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50 Aniversario de “Cursillos de Cristiandad” (Capilla Seminario - Málaga)

Publicado: 02/05/2010: 675

ANIVERSARIO DE LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD.

(Capilla del Seminario-Málaga, 2 mayo 2010)

Lecturas: Hch 14, 21b-27; Ap 21, 1-5a; Jn 13, 31-33a.34-35.

1. Hemos visto en la lectura del libro de los Hechos que Pablo hace un giro, yendo de una iglesia a otra, inspirado o empujado por el Espíritu Santo; visita ciudades de Asia Menor, donde él había creado comunidades cristianas. Después vuelve a pasar por ellas, para confirmarlas en la fe y reconfortarlas en momentos de dificultad. En este texto, al regreso a la Iglesia Madre, cuenta las cosas buenas, que han hecho gracias al Espíritu Santo.

El Espíritu, a través de su testimonio, había llevado la fe a los paganos. Este hecho podemos relacionarlo con el proceso, que los Cursillos de Cristiandad han tenido entre nosotros. Hoy celebramos los 50 años. Un feliz aniversario, unas bodas de oro importantes. Ha habido un proceso; la fe nos ha llegado por unos testigos, desde época romana. Esa fe unas veces se ha debilitado; en otros momentos, en cambio, ha crecido más, incluso se ha robustecido. Lo mismo podemos decir de este tiempo, en el que Cursillos han estado presentes en nuestra querida diócesis de Málaga.

El momento inicial de toda comunidad, asociación o grupo es siempre de entusiasmo. Todo es  primaveral, como si surgiera la vida y el compromiso cristiano. Después puede haber momentos de cansancio, de persecución, de incomprensión; pero el Señor nos renueva siempre, como renovaba el ministerio de Pablo en estas primeras comunidades.

2. Hoy damos gracias a Dios por la presencia, siempre desde el Espíritu. Recordad que los apóstoles cuando van a la Iglesia Madre dicen: «El Espíritu a través de nosotros ha hecho estas cosas buenas» (cf. Hch 14, 27). Pablo y sus compañeros, Silas, Juan Marcos, y otros, no decían que eran ellos los que habían convertidos a los gentiles. El Espíritu ha hecho estas maravillas; el Espíritu, a través de nuestro ministerio y a través de nuestro testimonio.

A través de vuestra vida, el Espíritu, queridos cursillistas, ha hecho obras muy buenas en la Iglesia de Málaga: por  vuestro testimonio y fe, por vuestra presencia.

Hemos de dar gracias a Dios por las cosas buenas que el Espíritu ha hecho.  También agradecer que nos haya permitido ser instrumento suyo. Sin ufanarnos, nosotros recibimos la fe de otros testigos, nuestros padres, nuestros catequistas, cursillistas, religiosos, sacerdotes. Todos hemos recibido la fe de la Iglesia a través de un testigo de la fe. Es importantísimo ser testigo. El evangelizador, el cursillista, el catequista es un testigo de la fe, nada más y nada menos.

3. Vosotros habéis sido testigos; habéis sido instrumentos del Espíritu, para que otros se encontraran con Jesucristo; ese es el núcleo y la esencia de Cursillos. ¿Cuál es el objetivo? Que otro hermano mío no creyente, pueda encontrarse con Jesucristo y tener una experiencia de fe y aceptarlo en su vida. O que otros hermanos ya creyentes, tengan un encuentro especial y renueven su fe, y rejuvenezcan ese amor y brote de nuevo en ellos, como la primavera. La relación con el Señor es el objetivo de Cursillos.

Damos, pues, gracias a Dios por tantos brotes, por tantas flores, tantas primaveras eclesiales, que el Señor nos ha regalado en Málaga. 50 primaveras, 50 momentos de renovación; eso es un gran motivo de acción de gracias.

4. Voy a leer un texto de San Juan Crisóstomo, que atañe al testigo, al cursillista. Estamos hablando de un autor de siglo IV y conforme lea pensad en vosotros, los cursillistas, y veréis qué actualidad tiene; y eso que este santo varón no hizo Cursillos de Cristiandad: “Cristo nos ha dejado en la tierra para que seamos faros que iluminen, doctores que enseñen, para que cumplamos nuestro deber de levadura, para que nos comportemos como ángeles, como anunciadores entre los hombres, para que seamos adultos entre los menores, hombres espirituales entre los carnales afín de ganarlos. Que seamos simientes y demos numerosos frutos. Ni siquiera sería necesario exponer la doctrina si nuestra vida fuese tan radiante, ni siquiera sería necesario acudir a las palabras si nuestras obras dieran tan testimonio. Ya no habría ningún pagano si nos comportáramos como verdaderos cristianos”.

Este texto lo podría subscribir san Pablo, en ese giro que hizo por Asia Menor, contando esto mismo a los apóstoles. Pues esto es lo que todo cursillista debería poder decir.

Gracias a Dios por esto. Gracias a Dios por vuestro testimonio.

