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Centenario de la Asociación de Antiguos Alumnos Salesianos (Santuario María Auxiliadora-Málaga)

Publicado: 31/01/2010: 1947

CENTENARIO DE LA ASOCIACIÓN

DE ANTIGUOS ALUMNOS SALESIANOS

(Santuario María Auxiliadora-Málaga, 31 enero 2010)

Lecturas: Jr 1, 4-5.17-19; Sal 70; 1 Co 12, 31-13,13; Lc 4, 21-30.

(Domingo Ordinario IV – C)

1. Como se nos ha dicho al inicio de la celebración estamos en un gran día. Un gran día para la Iglesia, para la iglesia particular en Málaga, para la familia Salesiana y para todos los que estamos vinculados a ella.

El Señor nos permite celebrar hoy la fiesta litúrgica de San Juan Bosco, la fiesta de un carisma, que desde finales del siglo XIX ha hecho un gran bien a la juventud.

Hoy las lecturas, ricas y preciosas, nos proponen una reflexión sobre la profecía y sobre el profeta Jeremías. Él ha oído la llamada de Dios, para predicar en su nombre el mensaje que Dios le revela y para ello Dios le dice: «Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí» (Jr 1, 5).

Tengamos en cuenta que Dios ama a cada persona desde el momento de su concepción. Esto tiene unas consecuencias, que no me voy a detener ahora en ellas. El Señor nos ama desde el primer instante en que somos engendrados en el seno materno, en el que Él crea el alma de cada ser humano.

2. ‘Profeta de las naciones’ llama a Jeremías, y no sólo a él, sino a otras muchas personas. Aunque el gran Profeta ha sido Jesucristo. Y el Señor, a cada uno de nosotros, con su amor paterno e infinito, también nos ha llamado a ser profetas. Es verdad que la vocación la descubrimos poco a poco, a veces, cuando se tienen doce o más años. Sí, el Señor, poco a poco, nos va descubriendo la vocación y misión a la que Él nos llama.

Del mismo Jesús, dice el evangelio, cuando a los doce años vuelve de Jerusalén a Nazaret, que «crecía en sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres» (Lc 2, 40).

Todos crecemos. A todos se nos va aclarando nuestra vocación. Y el Señor nos va indicando por dónde andar, por dónde seguir, cuál es nuestra misión.

Cuando Juan Bosco sale de su tierra y se traslada a Turín, aún no sabía qué iba a pedirle el Señor. Y cuando descubre en Turín la situación de aquellos niños y adolescentes, de aquellos jóvenes tirados por el suelo, a él, que ya era sacerdote, se le descubre su misión. Y a través de aquella situación el Señor le revela: “Juan tienes que trabajar aquí”; y él comienza su trabajo. Más tarde creará su Oratorio y años después la fundación de la Congregación Salesiana.

Profeta de las naciones quiere decir que el Señor nos ha llamado a cada uno de nosotros desde el inicio de nuestra existencia en el seno materno, para una misión. Misión a la que el bautismo nos ha consagrado. Misión que hemos de descubrir día a día y en cada etapa de nuestra vida, en el silencio, en la oración y a la luz de la Palabra de Dios.

3. El mismo profeta Jeremías tiene que ser reconfortado, porque la misión no es fácil y el Señor le anima diciéndole: «Mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra» (Jr 1, 18).

El Señor a sus profetas los reconforta y los fortalece como murallas de bronce, como algo inexpugnable. No hay que tener miedo. Enemigos los hay; detractores los hay; manipuladores los hay. Pero eso no puede hacer mella al que se fía de Dios.

4. Ciertamente los detractores, los opositores al bien, a la Luz, a la Verdad, en definitiva a Jesucristo, «te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy yo - oráculo del Señor - para salvarte» (Jr 1, 19). Te harán la guerra; seamos realistas; pero no podrán contigo porque yo estoy para salvarte, dice el Señor.

