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Eucaristía con motivo del XVII Capítulo General de la Congregación de las Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús (Colegio Madre Asunción- Málaga)

Publicado: 16/07/2010: 638

CAPÍTULO GENERAL DE LA CONGREGACIÓN

DE LAS CARMELITAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

(Colegio Madre Asunción-Málaga, 16 julio 2010)

Lecturas: 1 Re 19, 1-10; Gál 4, 4-7; Sal 130, 1-3; Lc 2, 41-52.

(Fiesta de la Virgen del Carmen)

1. Estamos celebrando esta Eucaristía en el marco de vuestro Capítulo General de las Carmelitas del Sagrado Corazón, en el que os ponéis ante el Señor para escuchar qué es lo que os pide en este momento de la historia. Después de una cierta experiencia de medio siglo de trabajo desde el carisma de la fundadora, Madre Asunción, vosotros, sus hijas, os interrogáis hoy cómo ser más fieles al Señor en este momento. Y la fiesta de la Virgen del Carmen, que es solemnidad para vosotras como Congregación del Carmelo, nos puede dar unas pautas desde las lecturas y desde la fiesta.

Según me han dicho, vais a reflexionar sobre cuatro puntos: la espiritualidad, la fraternidad, la misión que tenéis y la organización o reestructuración de la Congregación. Yo fundiría en tres grandes dimensiones: espiritualidad, fraternidad y misión, porque para realizar esa misión hay que organizarse de un modo o de otro.

2. Tomado de la carta a los Gálatas, que acabamos de escuchar, San Pablo hace referencia a dos hechos claves para nuestra manera de ser o para nuestra tarea como cristianos. La primera es un hecho clave en la historia de la humanidad: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Gál 4, 4). Este hecho es históricamente incontrovertible y clave. La historia de la humanidad cambia; hay un antes y un después de la venida de Jesucristo, el Hijo de Dios a la tierra. Marca un hito importante. Dios ha querido encarnarse y es central la figura de Jesucristo.

De los tres puntos dos son esenciales para vuestra tarea y forma de ser. Los dos centrales o esenciales: no podemos dejar de tener en cuenta en nuestra misión; lo que significa Jesucristo hecho hombre. El Evangelio que predicamos es una persona: Jesucristo, el Hijo de Dios. La Buena Nueva no son ideas; la Buena Nueva es el anuncio de una persona llamada Jesucristo; eso es clave. Por tanto, el cristocentrismo tiene que ser central para todo cristiano y para vosotras. Cristo ha de ser, sin lugar a dudas, el centro del anuncio.

3. En referencia a la primera lectura sobre el profeta Elías, hemos leído unos versículos sobre la huída de Elías al Monte Carmelo. Dentro de unos días vais a celebrar a San Elías. Elías va al Monte Carmelo huyendo de Jezabel, la mujer del Rey, que está propagando el culto a los dioses Baales y a los profetas de Baal, a quienes Elías en un arranque de “santa ira”, dirían los orientales, los degüella a todos, a 450 profetas en el torrente Quisón. Elías huye porque se juega la vida. Jezabel ha promovido la idolatría, el desprecio al Dios único de Israel y Elías se ha mantenido entre los pocos, fiel a esa pureza de la religión de Israel (cf. 1 Re 18).

4. Si queremos trasportar esta situación, hoy hay muchas idolatrías, muchos pequeños dioses que nuestros contemporáneos adoran. Mantenerse firmes en la adoración a Cristo no está resultando fácil. Ese es un punto, por tanto, fundamental. Y hace referencia a vuestra historia carismática del Carmelo: la pureza de la fe, la esencialidad de la religiosidad cristiana, la importancia y centralidad de Cristo.

Este primer punto es esencial: Aceptar a Cristo en vuestro corazón; que sea realmente el centro de vuestra vida, con todo lo que significa la cruz de Cristo y el amor de Cristo.

5. El segundo punto esencial, que nos ha dicho Pablo en la carta a los Gálatas, es la filiación. Dice Pablo: «La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!» (Gál 4, 6). En ese Hijo somos hijos, y siendo hijos somos hermanos. Por tanto, aquí está la fraternidad. Ese es un punto en el que estáis trabajando.

La fraternidad proviene precisamente de la unión personal con Cristo, Hijo de Dios, que en Él nos hace hijos. Y haciéndonos hijos del Padre necesariamente somos hermanos.

