DiócesisHomilías

Confirmaciones de alumnas del Colegio “Sierra Blanca” (Santuario de Santa María de la Victoria (Málaga)

Publicado: 02/06/2010: 633

CONFIRMACIONES EN EL SANTUARIO

DE SANTA MARÍA DE LA VICTORIA

(Málaga, 2 junio 2010)

Lecturas: 2 Tm 1, 1-3.6-12; Mc 12, 18-27.

1. Hemos escuchado un sabrosísimo texto de la segunda carta que escribió Pablo a su amigo y discípulo Timoteo, a quien nombró obispo, poniéndolo al frente de una comunidad cristiana, que Pablo había fundado.

En la ordenación de obispo, como en todo sacramento, hay unos signos; el principal es la imposición de manos. También  cuando se ordena a un sacerdote se realiza este gesto. Ese mismo gesto voy a realizarlo hoy sobre vosotros, porque es el gesto de la donación del Espíritu.

2. Vamos a aplicar ahora lo que le dice Pablo a Timoteo, que tiene una gran actualidad para nosotros. En primer lugar Pablo se presenta como heraldo del Evangelio: «Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la promesa de vida que está en Cristo Jesús» (2 Tm 1). Este es el título que tiene Pablo: ser anunciador y pregonero de la buena noticia, que es el Evangelio.

Con ese título le hace varias recomendaciones a Timoteo. De ellas retomo ahora tres. En la primera le dice: «No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor» (2 Tm 8a). Primero se ha presentado Pablo como heraldo y pregonero, como apóstol y enviado, para anunciar el Evangelio. Toda la vida de Pablo gira en torno a su misión de apóstol. Pablo recorre el mundo de entonces predicando el Evangelio sin cesar, a pesar de los peligros, acechanzas, cárceles, azotes; pasa por muchas peripecias e incluso por naufragios en el mar y persecuciones. Sufre de todo por el Evangelio.

Pablo anima a Timoteo a no tener vergüenza de hablar de Jesucristo. Puede que nosotros tengamos vergüenza de manifestarnos como cristianos. Vosotras, candidatas al sacramento de la confirmación, es probable que en el ambiente del Colegio de Sierra Blanca no tengáis vergüenza de decir que sois cristianas, porque os desenvolvéis en un ambiente cristiano. Pero no es lo mismo cuando salís con los amigos y amigas; cuando os relacionáis con las gentes del barrio y de la ciudad; cuando vais a otros ambientes diferentes, que tal vez no aceptan la fe en Jesús. En nuestra sociedad hay muchos ambientes donde no se quiere oír hablar del Evangelio de Jesús. Hoy no está bien acogida la Buena Noticia; más bien puede haber una burla ante quien se profesa cristiano.

3. El primer consejo que Pablo le da Timoteo es: No te avergüences del Evangelio (cf. 2 Tm 8a). Probablemente vuestros padres, familiares, profesores, entiendan mejor lo que he querido decir sobre nuestra sociedad, que no se acepta fácilmente el anuncio del Evangelio. No es una sociedad que propicia la acogida, que está dispuesta a escuchar lo que dice Jesús. Hay rechazo del Evangelio en diversos ambientes: en el ambiente del trabajo, en el ambiente social, en el ambiente político.

No nos avergoncemos del Evangelio, queridos cristianos, y menos en este tiempo, en el que se requiere un testimonio auténtico de la fe en Jesucristo.

¿Para qué vais a recibir el sacramento de la confirmación? Para tener la fuerza de no avergonzaros del Evangelio. Esa será una manifestación.

4. La segunda recomendación que hace Pablo a Timoteo: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio» (2 Tm 8). Prácticamente le dice: Anunciar el Evangelio me está costando mucho; estoy trabajando duro para anunciarlo; no es fácil hacerlo, porque hay mucha resistencia. Se nos invita a tomar parte en los duros trabajos del Evangelio. Es decir, anuncia el Evangelio donde estés; pon energía, ilusión, amor; y anuncia a Jesucristo a quien amas y en quien confías. Lo anunciarás con valentía cuando Jesucristo sea tu Salvador.

