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Jornada por la Familia y por la Vida (Catedral-Málaga)

Fiesta de la Sagrada Familia en la Catedral //S. FENOSA
Publicado: 30/12/2016: 5695

JORNADA POR LA FAMILIA Y POR LA VIDA

(Catedral-Málaga, 30 diciembre 2016)

Lecturas: Eclo 3,2-6.12-14; Sal 127,1-5; Col 3,12-21; Mt 2,13-15.19-23.

 

Vivir la alegría del amor en familia

1.- Un saludo fraternal a los sacerdotes, canónigos y párrocos de las parroquias del centro histórico de la ciudad de Málaga, que junto con vuestros feligreses os habéis unido a esta celebración de la Jornada de la Sagrada Familia.

Como ya os han informado vuestros párrocos, en algunas celebraciones como la de Nochebuena, la de hoy y algunas otras, nos uniremos todos para celebrar juntos aquí en la Catedral. Gracias por estar hoy aquí.

2.- Celebramos hoy la Jornada por la Familia y por la Vida. El lema de este año es “Vivir la alegría del amor en familia”, título vinculado al contexto de la exhortación apostólica Amoris laetitia.

El papa Francisco, escribiendo esta exhortación en el Año de la Misericordia, nos ha invitado a abrir la puerta de la misericordia en nuestros corazones. Por ello, en este nuevo año tenemos que seguir acogiéndonos a la Misericordia divina, para que en nuestra vida se haga el milagro de creer en la familia, esperar en la familia y amar la familia profundamente.

La exhortación nos anima a vivir la alegría del amor conyugal y familiar como fuente de renovación de la sociedad y de nuestras vidas. La familia es muy importante en nuestra sociedad; y de hecho, es el fundamento y el sostén, de modo especial en los momentos difíciles.

Del mismo modo que la fiesta de la Natividad de nuestro Señor no debe caer en la rutina y ser fuente de renovación de nuestra fe, la fiesta de la familia debe ser un buen motivo para renovar las promesas matrimoniales y de fidelidad a la Iglesia y a la dedicación a los hijos y de los demás familiares. Os animo a renovar vuestras promesas matrimoniales.

3.- En esta fiesta litúrgica de la Sagrada Familia queremos rezar por todas las familias, para que descubran cada día más la belleza del matrimonio, la nobleza de su misión, la alegría de sentirse miembros queridos y amados, y el don de vivir en familia. Es un don, un regalo, tener una familia y vivir en familia. ¡Cuántas personas desearían y no tienen el regalo de una familia que les acoja! Pedimos al Señor por todas las familias, las que vivís con gozo y alegría, que es motivo de acción de gracias a Dios; y de manera especial por las familias que se encuentran en dificultad.

En su exhortación Amoris laetitia el papa Francisco nos anima a proponer, de modo renovado e ilusionante, la vocación al matrimonio y a mostrar la belleza, la verdad y el bien de la realidad matrimonial y familiar (cf. nn. 86; 88; 172) como un don de Dios, como una respuesta a una vocación excelente (cf. nn. 72; 85; 211).

El Pontífice señala algunos riesgos: el de creer que “el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquearla rápidamente” (cf. n. 39); el amor no puede conectarse o desconectarse a capricho; el amor, cuando se da, es eterno y para siempre; de lo contrario, no es amor aquello que se dice “amor”. Otro riesgo son las dificultades sociales como “la falta de una vivienda digna o adecuada” (cf. n. 44), que muchas familias carecen de ella. También es un desafío la necesidad de mejorar la conciliación laboral y familiar (cf. n. 224), grave problema hoy en día; la falta de derechos de los niños: sin hogar (cf. n. 45) y sin educación (cf. 56), o que sufren abusos (cf. 45).

Todos estos desafíos, lejos de constituir obstáculos insalvables, se convierten para la familia cristiana y para la Iglesia en una oportunidad nueva; puesto que la familia puede encontrar en ellos un estímulo para fortalecerse y crecer como comunidad de vida y amor, que engendra vida y esperanza en la sociedad.