5. En segundo lugar, el libro del Apocalipsis nos ha presentado la visión de Juan, según en la cual Dios crea todo y recrea todo, haciéndolo nuevo: «Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva (…). Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo (…). Y oí una gran voz desde el trono que decía: «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el Dios con ellos será su Dios. 4 Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor» (Ap 21, 1-4).

¿No es ésta la primavera, de la que hablábamos? ¿No es ésta una primavera de la Iglesia? ¿No es esto una primavera del mundo y de la sociedad?

Si realmente los cristianos y los cursillistas somos testigos, como decía antes San Juan Crisóstomo, podrá haber una más bella y fecunda primavera en nuestra Iglesia, en nuestra sociedad.

6. Los valores y la forma de vivir de nuestros paisanos es diferente. Lo de ser luz, lo de ser testigo y faro nos toca a nosotros. Para que haya una renovación de la sociedad, tenemos a Cristo. Como decían los cursillistas: “Cristo y yo, mayoría absoluta”. No está en nuestra fuerza, tenemos a Jesucristo; con Él todo lo podemos, mayoría absoluta y más.

Esto es lo que estamos celebrando, queridos hermanos. 50 años de este tipo de vida, de este anhelo de vivir cerca del Señor, de seguir sus pasos, de ser levadura en medio de la masa, de proyectar la luz de Cristo, pero no la nuestra.

Lo que ha sido acción de gracias en estos 50 años debe ser también tarea de futuro. No estamos aquí solamente para celebrarlo y terminara. Estamos aquí para seguir haciendo el bien, que el Señor quiere, como testigos suyos.

7. En la oración colecta, que es preciosa, hemos rezado, al comienzo de la Eucaristía, lo siguiente: “Señor, tú que nos has hecho creer en Jesucristo, míranos siempre con amor de Padre y haz que vivamos la liberad verdadera”. Hay muchas libertades en nuestra sociedad: La libertad verdadera es la de Cristo, que nos hace libres (cf. Gal 4, 4-7).

Le hemos pedido también: “Y concédenos vivir la herencia de los santos”.  Esta tierra nueva y este cielo nuevo pasa por dejarnos amar por Dios con su amor de Padre. Hoy le pedimos, que nos haga amar la libertad verdadera, ser testigos de  Señor intrépidos, valientes, sin cadenas, sin ataduras, sin miedos. Después que no regale la herencia eterna, de la cual la Eucaristía es prenda anticipada.

8. Y finalmente, el texto del Evangelio de san Juan nos recuerda lo que el Señor Jesús, dijo a sus íntimos: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13, 34).

San Agustín, un profundo pensador cristiano, además de un gran santo, se ha preguntado muchas veces por este tema. En un tratado sobre el evangelio de San Juan y luego en algún sermón trata este texto e intenta desentrañarlo. Se pregunta si el Señor conocía ya la Ley; la Ley decía que había que amar al prójimo. ¿Por qué el Señor lo llama mandamiento “nuevo”, cuando conoce su antigüedad? Un mandamiento nuevo os doy: “que os améis unos a otros”. Eso era antiguo; ya estaba en la Ley de Moisés. ¿Por qué, pues, lo llama nuevo? Vuelve a interrogarse ¿Tal vez será nuevo, porque despojándonos del hombre viejo nos ha revestido del hombre nuevo?

Si os dais cuenta, es la misma idea que estábamos diciendo de la primavera de la Iglesia, de que Dios hace nuevas todas las cosas. ¿Por qué es nuevo? Porque nos ha quitado el hombre viejo y nos ha revestido de hombre nuevo; somos criaturas nuevas.

9. Hay otra novedad: No se trata sólo de que el hombre obedezca, se renueve, busque las cosas; sino que es importante la característica de la caridad.

¿Por qué es nuevo el mandamiento? Porque se trata de amar como Cristo amó; ésa es la novedad. Nadie ha amado como Jesús; nadie ni antes de Él, ni después de Él.

Jesús es el hombre inocente, que ha dado su vida por los pecadores; un no culpable, que ha cargado con la cruz de la humanidad; un hombre que nos ha amado y nos ha revelado hasta el extremo, como dice Juan, el amor del Padre. Ésa es la gran novedad, que  Cristo nos la regala a nosotros; con este regalo nos ha hecho hombres nuevos. ¡Sed, queridos cursillistas, hombres nuevos!

10. Aquí hay dos coincidencias: una litúrgica y otra temporal. Estamos en el tiempo litúrgico de la Pascua. La Pascua es la renovación, la superación del pecado y de la muerte, la resurrección de Jesucristo.

Celebramos la gran renovación de la humanidad, la gran primavera de la Iglesia y de la humanidad. Temporalmente estamos en la estación de la primavera. Por tanto, los cursillistas no podéis más que sintonizar con estas dos primaveras y ser una tercera primavera de renovación para nuestra diócesis.

Vamos a pedir a la Virgen, Santa María de la Victoria, nuestra Patrona, que ha renovado el mundo con su “sí”, con su obediencia filial. Ella ha dicho “sí” a la propuesta de Dios; y su “sí” ha renovado la humanidad. Le pedimos que el Espíritu nos renueve y favorezca una renovación de la Iglesia, sobretodo en nuestra Iglesia diocesana. Amén.

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