Si Jesucristo fuera para vosotras una simple idea, un simple contenido, como puede ser los contenidos de historia, de matemáticas o de filosofía, significaría que no habríais llegado al auténtico Evangelio. Si Jesucristo es solo un simple personaje histórico, del que conozco algunas cosas, como puedo conocer cosas de Colón, de Ataúlfo, o de cualquier personaje histórico, no cambiará mucho mi vida. Si para mí es un simple personaje histórico, no me trasformará desde dentro; quiere decir que aún no me he encontrado con Jesucristo.

5. Os podía hacer la pregunta: ¿Quién es para vosotras Jesucristo? ¿Un simple hombre histórico, un personaje más, un amigo, un taumaturgo, un buen hombre, que pasó haciendo el bien? Si sólo es eso no hemos llegado al núcleo de la fe. Si Jesucristo no es para ti el Hijo de Dios hecho hombre, no has llegado a la verdad de Jesucristo. Si Jesucristo no es mi Salvador, que me perdona mis pecados, no he llegado al núcleo de la fe. Si Jesucristo no da sentido a mi vida, aún no estoy donde tengo que estar.

Hay una gran diferencia entre conocer a Jesucristo como un personaje histórico, en un nivel puramente cognoscitivo-intelectual, y tener un trato personal con Él de amistad, de fe y de amor. Vosotras, ¿queréis llegar a creer en Jesucristo como Salvador y como Dios?

Tomad, pues, parte en los duros trabajos del Evangelio, como recomienda san Pablo a Timoteo. Pero no se podrá hacer eso, si antes no aceptamos a Jesucristo, como Dios y como hombre.

6. La tercera recomendación, que Pablo dice a Timoteo, es que recuerde la imposición de manos para recibir el Espíritu: «Reaviva el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos» (2 Tm 6).

A vosotras no os van a ordenar “sacerdotisas” no “obispos”; pero os voy a imponer las manos, para recibir el don del Espíritu Santo en plenitud.

San Pablo nos invita a reavivar el don recibido, para que no se apague; para que no sean cenizas los troncos que pusimos al fuego y que se han consumado y apagado. Hay que reavivar la llama del Espíritu: la que se os regaló en el bautismo y la que se os va a regalar esta tarde.

Este acto, que vamos a realizar, no debe ser un acto más, que termina aquí. La confirmación no es el culmen o el final de una etapa; la confirmación es, más bien, el inicio de una nueva etapa. Se os regala el don del Espíritu, para que seáis apóstoles, para que seáis pregoneros del Evangelio. No se os regala porque ha terminado una etapa de catequesis, que culmina con la confirmación y ahí se acabó todo. ¡Reavivad el carisma, que se os va a regalar esta tarde!

7. Finalmente, estamos celebrando esta Eucaristía y la confirmación en el Santuario mariano, por excelencia, de nuestra Diócesis. Nos acompaña la Virgen de la Victoria; nos acompaña la Madre de Jesús. No estamos solos en ese camino; la Madre nos ayuda, nos anima, intercede por nosotros y está a nuestro lado.

Confirmarse en este Santuario tiene que también una característica especial, por haberlo hecho junto a María. Le pedimos que os acompañe siempre. Ella no os dejará jamás de la mano, salvo que vosotras soltéis vuestra mano de la suya.

Los padres y las madres recordaréis más de una vez los gestos de vuestras hijas, cuando la llevabais de la mano; en ciertos momentos ellas quieren ser independientes y sueltan su mano de la vuestra. A lo mejor han querido caminar a vuestro lado, más o menos distantes, pero no cogidas de vuestra mano. ¿Cuántas veces ha ocurrido? Probablemente muchas veces. Ese gesto es muy humano, cuando es expresión de que uno quiere crecer y tener una autonomía respecto de sus padres; es un gesto legítimo. Pero eso no implica que se reniegue de los padres, sino que se toma distancia para vivir una autonomía.

Recordad en esos momentos que la Santísima Virgen está con todos nosotros. Ella nos tiende su mano. Desear ser autónomo y crecer es bueno; pero no sería bueno si renegáramos de la Virgen. Ella nos quiere acompañar y es bueno que nos acompañe siempre: no lo olvidéis. ¡Que Ella os proteja y os bendiga! Amén.

Más artículos de: Homilías
Compartir artículo