Os invito a pensar que estas características, propias del profeta de Dios, son también para nosotros, pues todos hemos sido llamados para  realizar la misión que Dios nos pide. Misión que si no la realizáis nadie la llevará a cabo y quedará sin hacer. Pero no tengáis miedo, no os preocupéis, sois “plaza fuerte” apoyados en la fuerza del Señor.

5. Pasemos al Evangelio de hoy. En el texto de Lucas se presenta Jesús en su tierra y cuantos le oyen se interrogan con admiración: ¿Quién es éste que habla tan bien? ¿Quién es éste que nos dice cosas maravillosas? ¿Quién es éste que nos enseña con autoridad? (cf. Lc 4, 22). Y Jesús les dice «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria» (Lc 4, 24). ¿Por qué dice esto? Porque los mismos que admiran su doctrina, son después capaces de ser sus detractores y decidir su eliminación. ¿Y por qué? Porque molesta; porque sus palabras molestan; porque su actitud molesta; porque su forma de ser es una denuncia para quienes quieren vivir a su antojo.

Se define al profeta como el hombre que experimenta a Dios, que acepta su palabra, que cumple la misión encomendada y no se descorazona ante las dificultades y persecuciones.

Y Jesús, que es consciente de ello, dice que a los profetas les han maltratado siempre y ningún profeta ha sido bien acogido en su tierra (cf. Lc 4, 24). No nos importe tanto que seamos bien o mal acogidos, sino que nos importe y anime la forma de actuar de Jesús y de los santos a través de los tiempos. Por eso, queremos realizar la misión que el Señor nos pide.

6. Vamos a concretar algo más esta misión, hoy, fiesta de Juan Bosco. Como hemos dicho, él intentó ser fiel a lo que el Señor le había pedido. Y se inspira, no en sí mismo, sino en Dios y en los santos. En concreto en un santo: Francisco de Sales, de ahí que tomen el nombre de “sales-iano” (no “bosquianos”, con perdón; sino “salesianos”). ¿Por qué? Porque la espiritualidad es de Francisco de Sales a quién Juan Bosco tiene gran devoción. Juan Bosco, por tanto, imita a un santo, a alguien que ha ido por delante haciendo camino, abriendo brecha.

¿Por qué Francisco de Sales? Porque es modelo de amabilidad, de dulzura y de una espiritualidad exquisitamente religiosa. Juan Bosco se siente cautivado por esa espiritualidad, por esa dulzura que él tiene que utilizar con los muchachos. A los muchachos no se les puede tratar con dureza, porque se van, porque escapan.

7. Otra característica de Juan Bosco es el método preventivo, súper-conocido por los salesianos y amigos de los salesianos. Y es lo que aplica desde que comienza a trabajar como sacerdote con aquellos chavales y jóvenes, que malviven por las calles de Turín. Con aquellos harapientos, sin estudios, lejos de su familia, que han emigrado desde los pequeños pueblos a la gran ciudad, donde se les explota y abusa de ellos y no se les paga su trabajo y no se les trata como seres humanos que son.

¿Y qué hace Juan Bosco? Intenta dar solución a esta situación: les busca trabajos dignos, les consigue convenios para que no abusen de ellos sino que les paguen suficientemente. Este tema tiene una gran actualidad hoy.

Juan Bosco se anticipa, en cierto sentido, a toda la legislación laboral internacional. Fijaros que al final del XIX consigue un contrato con un empresario, para que los chavales que allí trabajan no sean tratados como animales de carga, sino que tengan un trato humano y un salario digno.

Y sobretodo les ayuda y previene para que no caigan en las redes, vamos a decirlo así, de las mafias sociales de la época; en las redes que siempre han existido: prostitución, alcohol y otras cosas.

¿Qué quiere dar Juan Bosco a los chavales? Quiere darles dignidad humana, quiere formarles en el campo laboral y hacerles crecer en la dimensión religiosa y cultural. Ese es el trabajo, inspirándose en San Francisco de Sales.

