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Jornada sacerdotal diocesana. Encuentro Presbiterio-Seminario (Casa Diocesana-Málaga)

Publicado: 21/01/2016: 6561

JORNADA SACERDOTAL DIOCESANA.

ENCUENTRO PRESBITERIO-SEMINARIO

(Casa Diocesana-Málaga, 21 enero 2016)

Lectura: Gal 5, 13-14.

1. Queridos hermanos presbíteros, diáconos y seminaristas. El Señor nos convoca en este Encuentro del Presbiterio con el Seminario, para darle gracias a Dios por nuestra vocación. Una vocación, como hemos escuchado en la lectura breve, a la libertad. Esa libertad no es para hacer lo que a uno le viene en gana; no es una libertad para la carne, para hacer lo que uno quiera, sino una libertad para el amor. Es un donarse al otro, como dice el final del breve texto: ser esclavos unos de otros por amor (cf. Gal 5, 13).

Nos cuesta, a veces, entregarnos y ser esclavos; es decir, ser servidores del pueblo fiel, en la tarea que nos ha encomendado el Señor. En ocasiones no resulta fácil, porque nuestro “ego” es muy fuerte y quizás nos buscamos más a nosotros mismos que al servicio al otro.

2. Deseo detenerme en tres palabras: libertad, formación y testimonio. En cuanto a la “libertad”, el ministerio sacerdotal implica una gran libertad, pero una libertad para darse; una libertad para servir, para ser esclavo. Le pedimos al Señor que nos ayude y nos animamos en este servicio libremente asumido.

El presbiterio diocesano goza en repetir la frase atribuida al beato D. Manuel González: “Servir a la Iglesia de balde y con todo lo nuestro”. Es bueno entender la mística que hay en esta frase; pero la verdad es que vivimos de nuestro ministerio sacerdotal; por lo tanto, no lo hacemos ciertamente de balde.

Agradezcamos a Dios todo lo que nos da para poder servirle, con libertad, siendo esclavos del otro por amor.

3. Segunda palabra es “formación”. En la fiesta de hoy hacemos memoria de los santos titulares: Santo Tomás y San Sebastián. La vinculación del Seminario-Presbiterio está relacionada con la formación.

Aquí se forman los seminaristas; pero la formación sacerdotal debe ser una prolongación de la formación recibida aquí. No debe haber un corte en la formación a partir de la ordenación sacerdotal. Hemos de seguir formándonos, profundizando en temas teológicos, pastorales, morales; de cara a nuestro ministerio y también de cara a nuestra alimentación. Os animo a los sacerdotes a la lectura teológica y pastoral; esa formación la necesitamos para el ejercicio del ministerio sacerdotal.

Los seminaristas estáis ahora en época de preparación inmediata para los exámenes. Vuestra tarea ahora es estudiar, profundizar, no hacer “pastoralitis”, que, como indica todo lo que acaba en “-itis”, es inflamación.

La pastoral se hace para aprender; no para sustituir al párroco en algunas tareas. Cuando los seminaristas o los diáconos, que están en período de estudios, van a vuestras parroquias, queridos sacerdotes, no van a sustituiros, a para que quedéis más liberados; van a aprender. Por tanto, hay que enseñarles cómo se hacen las distintas tareas del ministerio desde todos los campos de una parroquia.

La formación sacerdotal es muy importante, llámese permanente o de otro modo; pero debe ser continuación de la formación previa recibida al ministerio sacerdotal; y no debe haber un corte entre la previa y la posterior a la ordenación sacerdotal.

Naturalmente, la formación permanente debe estar enfocada a las necesidades pastorales, que exige el servicio a los demás. Os invito a que tomemos cada día más en serio la formación continua.

4. La tercera palabra es “testimonio”. San Sebastián es un mártir; Santa Inés, cuya celebración litúrgica tenemos hoy, es una mártir; ambos son testigos de la fe, testigos del amor de Dios.

También se nos pide hoy a nosotros ser testigos, dar testimonio del amor de Dios. No estamos en tiempos fáciles para la fe; pero nunca han sido tiempos fáciles para el cristiano. Ha habido momentos más o menos de tolerancia o de respecto. Pero mártires ha habido desde el principio. Desde el primer protomártir, el diácono Esteban, hasta nuestros días, ha habido siempre cristianos dando testimonio, sufriendo martirio cruento.

A nosotros quizás no se nos pida un martirio cruento; pero sí un testimonio de la fe en tiempos de increencia, de lejanía de la imagen de Dios, en tiempos de secularismo. No es fácil, pero el Señor nos pide ese testimonio.

5. También se nos pide una mayor identidad y cohesión interna. Cuanto mayor identidad, comunión y unidad haya entre nosotros, mejor testimonio podemos dar. Si desde dentro nos disgregamos y nos echamos los trastos a la cabeza, eso hace perder fuerza a la comunidad cristiana y debilita el testimonio, como tantas veces ha dicho el magisterio papal y episcopal. La división interna de los cristianos debilita a la propia Iglesia, la hace menos creíble y menos fuerte.

Este es un riesgo que puede ocurrir dentro de los presbiterios. Debe haber auténtica comunión y sintonía plena espiritual y pastoral. En este punto volvemos al inicio del tema de la libertad: libertad para servir al otro, libertad para aceptar al otro, libertad para expresar lo que haya que expresar, sin echarnos los trastos a la cabeza unos a otros.

Pedimos al Señor que nos conceda vivir en el presbiterio y en nuestra Iglesia los tres aspectos de: libertad, formación y testimonio. Se lo pedimos por intercesión de los santos y mártires protectores de nuestro Seminario, Santo Tomás y San Sebastián; y de la Virgen María, nuestra Madre, que siempre está a nuestro lado. Que así sea. ¡Alado sea el Santísimo Sacramento del Altar. Sea por siempre bendito y alabado!

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