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Curso de formación de las Juventudes Marianas Vicencianas (Colegio “La Marina”-Torre de Benagalbón-Rincón de la Victoria)

Publicado: 28/07/2010: 800

EUCARISTÍA CON OCASIÓN DEL CURSO DE FORMACIÓN

DE LAS JUVENTUDES MARIANAS VICENCIANAS

(Colegio “La Marina”-Torre de Benagalbón-

Rincón de la Victoria, 28 julio 2010)

Lecturas: Jr 15,10.16-21; Sal 58; Mt 13,44-46.

1. Esta Escuela de Agentes 2010 va a tener un significado especial por el aniversario que celebramos. Sois la Escuela del verano de los 350 años de la muerte de los fundadores. Por ello vais a recordar toda la vida que hicisteis la Escuela en Torre de Benagalbón en Málaga, en el 350 aniversario.

El esquema que tenéis de fondo, de reflexión de la Escuela, es el de seguir las huellas de San Vicente y Santa Luisa de Marillac, y actualizar ese carisma fundacional. ¿Cómo actualizar para hoy lo que Vicente y Luisa vivieron en su tiempo?

2. Todos sabéis perfectamente, puesto que vivís muy bien el carisma vicenciano, lo que significa la presencia del pobre, la presencia del necesitado en la vida de San Vicente. Quisiera exponeros ahora dos puntos muy concretos, que hemos escuchado en el libro de Jeremías, profeta, un hombre de Dios, que en su misión se encuentra con una situación difícil, y también se encuentra con pobres y con malvados que no quieren a Dios.

Dice Jeremías: «Se presentaban tus palabras, y yo las devoraba; era tu palabra para mí un gozo y alegría de corazón» (Jr 15, 16). No se concibe un santo sin alimentarse de la Palabra de Dios, palabra revelada, pero también la “Palabra”, que es Jesucristo. Si no hay un encuentro personal con Jesucristo no se concibe un santo. Si no tenemos ese encuentro personal con Jesucristo, nuestra tarea no tendrá fruto. Os animo a una reflexión, no solamente una lectura, de la Palabra de Dios.

Se puede hacer de muchas manera; aparte de lo que hacéis ya en grupos, como Movimiento, podéis hacer el compromiso como cristiano de leer el texto evangélico antes de la celebración, o meditar el texto del evangelio del domingo siguiente, o leer este verano un Evangelio: Mateos, Marcos..., un Evangelio, como gesto. San Vicente ha meditado la Palabra y de ahí ha sacado fuerzas, ha sido su alimento, de ella ha sacado la alegría de cada día.

3. Jeremías lamenta su nacimiento en ese diálogo que tiene con Dios; le dice que está harto y que ojalá no hubiera nacido: «¡Ay de mí, madre mía, porque me diste a luz varón discutido y debatido por todo el país! Ni les debo, ni me deben, ¡pero todos me maldicen!» (Jr 15, 10). Y Dios le dice: si consigues separar lo precioso de la escoria serás como mi boca (cf. Jr 15, 19b). Si consigues distinguir lo bueno, lo precioso, -hace referencia al Evangelio-; si descubres la piedra preciosa, el tesoro, si descubres lo que es bueno, lo que tiene valor según Dios, de lo que es escoria humana, serás profeta, serás mi boca.

Si conseguís distinguir lo que no vale, lo que es escoria, lo que nuestra sociedad vive, lo que muchos jóvenes de vuestras comunidades, lugares, ciudades, grupos de amigos viven y que no dan sentido a su vida; si distinguís eso de lo que realmente da sabor a la vida, de lo que es la piedra preciosa seréis mis testigos, seréis profetas.

4. Eso hizo también San Vicente de Paúl. Vamos a pedirle al Señor que nos ayude a vivir estas dos cosas: a que su Palabra sea la alegría de nuestro corazón y a saber distinguir lo que es precioso, lo que vale, de lo que es escoria.

Lo pedimos por intercesión de los santos, San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, de ambos. Y también pedimos la intercesión de la Virgen María, que supo afinar y discernir con gran sensibilidad lo bueno de la escoria. Proseguimos la Eucaristía pidiéndole al Señor todo esto. Amén.

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