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Fiesta de la Virgen del Carmen (Catedral-Málaga)

Publicado: 18/07/2010: 620

VIRGEN DEL CARMEN

(Catedral-Málaga, 18 julio 2010)

Lecturas: Gn 18, 1-10; Sal 14; Col 1, 24-28; Lc 10, 38-42

1. Estamos celebrando, queridos hermanos, esta Fiesta hermosa de la Virgen del Carmen, cuya imagen congrega, como podemos apreciar hoy, a muchos devotos, que se aclaman a la Madre en los momentos de gozo y en las situaciones difíciles y circunstancias adversas de la vida. La Virgen, Madre del Carmelo, cuida de todos sus hijos con solicitud maternal.

El pasaje del Evangelio, que hemos escuchado, nos presenta a dos hermanas: Marta y María, que expresan dos actitudes diversas, pero complementarias. Expresan lo que es la vida cristiana: es esfuerzo y acción, pero también es acogida y contemplación. En el proceso personal y comunitario de nuestra vida hay: camino y reposo, misión y comunión, acción evangelizadora hacia afuera y acción sacramental, trabajo y fiesta. Son dos aspectos complementarios, vinculados entre sí, con acentos y perspectivas de la misma realidad: la fe en  Jesucristo, el amor a Dios y a los hombres.

2. Marta estaba atareada en muchos quehaceres. La mayoría de nosotros nos vemos reflejados en esta Marta; no solamente las mujeres en sus tareas domésticas, sino también los marineros en sus faenas,  y los trabajadores todos.

Marta, un poco enfadada, se dirige a Jesús, porque su hermana María no le echa una mano en las tareas de la casa; y se queja al Maestro diciéndole: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude» (Lc 10, 40).

Pero Jesús le responde a Marta, dándole a entender que María no está perdiendo el tiempo. No podemos pensar que quienes se dedican más a la oración están inactivos y pierden el tiempo.

Recuerdo que, hace años, una Cofradía encargó a unas monjas un manto para la imagen de una Virgen y tenía prisa por tener el manto terminado. Las monjas, lógicamente, llevaban su ritmo de oración diaria y dedicaban una pequeña parte de su tiempo al trabajo manual, cosiendo y bordando el manto. Pasado un tiempo vinieron los de la Cofradía a pedirme que exigiera a las monjas que terminaran cuanto antes el manto. Entonces intenté explicarles algo parecido a lo que Jesús le explicaba a Marta. Las monjas habían elegido como tarea principal de su vida la oración, la contemplación y la escucha de la Palabra; el trabajo manual era solamente para subsistir, no para acumular dinero.

Cuántas veces muchos cristianos piensan que los religiosos, y sobre todo quienes viven en los monasterios, pierden el tiempo, porque no producen nada; esta sociedad de la producción no entiende qué hacen esas personas encerradas en un monasterio. En realidad las personas de especial consagración a la oración y a la contemplación están haciendo algo muy importante y esencial en la vida.

3. Ante la pregunta de Marta, la respuesta de Jesús fue: «Marta, Marta, tú te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada» (Lc 10, 41-42).

En la figura de María se destaca la contemplación, el amor íntimo, la relación personal, el diálogo, la escucha, el silencio interior. Por encima del servicio y la preocupación por la acción, está el valor absoluto de la Palabra de Dios. Se podría recordar la respuesta de Jesús en las tentaciones: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (cf. Mt 4, 4).

El cristiano valora la Palabra por encima de todo, viviendo con plena fidelidad personal a Aquel que le habla. Se trata de una actitud de intimidad amorosa y contemplativa.

Permitidme ahora unas preguntas: ¿Para qué sirven esos momentos de encuentro entre dos personas que se aman? ¿Para qué sirve contemplarse a los ojos? ¿Para qué sirve estar en silencio junto a la persona amada? ¿Para qué sirve decirle al otro “Te amo”? ¿Para qué sirve la escucha atenta del otro? Si buscamos la “utilidad”, todo eso no sirve para nada. Sin embargo, es fundamental para vivir. Si buscamos la “utilidad” de la oración, no sirve para nada; pero es  fundamental para la existencia cristiana. El fruto de acoger la Palabra es la intimidad y la familiaridad con el Señor.

4. ¿Cómo podríamos actualizar todo esto en pleno siglo XXI y en esta época del verano? Podemos hacer lo mismo que hizo la Virgen del Carmen, que es la mujer de la escucha y de la contemplación. Los devotos de la Virgen del Carmen están invitados a vivir como vivió Ella.

Podemos verlo en tres concreciones. La primera actualización, en este período de vacaciones, podría ser acoger a Jesús en el silencio y en la contemplación. El ajetreo de la vida, el trabajo y la actividad parece que nos absorben las energías y decimos que “no tenemos tiempo” para Dios. Pero ahora, en vacaciones, ¿por qué no dedicamos más tiempo a estar con el Señor? En tiempo vacacional podemos escucharle y contemplarle con mayor tranquilidad y sin agobios. Ahora podemos mirarle a los ojos y estar en silencio más tiempo ante Él.

Otra concreción podría ser la lectura y meditación de su Palabra. Os invito a elegir un libro del Nuevo Testamento y a leerlo reposadamente durante este verano. ¡Leedlo, saboreándolo! No hagáis una lectura rápida, para terminar pronto; degustad lo que os dice la Palabra. Es como cuando se recibe una carta de una persona amada y se lee, y se relee, saboreando las cosas hermosas que allí se dicen; y no se cansa uno de releer la frase que más le ha gustado o impresionado.

