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Bautismo del Señor y administración del sacramento del Bautismo (Catedral-Málaga)

Publicado: 10/01/2016: 9027

BAUTISMO DEL SEÑOR Y

ADMINISTRACIÓN DEL SACRAMENTO DEL BAUTISMO

(Catedral-Málaga, 10 enero 2016)

Lecturas: Is 40, 1-5.9-11; Sal 103, 1-6.10-12.24.35; Tit 2, 11-14; 3, 4-7; Lc 3, 15-16.21-22.

Regenerados por la misericordia de Dios

1. Querido Sr. Cardenal, D. Fernando, de cuyo nombramiento concurren dos años en esta misma celebración; sacerdotes y ministros del altar; padres, padrinos y familia de los dos niños bautizandos. Habéis pedido al inicio de la celebración en la puerta del templo la fe para vuestros hijos; la fe, que les va a dar la Iglesia como don de Dios; habéis pedido el bautismo, que les va a convertir en “hijos de Dios”.

Hoy debe ser un día memorable para ellos y para vuestras familias. Tenemos la costumbre de celebrar el “cumpleaños”, pero no tanto el bautismo. Os animo a las familias cristianas a que tengáis presente el día del bautismo de vuestros hijos; porque es un “segundo nacimiento”; es un renacer a la vida divina.

2. En el relato del evangelio de san Lucas, que hemos escuchado, se presenta Jesús de Nazaret ante Juan el Bautista, para ser bautizado como uno más entre la gente. Entonces se abrieron los cielos y «bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco» (Lc 3, 22).

Ante la expectación del pueblo judío sobre la venida del Mesías, Juan respondió: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego» (Lc 3, 16). El bautismo de Juan era de conversión; pero el bautismo de Jesús es de vida eterna, que renueva, salva y perdona los pecados. Esto es lo que vais a regalar a vuestros hijos a través de la Iglesia.

Estamos inmersos en la celebración del Jubileo de la Misericordia, que el papa Francisco ha tenido a bien otorgar a toda la Iglesia. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre y la plenitud de la revelación de su amor.

Como dice el papa Francisco: “El Padre, «rico en misericordia» (Ef 2, 4), después de haber revelado su nombre a Moisés como «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34, 6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la «plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cf. Jn 14, 9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios” (Misericordiae vultus, 1).

3. El apóstol Pablo nos explica en su carta a Tito que con la venida de Jesús «se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tit 2, 11).

Los bautizados en Cristo son regenerados, gozan de una nueva vida, «sobria, justa y piadosa» (Tit 2, 12), y deben renunciar al estilo de vida de los paganos. Se trata de vivir la relación filial con Dios-Padre, aceptando su voluntad, acogiendo a Jesucristo, Verbo encarnado, y dejándose transformar por el Espíritu Santo. Todo esto es lo que debéis enseñar a vuestros hijos; ayudarles a que lo vivan así.

El bautizado entra en relación personal con la Trinidad, a quien adora, alaba, da gracias, pide perdón y constituye el centro de su vida.

Por el bautismo, nuevo nacimiento, somos regenerados por la misericordia de Dios, manifestada en Jesucristo, salvador y redentor nuestro, «el cual se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado enteramente a las buenas obras» (Tit 2, 14). Y somos renovados por el Espíritu Santo (cf. Tit 3, 5), para recibir la herencia de la vida eterna (cf. Tit 3, 7).

Con el bautismo se les va a sembrar a vuestros hijos la semilla de inmortalidad; una semilla que irá creciendo hasta el momento de atravesar la puerta de la eternidad con la muerte temporal. Esa semilla quedará sembrada para siempre y no se puede arrancar ni quitar, marcando a vuestros hijos para siempre.

El papa Francisco nos invita a contemplar el misterio de la misericordia. Vuestros hijos van a recibir la misericordia divina; van a ser perdonados del pecado original. Cuando el bautizando es adulto se le perdonan también todos los pecados, que haya cometido en su vida.

El bautismo es una celebración de la misericordia de Dios. Recordad que bautizáis a vuestros hijos en el año del Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

La misericordia, como dice el Papa: “Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado (Misericordiae vultus, 2).

4. Queridos padres, que venís a bautizar hoy a vuestros hijos. ¡Enhorabuena por este hermoso don, que ahora les ofrecéis! Después de darles la vida, es el mejor regalo que podéis otorgarles. Conviene bautizar a los niños en su tierna infancia, sin demorar este precioso sacramento.

El agua bautismal es agua de salvación, que otorga el don del Espíritu Santo, que salta hasta la vida eterna, como dijo Jesús a la samaritana (cf. Jn 4, 14); es semilla de inmortalidad y antídoto contra el mal y contra el pecado. Con el bautismo dotáis a vuestros hijos de la fuerza divina para vencer el mal.

¡Educad a vuestros hijos en el amor de Dios! ¡Anunciadles la Buena Nueva de Jesucristo! ¡Enseñadles la Palabra de Vida, que es Cristo! ¡Indicadles el verdadero camino de la felicidad, que es el mismo Cristo, Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14, 6)! ¡Enseñadles a vuestros hijos el camino de la Vida eterna, del amor, del perdón, de la paz, de la fe, de la esperanza cristiana! La verdadera felicidad está en Cristo; y no en las cosas que nos propone la sociedad. Sin Cristo no hay felicidad verdadera, ni hay verdad auténtica; sin Él caminamos a oscuras y a tientas, tropezando, cayendo, haciéndonos daño.

5. El día de nuestro bautismo comenzó una nueva etapa en nuestra vida: Dios nos adoptó como hijos y nos hizo partícipes de su divinidad. Hoy comienza para estos niños una nueva etapa en su vida: son hechos hijos de Dios e incorporados a la comunidad eclesial. Pasan de la muerte del pecado a la vida del Espíritu; salen de las tinieblas a la Luz de Cristo; inician una nueva vida de gracia.

La Iglesia nos invita hoy a los ya bautizados a renovar nuestro bautismo. Hagamos profesión de nuestra fe.

Queridos padres, padrinos y familiares, os animo a que acudáis al Santuario de Santa María de la Victoria, Patrona de la Diócesis, para presentar a la Virgen a vuestros hijos y ponerlos bajo su manto protector. Es un gesto hermoso.

Pedimos a la Santísima Virgen María que acompañe a estos niños en la nueva vida, que hoy comienzan; y que los cuide con su maternal intercesión. Y a nosotros nos ayude a revivir el bautismo y a ser fieles a nuestro compromiso bautismal. Amén.

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