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Domingo de Ramos (Catedral-Málaga)

Publicado: 28/03/2010: 697

DOMINGO DE RAMOS

(Catedral-Málaga, 28 marzo 2010)

Lecturas: Is 50, 4-7; Sal 21, 8-9.17-24; Flp 2, 6-11; Lc 22, 14 – 23, 56.

Procesión triunfal

1. El Domingo de Ramos abre, como pórtico, la Semana Santa, en la que celebramos los misterios centrales de nuestra fe cristiana: la muerte y la resurrección del Señor.

Jesús, Señor de la historia, se ha ofrecido en oblación por toda la humanidad y ahora podemos aclamarlo como Rey, al igual que lo aclamaban las multitudes de Jerusalén en su entrada triunfal.

En la procesión de ramos celebramos el triunfo de Jesús. Este nazareno que sube a Jerusalén es el Señor. Celebramos el señorío de Jesucristo y acompañamos con ramos de victoria y deseos de paz al que camina hacia la muerte: ¡Jesús es el Señor! ¡Hosanna al Hijo de David! El triunfo de Jesús en el Domingo de Ramos es signo de su triunfo definitivo sobre el pecado y la muerte.

Celebrando la liturgia actualizamos el misterio pascual de Jesucristo;  participando en el misterio de su muerte y resurrección sintonizamos con Cristo y vivimos su amor desbordante por todos nosotros. Dejemos que su amor nos penetre y nos cambie. Entremos con Él en Jerusalén, acompañándolo con quienes lo aclamaban como el Rey que viene a salvarnos.

2. La entrada de Jesús en la Ciudad santa, días antes de ser crucificado, se celebraba en Jerusalén desde el siglo IV con una procesión. Hemos iniciado la celebración con una procesión desde la Capilla del Sagrario hasta el templo Catedral, para simbolizar la entrada de Jesús en Jerusalén. A la procesión sigue la eucaristía. Del aspecto glorioso de la entrada triunfante, pasamos al doloroso de la pasión. Los ramos nos muestran que Jesús va a sufrir, pero como vencedor; y va a morir, pero para resucitar. El domingo de Ramos es inauguración de la Pascua, o paso de las tinieblas a la luz, de la humillación a la gloria, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida.

La procesión es, ante todo, un testimonio gozoso que damos de Jesucristo, en quien se ha hecho visible a los hombres el rostro de Dios y por quien el corazón amoroso de Dios se nos ha abierto a todos.

3. Participar en la liturgia de hoy implica reconocer a Cristo como Hijo de Dios y Rey nuestro, como ha dicho el Papa Benedicto: “La procesión de Ramos es también una procesión de Cristo Rey: profesamos la realeza de Jesucristo, reconocemos a Jesús como el Hijo de David, el verdadero Salomón, el Rey de la paz y de la justicia. Reconocerlo como rey significa aceptarlo como aquel que nos indica el camino, aquel del que nos fiamos y al que seguimos. Significa aceptar, día a día, su palabra como criterio válido para nuestra vida. Significa ver en él la autoridad a la que nos sometemos. Nos sometemos a él, porque su autoridad es la autoridad de la verdad” (Benedicto XVI, Homilía en el Domingo de Ramos, Vaticano, 1.IV.2007).

4. Hoy tiene lugar en Roma la XXV Jornada Mundial de la Juventud, cuyo lema reza así: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?» (Mc 10,17).

El Señor nos invita a todos, y de modo especial a los jóvenes, a seguir sus huellas; a reconocer en Jesús de Nazaret al Maestro divino; a acoger sus enseñanzas; a saber renunciar a las cosas efímeras y caducas, para obtener la vida eterna; a vivir la Semana Santa con la mirada puesta en la cruz del Señor y a poner nuestro corazón en sintonía con Él.

Acudamos, queridos hermanos, a participar en la Semana Santa a través de las celebraciones litúrgicas y, complementariamente, a través de las expresiones devocionales de las procesiones, que prolongan por las calles lo que celebramos en nuestros templos.

Pidamos a la Virgen María que nos acompañe a revivir los pasos de su Hijo, que son gestos de amor al hombre, que le llevan a la cruz. Amén.

 

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