4.- Es necesaria, queridos fieles, una formación y preparación adecuada de todas las personas implicadas en la celebración del matrimonio: desde los sacerdotes y educadores en la fe, hasta los propios contrayentes y demás agentes de la pastoral familiar.

Desde hace varios años estamos insistiendo en la Diócesis de Málaga en que los llamados “Cursillos Prematrimoniales” resultan insuficientes. Los retos que la sociedad plantea hoy al matrimonio y a la familia son tan grandes, que es necesaria una preparación más profunda, serena y completa para celebrar el sacramento del matrimonio. Uno de los retos importantes hoy en día es la “ideología de género”, que impera por doquier y ha penetrado en muchos ámbitos de la cultura. Hay que conocer sus características y su finalidad para poder defenderse de ella y superarla.

Además de abordarse en la preparación al matrimonio los temas catequéticos y teológicos, deben plantearse también los aspectos sociales, culturales y políticos referidos al matrimonio y a la familia. Las actuales leyes al respecto menoscaban la identidad y la realidad del matrimonio cristiano; y hay que conocer y superar este obstáculo.

También es necesaria una preparación religioso-litúrgica y celebrar litúrgicamente la fe, puesto que los contrayentes se preparan para celebrar un sacramento de la fe; no hacen un simple contrato civil, sino un acto de fe.

Apoyados en este trípode “teológico-litúrgico-cultural”, podremos ofrecer una buena preparación al matrimonio, que permita a los contrayentes ser más conscientes de lo que celebran y estar en condiciones de afrontar los retos actuales.

5.- Además de una buena preparación al matrimonio, es necesario reforzar el apoyo a los esposos, particularmente en los primeros años de su matrimonio. Invito a todos los matrimonios con experiencia a acompañar a los matrimonios jóvenes, sobre todo en los primeros años; que les ayudéis a descubrir la belleza del matrimonio y a superar las dificultades.

Los Obispos de la Subcomisión para la Familia han publicado un mensaje para esta ocasión, en el que dicen que “el desafío y la misión de la Iglesia hoy es ser arca de Noé, sacramento de salvación, hospital de campaña, -en palabras del papa Francisco-, generando espacios y tiempos nuevos, un ambiente y una cultura favorables en los que la familia pueda crecer y vivir en plenitud su vocación al amor”.

Como dice el papa Francisco: “La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales” (Francisco, Evangelii gaudium, 66). Nosotros nos preguntamos: ¿cómo anunciar el evangelio de la familia en una sociedad donde reina una antropología contraria a la concepción cristiana del ser humano y de la familia? He ahí nuestro reto. Hay dos concepciones antropológicas diversas e incluso opuestas: la profana sin referencia a Dios y la cristiana. Ambas son incompatibles; no se pueden aceptar ambas a la vez. Si alguien intentara combinar las dos al mismo tiempo, probablemente quedaría relegada la concepción cristiana.

6.- El libro del Eclesiástico, que hemos escuchado, ha insistido en la importancia del amor en familia, en el respeto y honra debida a los padres: «Quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros. Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado» (Eclo 3,4-5); «quien respete a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor» (Eclo 3,6). Son máximas preciosas, que nos animan a honrar a nuestros padres.

El lema de este año “Vivir la alegría del amor en familia” nos invita a recuperar la belleza de la familia y a promover la alegría en el ambiente familiar. A todos los miembros de la familia nos corresponde promover la alegría y el amor en familia.

La Sagrada Familia de Nazaret, a pesar de las dificultades que tuvo que sufrir, vivió unida y en la alegría de cumplir la voluntad de Dios. La huida a Egipto (cf. Mt 2, 13-14) y el regreso a su patria (cf. Mt 2, 19-21), no hicieron flaquear los lazos de amor entre sus miembros; al contrario, se mantuvieron unidos para superar los obstáculos que encontraban en su vida.

Pedimos a la Sagrada Familia que nos ilumine para saber afrontar los difíciles y graves retos, que la familia cristiana tiene hoy planteados. Amén.

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