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Jornadas de Vicarios y Delegados diocesanos de Pastoral (Ávila)

Publicado: 03/05/2010: 575

JORNADAS DE VICARIOS DE PASTORAL

(Ávila, 3 mayo 2010)

Lecturas: 1 Co 15, 1-8; Jn 14, 6-14.

1. En estas Jornadas de reflexión sobre la pastoral con jóvenes las lecturas de hoy, en la fiesta de los Santos Felipe y Santiago, nos ofrecen el proceso de fe, del que estamos todos preocupados u ocupados en trabajar con los jóvenes; y por otra parte, el contenido de la fe.

Respecto al primero, oyendo esta mañana al ponente me he alegrado porque, al final, ha propuesto en toda esta pastoral lo importante de exponer y explicar el Kerigma y de centrar la espiritualidad en la vida interior, como centro de nuestro proyecto de trabajo.

Pablo en la Carta a los Corintios que acaba de ser proclamada nos habla de este proceso y utiliza cuatro verbos, cuatro términos para describirlo, dice: «Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados» (1 Co 15, 1-2a) Hay un evangelizador, hay un testigo que proclama.

2. El primer momento del proceso es la proclamación del Evangelio. Como dice Romanos: Si no hay nadie que proclame, no hay nadie que escuche y no hay nadie que acepte (cf. Rm 10, 14). Hay que proclamarlo claramente.

El segundo momento es la aceptación de la Palabra predicada: tiene que haber una proclamación, pero tiene que haber una aceptación, para que el proceso llegue a término.

El tercer momento del proceso es la permanencia. El Evangelio aceptado por la fe, fundamenta la existencia, fundamenta vuestra vida; la clásica definición de fe es: “esperandarum substantia rerum”: es decir, es lo que sostiene, lo que fundamenta todo, aunque no se vea.

Y el cuarto momento es la salvación recibida. Resumiendo, hay cuatro momentos: proclamación, aceptación o adhesión, fundamentación y salvación. Este es el proceso que nos preocupa de cara a los jóvenes.

Después hace Pablo una advertencia y tiene una duda: «si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano!» (1 Co 15, 2b). Si conserváis el Evangelio que predicó Pablo os salvaréis; sin embargo, si habéis conservado otra cosa, que no es lo que predicó Pablo, ya no es el Evangelio que salva; y, de este modo, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.

Aquí tenéis un proceso, en esta primera carta a los Corintios, muy claramente marcado y que debe ser modelo del proceso que nosotros queremos hacer con los jóvenes.

3. El segundo tema era sobre el contenido de la fe. Este Evangelio, ¿qué contenido tiene? Encontramos la respuesta en el Evangelio de Juan, cuando Jesús mismo se define «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Jesús no es un simple maestro que indica dónde está el camino.

En muchas de nuestras catequesis presentamos a Jesús como el Jesús histórico, el Jesús amigo, el Jesús amigo, el Jesús maestro, el Jesús taumaturgo que cura y sana.

Desconozco si nuestros destinatarios llegan al final a adherirse a Jesús Camino, Verdad y Vida, a Jesús-Dios, a Jesús revelación plena del Padre; no a un Jesús que solo enseña verdades sobre la vida eterna.

La adhesión debe ser a Jesús, el Hijo de Dios, que muestra plenamente el amor del Padre. El objetivo es creer en Él, adherirse a su persona, que es ya una prenda de vida eterna.

Jesús no es un simple maestro que indica el camino; Jesús es el Camino, que hay que recorrer; es el único puente al Padre; Jesús es la manifestación plena del Padre: «Quién me ha visto a mí, –le dice Jesús a Felipe– ha visto al Padre. Si no acabáis de creer en lo que Yo os digo, creer en lo que Yo hago, creer en las obras» (Jn 14, 9-11).

4. Resumiendo, esta fiesta de Santiago y Felipe nos anima en las dos lecturas bíblicas, la de Pablo a los Corintios y la del Evangelio de Juan, a re-centrar nuestro trabajo y la tarea pastoral con jóvenes en un proceso, que debemos terminar y que a veces no se acaba de terminar; ese es nuestro gran problema. Da la impresión de que muchos jóvenes no se adhieren a Jesucristo. Jesús sigue siendo su gran amigo, pero hay que dar el paso de la fe, la adhesión a la persona de Jesucristo.

Pedimos a los dos santos que hoy hacemos su fiesta, los Apóstoles Felipe y Santiago, que nos ayuden a hacer esta tarea que el Señor nos encomienda, como ellos la hicieron y como lo hizo san Pablo.

Y también pedimos a la Virgen María, que vivió de una manera singular la relación con Jesús y su adhesión a la fe. Por su solícita maternidad pedimos su intersección, para que nos ayude a completar la obra que el Señor nos ha encomendado en este trabajo de evangelizadores. Que así sea.

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