DiócesisHomilías

Apertura de la Visita Pastoral al Arciprestazgo de San Cayetano de Málaga (Parr. Asunción-Málaga)

El acto de apertura de la Visita Pastoral tuvo lugar en la parroquia de la Asunción
Publicado: 07/02/2016: 8390

APERTURA DE LA VISITA PASTORAL AL ARCIPRESTAZGO DE SAN CAYETANO

(Parroquia de la Asunción, 7 febrero 2016)

Lecturas: Is 6, 1-8; Sal 137, 1-8; 1 Co 15, 3-8.11; Lc 5, 1-11.

(Domingo Ordinario V-C)

1. Cada una de las lecturas de hoy nos presenta un personaje distinto, pero con rasgos similares. El profeta Isaías tiene una visión donde se encuentra el Señor sentado en un trono excelso (cf. Is 6, 1); y unos serafines cantan «Santo, santo, santo, Señor Dios: llena está toda la tierra de su gloria» (Is 6, 3). Es un himno de alabanza y de adoración a Dios creador y omnipotente, Señor del mundo y de la historia.

Ante esta visión majestuosa el profeta teme por su vida, por haber visto a Dios y por considerarse un hombre pecador de labios impuros (cf. Is 6, 5).

Pero uno de los ángeles se acerca con una brasa en la mano y tocándole los labios, lo purifica (cf. Is 6, 6-7). El término “purificar” significa “pasar por fuego”, como se purifica el oro en el crisol: «Volveré mi mano contra ti: purificaré tu escoria en el crisol, separaré de ti toda la ganga» (Is 1, 25). El fuego del Espíritu, el fuego del amor de Dios purifica nuestro corazón, lo quema de la escoria y de la ganga del pecado.

Nosotros, los cristianos, necesitamos también el perdón de nuestros pecados y la “purificación” de nuestros labios, para proclamar la Buena Nueva de la salvación que trae Jesucristo. Porque de nuestros labios salen muchas cosas, que no es el anuncio del Evangelio. En la discusión de Jesús con los fariseos y los escribas sobre la pureza legal, les decía: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos… Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro» (Mc 7, 21-23).

No debemos anunciar nuestro mensaje, sino el de Jesucristo. De nuestro corazón y de nuestros labios debe salir lo que el Señor quiere que digamos; cuanto más purificados, mejor saldrá el mensaje y la Palabra del Señor. Al igual que el profeta, debemos estar dispuestos a ir a predicar el Evangelio donde se nos mande (cf. Is 6, 8).

2. San Pablo, en su primera cara a los Corintios, explica el contenido nuclear de la fe: la muerte y resurrección de Cristo por nuestros pecados: «Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras» (1 Co 15, 3-4). Éste el “kerigma”: lo fundamental que todo cristiano debe creer y anunciar. Esto implica profesar que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías.

En nuestras catequesis a niños y jóvenes se ha presentado a veces la figura de Jesús como “amigo”, muy humano, pero poco divino. Además de hablarle como amigo, hay que adorarle y pedirle perdón como Dios; es nuestro Maestro a quien hay que seguir e imitar; es nuestro Señor, a quien hay que obedecer.

No se puede cambiar este contenido. San Pablo advierte a los corintios que no pueden abandonar esta doctrina, sino que debe permanecer en ella (cf. 1 Co 15, 1-2); de otro modo, todo sería vano. Es muy importante profesar los contenidos de la fe; hay más verdades reveladas; ahora estamos haciendo hincapié en lo fundamental.

Hay una gran necesidad, queridos hermanos, de formación en los fieles cristianos, para dar razón de nuestra fe y esperanza (cf. 1 Pe 3, 15). Como regla nemotécnica para recordar esta cita os recuerdo el valor de la letra griega “pi” (3,1416), que hace referencia a la cita anterior de la primera carta de san Pedro.

La Visita Pastoral quiere animar a profundizar en nuestra vida cristiana, conocernos mejor mutuamente, revisar la tarea evangelizadora y catequética, promover la comunión intraeclesial, reforzar la identidad católica en un mundo hostil a la fe; necesitamos unirnos para dar mejor testimonio, clarificar las posturas y la doctrina, porque nuestro corazón se embebe por ósmosis de las ideologías no cristianas que circulan en nuestra sociedad.

La Visita pastoral sirve también para corregir el rumbo de nuestra barca en el caso que se haya desviado de su norte; tal vez sea necesario reorientar la barca.

3. La figura del apóstol Pedro es muy significativa para todo cristiano. La escena del evangelio de san Lucas se desarrolla en el lago de Genesaret, donde la gente se agolpaba para escuchar a Jesús; y éste pide a Simón que se aleje un poco de tierra (cf. Lc 5, 1-3).

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar» (Lc 5, 4). El experto pescador y sus compañeros habían estado bregando toda la noche y no habían pescado nada; habían fracasado en su trabajo; tenían las manos vacías.

El Señor nos invita a remar mar adentro: a dejar la orilla y las certezas de nuestra pericia, a abandonarnos en manos de Dios, confiando plenamente en Él. Pero tenemos miedo de no hacer pie, si nos adentramos en el agua. Mientras hacemos las cosas apoyados en nuestra pericia y nuestros recursos y métodos, nos sentimos tranquilos; pero cuando se nos pide que abandonemos nuestras cosas y confiemos en el Señor, tenemos miedo.

Pedro, en nombre de Jesús, estaba dispuesto a echar las redes (cf. Lc 5, 5); y de ese modo «pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse» (Lc 5, 6). El Espíritu nos regala sobreabundancia cuando nos fiamos de Él y somos dóciles instrumentos suyos. Al ver esto Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5, 8). Pero se fio del Señor y obtuvo un buen resultado.

4. Los tres personajes, protagonistas de estas historias, son modelo para todos nosotros: 1) Isaías, reconociéndose pecador, se muestra dispuesto a ser enviado por Dios y responde: «Aquí estoy: envíame» (Is 6, 8); 2) San Pablo reconoce: «Soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios» (1 Co 15, 9); pero responde: «Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí» (1 Co 15, 10); 3) San Pedro confiesa ser un pecador (cf. Lc 5, 8); pero el Señor le responde: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5, 10). Los discípulos «dejándolo todo, le siguieron» (Lc 5, 11).

Y ésta es la misma invitación que el Señor Jesús nos hace a nosotros en esta tarde. ¡Dejad vuestras pericias! ¡Dejad vuestros recursos! ¡Dejad vuestros instrumentos! No dan pesca; os quedáis con las manos vacías. ¡Fiaos del Señor! ¡Pongámonos en sus manos! ¡Aceptemos su Palabra! ¡Sigamos sus huellas! Esto dará fruto abundante.

Ciertamente estamos en tiempos difíciles para vivir en cristiano. Considero que siempre ha sido difícil vivir como cristiano; porque testigos y mártires ha habido siempre y sigue habiendo en nuestros días. Por eso necesitamos confiar en el Señor y poner nuestro corazón y nuestras empresas en sus manos.

Pedimos a la Santísima Virgen María su maternal intercesión, para que nos ayude a renunciar a nuestras redes, pericias e instrumentos, poniéndonos confiadamente en manos de Dios, como Ella hizo. Amén.

Más artículos de: Homilías
Compartir artículo