6. Eso tiene sus consecuencias, porque no se trata de unas simples afectividades y quereres. Yo puedo elegir a mi amigo, pero yo no elijo a mi hermano ni a mi hermana, sino que los recibo como tales. Mi hermano es un don de Dios. Yo no lo he pedido, no lo he buscado. Dios lo ha puesto a nuestro lado. En ese sentido hermanos somos todos, de cualquier raza, condición, color, estatus social o situación. Y más aún, la fraternidad de dentro de la comunidad o de la Congregación.

Si tenemos presente esto resolveremos muchos obstáculos, tensiones o problemas, que tenemos en muchas comunidades. No nos hemos elegido; tenemos que aceptarnos mutuamente como somos y ayudarnos a ello. A veces creamos tensiones, porque creemos que todas las hermanas de mi comunidad tienen que ser mis amigas. Eso lo tenéis bastante claro. La fraternidad tiene otras perspectivas, es otra cosa. La fraternidad es otro punto esencial de la fe, del cristianismo y de cualquier congregación, y por supuesto de la vuestra.

7. Y el tercer punto sería el tema de la missio, de la misión, conjuntamente con la reorganización. Ese es más relativo. Durante 50 años habéis podido estar organizadas de una manera, con un tipo trabajo y con una forma de llevar a cabo la misión. Puede haber reformas y cambios.

Lo que no podemos perder es la misión, el carisma fundacional o la tarea que Dios nos ha encomendado. Tal vez la forma histórica de hacerla puede cambiar. La missio no, porque si se cambia la missio se cambia el carisma y se deja de ser lo que el Señor quiso que fuera. Y ese es un peligro de muchas congregaciones: adaptarse tanto a las circunstancias, que al final se diluye el carisma fundacional originario y se hace lo que hacen todos y nos dedicamos todos a lo mismo. Con lo cual, ya no hay identidad carismática.

8. Rezamos y rezaremos por vosotras, para que el Señor os ilumine para descubrir los caminos concretos de la missio, sin renunciar a lo esencial. Damos gracias a Dios por el don carismático que os ha regalado. Y le pedimos que seáis fieles en este momento histórico a ese don. Si tenéis que retocar cosas, reorganizar cosas, reorganizadlas. Si tenéis que dejar otras, dejadlas. Lo más importante es la fidelidad a lo que el Señor nos pide, siempre desde el carisma.

Tenéis una espiritualidad que a mí me gusta mucho; el Carmelo tiene una espiritualidad preciosa. No me refiero al Monte Carmelo de Elías en Palestina, en el que habréis estado seguramente, que es un monte con una cueva fumada de tanto humo y de tantas velas.

9. Me refiero más bien a lo que significa el Carmelo, el Carmen. ¿Habéis visto y visitado un “carmen”? Un “carmen” –podéis verlo en Córdoba sobre todo en primavera– es un jardín interior; no es un jardín exterior; no es una plaza pública; es un jardín, que está detrás de la casa, con árboles frondosos, con plantas, con sombra, con flores que invita a la interioridad, sobre todo a la contemplación y a la oración. Eso es un carmen.

Eso es un Carmelo y eso es la Virgen del Carmen, un jardín para Dios. No quiero desarrollar este tema, porque es propio de vuestra espiritualidad y la habréis meditado mil veces; un servidor solamente quería daros un flash. Desarrollad vuestra espiritualidad de Carmelo: Contemplación, silencio, escucha de la Palabra y la Palabra es Cristo. Volvemos a lo esencial.

10. Le pedimos a la Virgen del Carmen, hoy de un modo especial, que seáis “cármenes”, que seáis un jardín cada una de vosotras, un jardín como el que pinta la Escritura, donde el esposo se pasea, donde el esposo está a gusto, donde hay un diálogo con el esposo.

Desde esta perspectiva podéis releer a todos los grandes místicos en ese diálogo del Esposo y la Esposa. Y también el libro del “Cantar de los Cantares”, que expresa claramente vuestra espiritualidad carmelitana. ¡Leedlo y meditadlo!

Que la Virgen os ayude a ser como Ella: un carmen de Dios, un jardín de Dios. Que deis respuesta a lo que hoy os pide el Señor en esta sociedad cuasi pagana. Que la Virgen os acompañe y que os ayude en estos días de Capítulo. Que así sea.

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