segundo de Pascua se celebrara la fiesta de la “Divina Misericordia”.

Ser “miseri-cordioso” significa tener un corazón (cordis) que perdona (misereor) y tiene compasión, porque ama. Así es Dios: amor infinito, perdón pleno, compasión divina. Dios perdona y olvida; sin embargo, muchas personas dicen que “perdonan, pero no olvidan”; quien diga esto, en realidad no perdona. Perdonar es propio de Dios; cuando una persona perdona, se asemeja a Dios.

Cuando Dios perdona, “borra” los pecados. Así se lo pedimos al Señor: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado… Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa» (Sal 50, 3-4.11). Dios perdona y olvida.

Pidamos al Señor que nos ayude a recibir la misericordia divina; y al mismo tiempo a ser “miseri-cordiosos”; es decir, tener un corazón que sabe perdonar y compadecerse. Así lo dice san Juan en su primera carta: «Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor» (1 Jn 4, 7-8). Quien no perdona, no ha conocido a Dios; quien no es misericordioso, no conoce a Dios.

Hemos proclamado en el Sal 117 la misericordia de Dios: Dad gracias al Señor porque es bueno; porque es eterna su misericordia.

2. Existe una relación intrínseca entre la misericordia de Dios y el misterio pascual de Cristo. En la Pascua de Cristo celebramos los misterios de la muerte y de la resurrección del Señor, que son expresión histórica, real y concreta, de la misericordia divina y del amor infinito de Dios a los hombres: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16; cf. Flp 2, 5-11). “Obras son amores”, dice el refranero español.

El amor misericordioso de Dios al hombre fue la causa de la encarnación, de la muerte y de la resurrección de Cristo, que constituyen el modo divino por el cual Dios ha querido salvar a la humanidad.

Por ello el Papa Juan Pablo II quiso elegir el segundo domingo de Pascua de Resurrección como la fecha para celebrar esta fiesta de la misericordia.

Y el papa Francisco nos acaba de anunciar un Año Extraordinario de la Misericordia, que irá desde el día 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción, hasta la fiesta de Cristo Rey de 2016. El título de la Bula es: “Misericordiae vultus”, es decir, el rostro de la misericordia de Dios; Jesucristo es el rostro misericordioso de Dios. Con la encarnación, muerte y resurrección de Cristo nos llega de forma palpable, concreta, la misericordia de Dios. El papa Francisco nos invita a prepararnos ya para este Año Jubilar.

3. La misericordia de Dios al hombre exige internamente el mandamiento del amor al prójimo: «Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios» (1 Jn 4, 7-8).

El verdadero amor implica la donación de sí mismo al otro. El amor llega a ser pleno cuando la persona sale de sí misma hacia otra persona que le necesita; hacia el próximo; o hacia el lejano, pero que es un ser humano. Jesucristo ofreció su vida por todos los hombres en oblación total de sí mismo, rebajándose en forma de hombre. Como dice Pablo en su carta: «Se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres» (Flp 2, 7); y amando a los suyos hasta el extremo (cf. Jn 13, 1).

Dios ha amado a los hombres con amor de misericordia, perdonando sus infidelidades, invitándoles a volver a Él, acogiéndolos en su regazo. Así lo ha expresado Jesús de Nazaret en las llamadas “parábolas de la misericordia”: el “buen samaritano (Lc 10, 29-37); el “hijo pródigo” (Lc 15, 11-31); la “oveja perdida” (Lc 15, 3-7). Dios es misericordioso con nosotros y nos invita a aceptar su misericordia y a ser misericordiosos con los demás.

4. Estáis celebrando un encuentro de Centros de Orientación Familiar (COF) de Andalucía.

Sois voluntarios que acuden a ayudar a familias en dificultad, en situación de separación o de quiebra interior. Vuestra motivación arranca de la fe que profesáis en Jesucristo resucitado; no es simple altruismo o una asociación pagana. Vuestros centros están basados en la misericordia de Dios.

El lema que habéis elegido para vuestro encuentro es Nuevos tiempos, nuevos retos. Jesucristo es quien ha inaugurado los tiempos nuevos. Solo él ha abierto un tiempo nuevo para la humanidad; y no solo para la Iglesia. Su encarnación, muerte y resurrección han inaugurado tiempos nuevos. No caben nuevos tiempos y nuevos retos sin Jesucristo. Hay dirigentes, políticos, hombres de negocios, gente con mucha influencia en los medios, que no mejorarán la sociedad a base de sus ideologías; no habrá tiempos nuevos con sus presupuestos. Estamos hartos de verificar en la historia, incluso reciente, que ha habido gente que quería cambiar el mundo y lo que han hecho ha sido “destruir”.

Esta mañana el papa Francisco ha celebrado en el Vaticano, con la presencia de fieles cristianos representantes de Armenia, el centenario del genocidio de un millón y medio de cristianos armenios por parte de los otomanos; un millón y medio asesinados por ser cristianos.

Pero en pleno siglo XXI asistimos al asesinato de centenares de cristianos por parte de musulmanes. Esta gente no cambia el mundo, sino que lo destruye. Las ideologías no crean ningún mundo nuevo; más bien arrasan y aniquilan. Los tiempos nuevos vienen por Jesucristo y por sus seguidores.

5. Un tema de vuestra reflexión en este encuentro ha sido analizar la familia y pedirle que sea lo que es. Pero la familia no es lo que dicen ciertas leyes, inventadas por los políticos de turno. Lo que programan las leyes humanas sobre la familia, puede estar en sintonía con el proyecto de Dios o de espaldas al mismo.

La familia es lo que es cuando asume el proyecto de Dios desde el inicio de los tiempos; esto es, el proyecto de Dios para la familia. Ese proyecto implica vivir la unión familiar y la indisolubilidad; supone también ser fuente de vida, tal como propone el autor de la creación. El autor que creó al ser humano como hombre y mujer, proyectó que la familia fuera fuente de vida.

También habéis reflexionado sobre la familia como agente de nueva evangelización. Anunciar la resurrección del Señor Jesús fue la misión de los apóstoles y discípulos; y es la misión de todo cristiano; y es también la misión de la familia cristiana.

El libro de los Hechos nos ha recordado: «El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común» (Hch 4, 32). Se nos invita a vivir en comunión con nuestros hermanos.

Y también a dar testimonio de la resurrección: «Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor» (Hch 4, 33).

Quiero agradecer el trabajo que realizáis; le entrega de vuestro tiempo, vuestra dedicación y vuestra ilusión. ¡Ayudad a las familias en dificultad! ¡Ayudad también a las nuevas generaciones a que descubran la belleza de la familia, tal como aparece en el proyecto de Dios!

Le pedimos a la Virgen que nos asista en nuestra tarea. Y que nos ayude a dar gracias a Dios por la familia cristiana en la que nos hemos criado; a valorar cada día más la familia verdadera y ayudar a otros en este sentido. Amén.

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