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Vigilia Pascual del Sábado Santo (Catedral-Málaga)

Publicado: 03/04/2010: 665

VIGILIA PASCUAL

(Catedral-Málaga, 3 abril 2010)

Lecturas: Ez 36,16-28; Sal 41; Rm 6,3-11; Lc 24,1-12.

1. Esta es la Noche, santa y dichosa, que la Iglesia nos propone para vivirla y celebrarla. Hemos estado cincuenta días preparándonos para esta noche, para esta gran celebración pascual y la Iglesia nos regala otros cincuenta días para gozar de esta noche, de la celebración del misterio pascual. Fijaos que, dentro del año litúrgico, la gran fiesta de la Pascua, núcleo de la misma, la celebramos durante cien días; un tercio del año estamos celebrando Pascua. Pensemos además que cada domingo es la Pascua dominical.

Noche santa y dichosa hoy, en la que rememoramos las acciones salvíficas, que el Señor ha hecho con nosotros; noche en que damos gracias a Dios, porque nos ha hecho pasar de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida.

2. En esta noche nos acompañan los gestos rituales y toda la liturgia; son para que entendamos, a través de estos signos, las grandes maravillas que el Señor ha obrado.

Empezábamos la celebración en la puerta del templo, que estaba oscuro; y sólo nos acompañaba la luz del Cirio pascual, la luz de Cristo Resucitado. No íbamos acompañados de la propia luz, sino guiados por la luz de Cristo.

Toda la celebración ha sido la experiencia del paso de las tinieblas, con las que hemos entrado en el templo, hasta llegar a esta luminosidad de toda la catedral. Cuando finalmente se han encendido todas las luces, parecía como si este hermoso y gran templo fuera un gigante, que se despertara de un sueño; simbolizando el despertar de Resurrección de la Muerte de Jesús.

Hemos escuchado una lectura del libro del Éxodo, en la que el pueblo sale de Egipto, de la esclavitud, y cruza el Mar Rojo hacia una nueva vida. Ese Mar Rojo es símbolo de nuestro bautismo; es símbolo de una vida nueva. Ya creados y venidos al mundo, a la vida, por nuestro pecado quedamos esclavizados. Pero el Señor nos cambia y nos redime. El paso del Río Jordán es simbolismo del paso bautismal, del paso del pecado a la gracia.

3. Todos nos hemos unido a este despertar a la vida, a este volver a la gracia, a este gozar de la luz, después de pasar por las tinieblas del pecado y de la muerte. Es toda una sintonía y armonía de Palabra de Dios y de gestos.

Hemos escuchado en las lecturas bíblicas de la historia de la salvación, comenzando por la creación de cosmos. El Señor nos ama; el Señor nos ha regalado la vida. Y el Señor, tras regalarnos la vida, nos regala el perdón del pecado y nos ofrece sus Espíritu. En primer lugar nos hace gozar de la vida.

La creación entera ha salido hermosa, armónica y perfecta de las manos de Dios. Ha sido el hombre el que ha introducido el desorden en ese cosmos ordenado del Señor; pero Dios no se cansa de nosotros.

Después de crearnos, darnos la vida y ofrecernos un mundo armónico, cuando lo hemos estropeado, el Señor ha querido recomponerlo. Cuando nos alejamos de Dios, quiere volver otra vez a nosotros; y, aún más, nos prepara para que nosotros volvamos a Él. Todo esto es lo que estamos celebrando esta noche.

4. Hemos escuchado la lectura del profeta Ezequiel (cf. Ez 36,16-28), que nos decía que  desde todos los países dispersos el Señor congrega a todas las naciones, bajo un solo pueblo y una sola familia, haciendo cambiar el corazón de piedra en corazón de carne, transformando al hombre.

Esta noche queridos hermanos, tenemos dos catecúmenos, que van a ser bautizados. Dos adultos, que van a recibir las aguas bautismales. Los dos están aún en Egipto; aún no han cruzado el Mar Rojo; pero esta noche, con las aguas bautismales, el Señor les hará cruzar de las tinieblas a la vida, de la ignorancia a la sabiduría, de la no-fe a la luz de la fe.

Eso es lo que vais a recibir, estimados Armando y Bruni: la luz de la fe, la recreación que el Señor quiere hacer con vosotros; que ya hizo a cada uno de nosotros en nuestro bautismo.

Esta noche queridos hermanos, tenemos dos catecúmenos, que van a ser bautizados.

5. En otro pasaje, Ezequiel (cf. Ez 37,1-8) nos presenta la transformación de unos huesos secos en carne viva. El sacramento de la confirmación, que es donación del Espíritu, y que los dos catecúmenos recibirán después del bautismo es el sacramento de la transformación.

Una vez hechos hijos de Dios, el Espíritu les marcará con una señal indeleble y les configurará a Cristo. Moldeará la imagen de Cristo en ellos. Los conformará y los configurará a Jesucristo.

Eso es lo que el Señor también hizo  con cada uno de nosotros en el sacramento de la Confirmación.

6. Esta Noche es santa y dichosa. Una noche, en la que debemos dar gracias a Dios por la vida que nos dio, por la fe que nos regaló, por el amor que nos tiene; porque nos ha enviado a su Hijo Jesús, que ha muerto en la cruz por amor a nosotros, y que hoy celebramos la Resurrección gloriosa.

Y esta resurrección nos invita a resucitar con Él. Injertados por el bautismo en la muerte de Cristo, también nosotros resucitamos con Él a la vida (cf. Rm 6,4). De la mano de Jesús pasamos de las tinieblas a la Luz: eso es lo que ha simbolizado esta noche bautismal, esta noche de la luz y del gozo.

7. Demos gracias a Dios por su gran amor, por la vida que nos ha regalado, por los sacramentos de la iniciación cristiana, que nos ofreció a todos y que hoy ofrece a nuestros dos catecúmenos y a tantos catecúmenos de toda la Iglesia católica, Iglesia Universal.

Hoy los catecúmenos recibirán las aguas bautismales; recibirán la plenitud del Espíritu en el sacramento de la Confirmación y participarán del banquete eucarístico, el Pan de Vida, el Pan para el desierto, el Cuerpo y la Sangre de Jesús, hechos sacramento de amor.

Vamos a proseguir, pasando a la liturgia bautismal.

Recordad, cuando presenciéis la bendición del agua, todo lo que significa el paso del Mar Rojo, el paso del río Jordán y nuestro bautismo. El paso para ser hijos de Dios, miembros de la Iglesia, e injertados en la vida de Jesucristo. Que así sea.

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