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Santa María Madre de Dios (Catedral-Málaga)

Publicado: 01/01/2017: 1630

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS
(Catedral-Málaga, 1 enero 2017)
Lecturas: Nm 6, 22-27; Sal 66, 2-8; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

Meditar las maravillas de Dios como María

1. La historia de la humanidad comenzó mal en el paraíso terrenal: Nuestros primeros padres, tras el pecado, quedaron privados de la gracia sobrenatural y fueron expulsados (cf. Gn 3, 23). Pero hubo ya una promesa de salvación y redención, que se realizaría con la intervención de una mujer (cf. Gn 3, 15).

De esclavos que éramos por el pecado, hemos pasado a ser hijos adoptivos en el Hijo Jesucristo, como dice san Pablo: «Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios» (Gal 4, 7). ¡Qué maravilla! ¿Cómo podría el hombre pensar jamás que llegaría a ser hijo de Dios?

Dios, realmente, nos ha enviado su Espíritu: «Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!» (Gal 4, 6). Por tanto, desde ahora podemos dirigirnos al padre como verdaderos hijos.

El Hijo de Dios se hizo hombre «para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal 4, 5). Jesucristo realiza un maravilloso intercambio: haciéndose hombre, nos hace hijos de Dios.

2. Hoy celebramos la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Ella nos fue entregada como Madre nuestra por su propio Hijo estando en la cruz (cf. Jn 19, 26). Por ello felicitamos a María como Madre del Redentor y nos congratulamos por este hermoso y gran regalo que hemos recibido de su propio Hijo.

En los momentos importantes de la vida de María ella sabía callar, contemplar y meditar en su corazón. Así nos lo dice el Evangelio de hoy: «María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19).

En la Noche de la Navidad también los pastores regresaron a sus casas «dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho» (Lc 2, 20).

También nosotros hemos visto y oído las grandes maravillas, que Dios ha obrado en favor de la humanidad: nos enviado a su Hijo; nos ha adoptado como hijos; y nos ha regalado a su Madre. ¡Qué grandes regalos!

Le pedimos a la Virgen hoy, en su fiesta de la Maternidad, que siga cuidándonos maternalmente como Ella sabe hacerlo.

3.- Estamos en tiempo navideño. Los cristianos tenemos la clave de la fraternidad humana, porque al ser hijos de Dios somos hermanos entre nosotros; y porque al aceptar la venida de Cristo en carne humana y disfrutamos de la filiación divina como hijos adoptivos en el Hijo de Dios.

Nuestra fe puede ayudar a transformar el mundo y hacerlo más fraternal y solidario. Tenemos esa responsabilidad, que no podemos eludir. Aunque nos vituperen algunos no creyentes o enemigos de Cristo, somos necesarios en este mundo para dignificarlo y aportar la fraternidad, que es fundamento y camino para la paz.

La solidaridad cristiana pide que el prójimo sea amado como ser humano, con sus derechos y su dignidad; y sobre todo como un hermano y como “la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acción permanente del Espíritu Santo” (Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 40).

4.  Hoy celebra también la Iglesia la 50 Jornada Mundial de la Paz. El papa Francisco titula su mensaje para esta ocasión: «La no violencia: un estilo de política para la paz».

Nos recuerda que Jesús también vivió en tiempos de violencia y enseñó que el verdadero campo de batalla, donde se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21).

Dice el Papa: “Pero el mensaje de Cristo, ante esta realidad, ofrece una respuesta radicalmente positiva: él predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (cf. Mt 5,44) y a poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39) (…). Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16). Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación” (Mensaje, 3).

Vivir el discipulado de Jesús y como hijos de Dios implica aceptar su propuesta de paz y de no-violencia, sabiendo que el amor a los enemigos constituye el núcleo de la revolución cristiana (cf. Benedicto XVI, Angelus. Vaticano, 18.02.2007).

5.- Todos deseamos la paz y todos podemos ser artesanos de paz, construyendo cada día la paz con pequeños gestos, aunque cueste realizarlo. En su Mensaje nos dice el Papa: “En el 2017 comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz” (Francisco, Mensaje para la 50 Jornada Mundial de la Paz, 7).

Pedimos a la Virgen María, la Madre de Jesucristo y Reina de la Paz, que nos ayude a vivir cada día la fraternidad que brota del corazón de su Hijo, para llevar paz a todos los hombres.

Al inicio de este Año Nuevo pido a Dios que os bendiga, usando la fórmula más antigua de bendición, que el Señor le dijo a Moisés para bendecir a los hijos de Israel: El Señor os bendiga y os proteja; ilumine su rostro sobre vosotros y os conceda su favor; el Señor os muestre su rostro y os conceda la paz (cf. Nm 6, 24-26). Amén.

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