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Envío de los profesores cristianos (Catedral-Málaga)

Momento de la celebración en la Catedral · Autor: F. HERNÁNDEZ
Publicado: 17/09/2016: 6972

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la misa de envío de los profesores cristianos, que tuvo lugar el 17 de septiembre de 2016, en la Catedral de Málaga.

ENVÍO DE LOS PROFESORES CRISTIANOS
(Catedral-Málaga, 17 septiembre 2016)

Lecturas: Am 8,4-7; Sal 112,1-2.4-8; 1 Tm 2,1-8; Lc 16,1-13.
(Domingo Ordinario XXV-C)

1.- Orar por toda la humanidad

El apóstol Pablo pide en su carta a Timoteo que «se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto» (1 Tm 2,1-2).
Al inicio del curso pastoral la Palabra de Dios nos llama a la oración de intercesión por todas las personas que tienen responsabilidad en la marcha de la sociedad. La tendencia de nuestra sociedad es más bien criticar y denostar a quienes tienen autoridad. Los cristianos somos diferentes; el Maestro de Nazaret nos enseñó incluso a amar a nuestros enemigos y a rezar por quienes nos persiguen (cf. Mt 5, 44).

Orar por todos no significa identificarse con el pensamiento de los demás, o compartir las ideologías imperantes, que van contra la doctrina cristiana; tampoco significa carecer de criterio propio.
La oración es una posibilidad de ejercer los talentos con sagacidad y de saber ser solidarios con justicia. La oración repercute no sólo en el don de la paz y de la convivencia, sino en la capacidad para obrar según el deseo de Dios.

La oración no es un descargo de la responsabilidad en las manos del Señor, sino un ejercicio de limpieza de corazón, de honestidad, del bien hacer.

El don de la fe, de la esperanza y del amor, son las virtudes teologales que nos sitúan en la vida de Dios; y solo desde ahí podemos encontrar el sentido a nuestra vida y los criterios de actuación.

2.- Dios quiere que todos los hombres se salven

En su primera carta a Timoteo insiste el apóstol Pablo en la voluntad salvífica universal de Dios, que «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tm 2,4).

No puede quedar excluido nadie; ni siquiera los que se oponen a la libertad religiosa o demuestran una actitud contraria a la fe cristiana. El Señor llama a todos a la salvación; puede que nos resulte difícil tratar como hermanos nuestros a los que no piensan como nosotros y a los que no creen como nosotros, dado que nuestro corazón está herido por el pecado. También son destinatarios de la misma salvación todos aquellos que profesan otras religiones u otros credos.

Los profesores cristianos, que hoy nos reunimos para iniciar este curso y para ser enviados a nuestra misión, con gran respeto a la libertad podéis presentar a Jesucristo a todas las personas: sean cristianos o no, sean creyentes o no, sean musulmanes o no, sean ateos o no; sean profesores, padres o alumnos.

Jesucristo es el único salvador y mediador, que ofreció su vida en rescate por toda la humanidad (cf. 1 Tm 2,5-6). Hacemos un buen servicio al ofrecer nuestra fe a quien no participa de la misma. Ofrecer no es imponer; presentar no es hacer proselitismo, como se nos acusa a veces a los cristianos.

3.- Heraldos y apóstoles

Hemos sido constituidos “heraldos” y “apóstoles” del Evangelio al estilo de Pablo (cf. 1 Tm 2,7). Somos anunciadores y enviados. En la celebración de esta tarde se os envía, queridos profesores cristianos, como apóstoles para que anunciéis el Evangelio. Sois heraldos y apóstoles, mensajeros y enviados.

El papa Francisco nos recuerda que “en virtud del bautismo recibido, cada miembro del pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador” (Evangelii gaudium, 120).

La evangelización no se lleva a cabo solo por actores cualificados, quedando el resto del pueblo fiel con los brazos cruzados. El anuncio del Evangelio no corresponde solo a los padres, a los sacerdotes, a los religiosos, a los catequistas, a los profesores de religión. Corresponde a todos.

Queridos profesores cristianos tenéis una hermosa tarea imbricada en vuestro trabajo docente. No se puede separar la fe de la vida, ni la misión del anuncio del Evangelio de la tarea profesional docente. La docencia de cualquier materia o disciplina académica es inseparable del testimonio de fe personal. Aunque un profesor explique cualquier materia (matemática, música, literatura) no está exento de ser testigo de la fe. Ningún cristiano está exento de su compromiso bautismal evangelizador.

Para ello solo es necesario haber hecho experiencia del amor de Dios que salva; es decir, haber recibido el don de la fe y ser creyente. No se necesitan muchos medios, ni mucha preparación. Naturalmente, es muy importante la formación en la fe y el conocimiento de las verdades reveladas; pero lo realmente esencial es el testimonio personal.

4.- Ser administradores sagaces

Con la parábola del administrador injusto y sin escrúpulos, que nos ofrece hoy el Evangelio (cf. Lc 16,1-13), Jesús nos invita a ser astutos y a saber calcular para hacer obras buenas. No nos anima a ser deshonestos.

Jesús quiere suscitar en nosotros una actitud positiva y animosa. No nos podemos desanimar por las circunstancias de la vida. Debemos buscar soluciones; hemos de poner a prueba nuestro ingenio y nuestras facultades para encontrar nuevos caminos en la tarea evangelizadora.

Hemos de ser astutos y sagaces para ayudar a los pobres con los recursos disponibles. Dios «levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre» (1 Sam 2, 8). ¿Qué estamos dispuestos a hacer nosotros?

La pobreza se manifiesta de muchas maneras: falta de recursos para vivir (comida, bebida, vestido), falta de instrucción, falta de fe, falta de afecto, falta de honor, falta de reconocimiento y valía. Estemos avispados para descubrir todas esas pobrezas y tratemos de remediarlas. Seamos ingeniosos y sagaces para remediar estas pobrezas.

Queridos profesores cristianos, os envío a ser evangelizadores, a ser testigos del Evangelio donde estéis. Los padres sois los primeros evangelizadores de vuestros hijos. Toda la gran familia de la Iglesia estamos obligados a educar en la fe a las nuevas generaciones.

Pedimos a la Santa María de la Victoria su protección maternal y su intercesión para ser buenos evangelizadores y sagaces buscadores de verdaderas soluciones en las dificultades. Amén.

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