Esta situación, en aquella época difícil, no resuelve los problemas de su tiempo, pero aporta una solución y hay muchos chavales, al final miles, que pasan por sus centros. Esa tarea ha sido continuada por la Congregación Salesiana, sea de varones que de mujeres, de los salesianos y de las salesianas, con todo un entorno que vosotros habéis vivido. Y hoy, que celebramos la apertura o el inicio del año centenario de la Asociación de Antiguos Alumnos Salesianos, vosotros sois los protagonistas.

Juan Bosco intentó ser fiel a la misión de Dios buscando el apoyo y la espiritualidad de uno que ya era santo, Francisco de Sales y, naturalmente, la maternal intersección de María Auxiliadora.

8. Los Antiguos Alumnos habéis disfrutado de este carisma, habéis sido, como esos chavales de finales del XIX en Turín, pero en la Málaga del siglo XX, prácticamente objeto de los cuidados paternales de los seguidores de Juan Bosco, con el mismo esquema, el mismo método, la misma intencionalidad.

¿Cómo vais a agradecer al Señor lo que habéis recibido? Viniendo aquí a decir “gracias Señor” y a los Salesianos “gracias hermanos”. ¿Pero ahí termina todo? ¡Caben muchas cosas! Cabe que vosotros os enroléis en esa tarea de Juan Bosco. La mejor manera de agradecer lo que Dios ha hecho en vosotros y la mejor manera de agradecer el carisma de Juan Bosco, de los Salesianos, es hacer lo que hizo él. Ser educadores de las nuevas generaciones.

No tenéis que ser maestros, ni profesores; para ser educador no hace falta ser maestro. Educadores son los padres, en primer lugar; educadores son también los que pueden dar trabajo y formar en una profesión; educadores de las nuevas generaciones son los adultos maduros, que con su experiencia pueden ayudar y orientar a los jóvenes en su camino a veces un poco despistado.

9. No conviene dejar campos vacíos. ¿Qué quiere decir esto? Hay que estar en todos los campos: en la calle, en la palestra, en las empresas, en las oficinas, en el torno, en los periódicos, en los medios de comunicación, y, por supuesto, en la familia.

No podemos renunciar a ninguno de esos campos, porque cuando un cristiano renuncia a un campo determinado, es mismo campo será ocupado por otros con otra forma de pensar. Eso de que el niño es una pizarra en blanco, no lo sostiene ningún pedagogo. Algunos padres dicen: “yo no quiero escribir en la pizarra en blanco”, “cuando mi hijo sea mayor que elija”. Cuando sea mayor tu hijo, sobre esa pizarra, es decir sobre él, habrán escrito montones de personas: amigos del barrio, gente cercana, escuela, profesores, medios de comunicación. Estará la pizarra llena. Tú habrás permitido que a tu hijo lo eduquen los demás. Es una falacia decir: “Que crezca a su aire; yo no le voy a hablar de Jesucristo; no le voy a bautizar; no le voy a... Cuando sea mayor que elija”. Mira, si fueras consecuente con eso dirías: “Yo no voy a hablarle en castellano, ni en andaluz, ni en chino; no quiero hablarle y cuando sea mayor que elija el idioma que quiera”. Aunque los padres no hablarais a los hijos, cuando ellos tuvieran cinco años hablaría mal; porque hablarían sólo lo aprendido en la calle.

¡No dejéis campos vacíos! Y para eso, como veis, no hace falta ser salesiano en sentido de una vida de especial consagración.

10. Y ¿cómo hay que educar? En primer lugar, con la autoridad que confiere el decir la verdad; exponiendo las razones profundas y dialogando.

Pues hay que educar con razonabilidad y autoridad en el sentido de dar razones. Hay que educar explicando bien las cosas; no se puede educar imponiendo la opinión propia; hay que dialogarla; hay que opinarla; hay que ofrecer razones profundas para que se vean; hay que consensuar. Esa es la autoridad con la que Jesús impartía su enseñanza, es la autoridad con la que Juan Bosco enseñaba a sus jóvenes. No se puede obligar, a veces, sino dialogar, enseñar, explicar.