Y una tercera forma de aplicación sería la celebración de la Eucaristía, como el verdadero corazón de toda la vida cristiana. Se trata de celebrar la Eucaristía como el acontecimiento más importante del domingo; y no sólo ir a la Misa por cumplir. Algunas personas se pasan todo el domingo en la playa, o en lugares de descanso, y dedican media hora, al final del día, para ir corriendo a Misa. ¿Por qué no celebrar la Misa dominical como el “corazón” del día? Un corazón activado por el doble movimiento de sístole y diástole: de movimiento hacia afuera y de recogimiento interior, de fiesta y de reposo, de expansión misionera y de contemplación. Celebremos la Eucaristía como un corazón que palpita de amor, y que, meditando la Palabra, es capaz después de una actividad misionera y evangelizadora.

5. En el libro del Génesis hemos visto a Abraham, que acoge hospitalariamente a tres personajes; tres viajeros, que se acercan a su tienda. Abraham ve en esas personas la presencia de Dios.

El tema de la hospitalidad es otro aspecto, que podemos meditar en la fiesta de la Virgen del Carmen. Las dos lecturas, de Génesis y del Evangelio de Lucas, nos hablan de hospitalidad. Abraham hospeda a tres personajes, como presencia de Dios y recibe la bendición del Altísimo, que se concreta en la prole que nace de su mujer anciana. A Marta y María les vienen toda clase de bendiciones, cuando hospedan a Jesús en su casa. La Virgen María ha sabido acoger a Dios en su seno; y ha sabido también estar con los hombres; la Virgen del Carmen vive para el Huésped especial, que ha acogido en sus entrañas.

¿Cómo va nuestra hospitalidad? ¿Acogemos solamente al amigo, a quien nos quiere bien, a quien habla bien de nosotros, a quien nos favorece? ¿Está nuestro corazón abierto, como el de la Virgen, a todos? La Virgen acoge a todos: santos y pecadores, cercanos y extraños; a los apóstoles y al resto de discípulos. ¿A quiénes acogemos nosotros? Ser devotos e hijos de la Virgen del Carmen implica una apertura de nuestro corazón hospitalario.

6. La Fiesta de la Virgen del Carmen nos invita, queridos malagueños, a contemplar a María, la “Virgen del silencio y de la escucha”, como la ha llamado hace poco el Papa Benedicto XVI (cf. Angelus, Solmona, 4.VII.2010). Ella es modelo perfecto de obediencia a la voluntad divina, en una vida sencilla y humilde, orientada a la búsqueda de lo que es verdaderamente esencial.

El silencio y la escucha, en este mundo de ruido, es esencial. Las nuevas generaciones, como bien sabéis, no suelen guardar silencio; no están habituadas a escuchar; no se las ha educado en el silencio y la escucha y, por tanto, les resulta muy difícil el diálogo. No hay diálogo en muchas familias; no hay diálogo entre los mismos esposos; no hay diálogo entre padres e hijos; y eso es más importante que aportar dinero a casa. ¿Qué ofrecemos los mayores a las nuevas generaciones? Si sólo les ofrecemos bienes materiales y comodidad, no les damos lo más importante que un ser humano necesita.

La Virgen del Carmen mantuvo en su interior un ambiente de silencio y oración; Ella hizo de su corazón un jardín, un “carmen”, donde Dios se encontraba a gusto; donde ambos entablaban un fecundo diálogo de amor; donde el alma se encuentra con su Creador, para saborear dulces palabras de afecto. ¡Ojalá cada matrimonio y cada familia fuera un jardín de diálogo, en el que se viviera el silencio para poder escuchar a Dios!

Hagamos también nosotros, en nuestro interior, un espacio de silencio y de contemplación, que propicie el diálogo amoroso con el Señor. Cultivemos este jardín, como lo hizo la Virgen del Carmen.

7. Deseo traer aquí el testimonio de alguien que acaba de ser beatificado: “Con sólo dos palabras, un sí al amanecer y un gracias a la caída de la tarde, se puede hacer la más breve y perfecta oración... Rezar es reír, llorar, cantar, caminar, descansar y dar, todas las cosas juntas en una sola acción: amar”. La oración –decía- es “como el pan de cada día; uno no come y se muere; uno no reza y el alma se desangela” (Beato Manuel Lozano Garrido “Lolo”; elevado a los altares el 12 de junio de 2010 en Linares).

¡Que María santísima, queridos devotos, que supo escuchar en el silencio contemplativo la Palabra divina y animó con su presencia materna a la primera comunidad de los discípulos de Jesús, ayude hoy a la Iglesia a dar buen testimonio del Evangelio!

La Iglesia tiene presente hoy, en esta Fiesta, a todas las gentes que trabajáis en el mar; y como reza el lema de la Jornada de este año, está siempre animando vuestra fe, para enriquecer la vida de los hombres de la mar. Es esta misma fe la que da fortaleza a vuestra vida y os hace protagonistas de verdaderos actos heroicos, como habéis manifestado a lo largo de la historia.

Nos alegra la fe y el entusiasmo que ponéis, queridos malagueños, en la celebración de la fiesta de la Virgen del Carmen. Vuestras familias sembraron e hicieron crecer, con su palabra y su ejemplo, el cariño que sentís a la Virgen del Carmen; haced vosotros lo mismo. ¡Transmitid este preciado don a vuestros hijos! ¡Que no se pierda en Málaga la devoción a la Virgen del Carmen!

Querido hombre del mar, querido devoto de la Virgen del Carmen, ¡mira a la Estrella, mira a María! ¡Que ella avive vuestra esperanza! ¡Que Ella esté en el corazón de vuestra vida! ¡Santa María, estrella del mar, “Stella Maris”, ruega por nosotros! Amén.

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