En la educación hemos de dar soporte interno al educando, para que su personalidad vaya creciendo y robusteciéndose, de manera que pueda soportar los embates que pueda recibir en la vida. A veces el joven cristiano pierde la fe en la universidad; tal vez porque su fe no ha crecido a la par que su persona y ha mantenido una fe infantil en una mente juvenil.

11. En segundo lugar, hay que educar siguiendo los modelos de comportamiento probados y autorizados por la experiencia. Diverso de conservadurismo.

No inventamos nada, los métodos educativos buenos llevan muchos años, muchos siglos de funcionamiento. No se trata de ser conservadores y hacer lo que se ha hecho desde hace cien años, sino que se trata de seguir fieles a un Magisterio, a una Luz, a una Verdad, que hemos recibido revelada del Señor. Se trata de métodos que están centenariamente comprobados.

En tercer lugar, hay que realizar un proyecto juntos: los educadores entre sí y el educador y el educando. Es una tarea de conjunto. Se educa en equipo. Papá no puede decir blanco y mamá negro y el hijo hacer lo que mejor desee. Papá y mamá han de estar de acuerdo en la educación de sus hijos. Y es una tarea también con el joven, la educación es con él, se crece juntamente con él.

Hay muchas cosas que Juan Bosco nos enseña sobre esta tarea. A los Antiguos Alumnos, pertenecientes a la Asociación o no, os invito a que ya que habéis recibido el carisma salesiano para ser lo que hoy sois, que seáis agradecidos, que ayudéis a otras generaciones a que tengan la oportunidad que vosotros habéis tenido. ¿Estáis de acuerdo conmigo?

12. A todo esto nos invita Pablo, en su carta de hoy: a hacerlo todo con caridad. El himno a la caridad que hemos escuchado es precioso.

De las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, la más importante y que permanecerá por los siglos es el amor, porque Dios es amor. (cf. 1 Co 13, 13). La fe acabará y la esperanza también cuando estemos en la otra vida, pero el amor continuará.

Las características del amor son: «Es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca» (1 Co 13, 4-8).

¡Qué poco se parece esta definición a lo que por ahí se dice del amor! La misma expresión “hacer el amor”, cuántas veces es sólo un signo de auténtico egoísmo. No se parece en nada a la definición de Pablo. No confundamos amor con egoísmo, ni amor con manipulación, ni amor con satisfacción de los propios deseos, ni amor con el proyecto propio. Amor es otra cosa.

13. Toda esta misión que el Señor nos da desde el bautismo y siguiendo el ejemplo de Don Bosco hemos de llevarla a cabo con amor, con caridad fraterna. Aquí hay mucho; que cada uno vea cómo lo puede realizar día a día y momento a momento.

Demos pues gracias a Dios por san Juan Bosco y por la fecundidad de su carisma, esparcido prácticamente en todo el mundo y muy concretamente en nuestra querida Málaga, que ha tenido la gracia de vivir el carisma salesiano desde hace ciento dieciocho años. Y hoy, que celebramos también el centenario de los Antiguos Alumnos, es bueno que alguien nos lo recuerde. Os felicito a la Asociación, porque queréis recordar y agradecer lo que hemos recibido del Señor y del carisma Salesiano.

¡Que el Señor os ayude y os bendiga en este inicio del Centenario! Y que todos profundicemos un poco más en esta tarea que el Señor nos pide.

Le pedimos a la Virgen Nuestra Madre, bajo la advocación de María Auxiliadora, a la que tanto afecto le tenía Don Bosco, que nos auxilie, que nos acompañe en nuestro camino, que os acompañe en este año centenario y que lo llevéis a buen puerto y que seáis fieles en la tarea que el Señor nos encomienda. Amén.

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