DiócesisHomilías

Eucaristía con motivo del “Máster” de Pastoral Familiar (Casa Diocesana de Espiritualidad-Málaga)

Publicado: 01/08/2010: 505

EUCARISTÍA CON MOTIVO

DEL “MÁSTER” SOBRE LA FAMILIA

(Casa Diocesana-Málaga, 1 agosto 2010)

Lecturas: Eclo 1, 2; 2,21-23; Sal 89; Col 3, 1-5.9-11; Lc 12, 13-21.

1. El Señor hoy nos ha presentado dos formas de vivir distintas o dos preocupaciones. Al inicio de la carta de san Pablo a los Colosenses dice: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra» (Col 3, 1-2).

  ¿Cuáles serían las cosas de arriba y cuáles serían las de la tierra? Primero, ¿qué bienes son los de la tierra? (Responden unos niños: El vestido, la comida, el dinero). Todo lo que le pedís a vuestros padres: dinero, vestido, comida, los juguetes, las cosas, los viajes. Esas serían las cosas de abajo.

Y, las cosas de arriba ¿cuáles serían? Una que perdurara después de esta vida. Si son de aquí caducan: la comida, los bienes, los vestidos. Eso llegará un momento en que no nos harán falta. A ver, ¿algún bien que continúe después de la muerte? (Responden los niños: la alegría, el amor, la paz). Esos son bienes del cielo, de arriba y continuaran en el cielo.

Pablo explica esa conducta de vivir lo de arriba y lo de abajo con un ejemplo de un traje. Habla de “hombre viejo” y de “hombre nuevo” (cf. Col 3, 9-10). ¿Quién es el hombre viejo? No es el que tiene muchos años. El hombre viejo según san Pablo es el que se preocupa sólo de las cosas de abajo. El que en vez de tener al Señor como Dios o a Dios como su Señor, tiene otros dioses y va buscando otras cosas.

2. ¿Recordáis la parábola del Evangelio, la que ha dicho Jesús? Un hombre tenía muchos bienes y ganó muchos más. (Intervención de un niño: Esa lectura la he escuchado yo hoy en mi casa. Y cuenta que un hombre almacenó muchas cosas en una casa y después le dijo Dios: ¡Necio!, si vas a morir, no guardes tantas cosas que no vas a disfrutar).

Esa es la parábola que Jesús nos cuenta en el Evangelio. Aquel hombre que había estado toda su vida preocupándose de los bienes de aquí abajo y no de los de arriba, llega un momento que creía que lo tenía todo. Tenía los graneros llenos, tenía todo lo que necesitaba y pensaba que iba a disfrutarlo, a tumbarse y a gozarlo.

Pero el Señor dice: ¡Necio, esta noche vas a dejarlo todo; te vas a quedar sin nada! Lo que has acumulado, ¿quién lo va a disfrutar? Seguramente los otros (cf. Lc 12, 16-21). A lo mejor los padres aún pensáis que lo que acumuláis lo van a disfrutar los hijos. A lo mejor ni ellos.

3. Entonces el hombre viejo, el hombre que está en pecado, el hombre que su propia naturaleza le inclina hacia las cosas caducas y a la idolatría, ese hombre se preocupa de lo que es caduco, de lo que no sirve para después, de las cosas de aquí abajo.

Pero el hombre nuevo se preocupa de las cosas de arriba, de las que hemos dicho antes, las que permanecen después de la muerte, lo que es inmortal, lo que sirve para la vida inmortal. Las buenas acciones, el amor, la misericordia, la alegría, la paz todo eso sirve para después; eso es el hombre nuevo.

4. ¿Cuándo hemos sido hechos hombres nuevos? ¿Cuándo habéis recibido vosotros un traje especial, nuevo? Habréis estrenado muchos trajes, a lo mejor estas vacaciones vais a estrenar uno. Pero hubo un momento, en la vida de todos, en el que se nos regaló un traje especial. Y cuando el Señor nos lo puso fuimos criaturas nuevas, fuimos otra cosa, capaces de buscar esas cosas de arriba.

A ver, ¿quién sabe cuándo se nos regalo ese traje? (Responde un niño: en el bautismo). Muy bien, en el bautismo. Y se simbolizó con una vestidura blanca. Con el bautismo el Señor nos renueva; al hombre viejo lo deja a parte y nos regala la posibilidad de vivir como hombre nuevos, buscando las cosas de arriba.

5. Vosotros, ¿buscáis siempre las cosas de arriba o también las de abajo? Los padres, ¿buscáis solamente las de arriba? Las de abajo son necesarias, en el sentido de bienes que el Señor nos regala. En sentido de idolatría no, en sentido del hombre viejo, el egoísmo, el pecado, la maledicencia; es decir, todo tipo de pecado, eso no.

Una cosa son los bienes materiales, que también son regalo del Señor y lo necesitamos, y otra cosa es la conducta del hombre viejo, en el sentido de pecado. Todos necesitamos los bienes materiales, tenemos que comer, tenemos que vestirnos. Eso es positivo, eso es un regalo del Señor. Aunque no debemos poner toda nuestra ilusión y todas nuestras fuerzas sólo en eso, sólo para comer y beber, eso también lo hacen los animalitos y no tiene después vida eterna.

6. En el bautismo se nos regaló la vida nueva en Cristo, se nos dio un traje nuevo. Ese traje el Señor nos pide que lo mantengamos limpio. Si se ensucia hay que lavarlo. Y, ¿dónde se lava ese traje? Un traje limpio, blanco, impecable lo hemos ensuciado cuando hemos sido egoísta, cuando hemos reñido, nos hemos enfadado, no hemos obedecido. Lo hemos ensuciado. ¿Cómo se limpia ese traje y vuelve a ser blanco? ¿Cómo se lava? (Responde un niño: en la confesión). En la confesión, estupendo.

Por tanto, somos hombres nuevos, porque el Señor nos ha regalado ese traje nuevo. Tenemos la tentación de volver a ser viejos, de ser egoístas, pero tenemos el remedio que el Señor nos da de poder limpiar ese traje si se ensucia.

7. Quiero felicitar a los padres que vais a comenzar este curso, porque estar aquí haciendo este curso es una manera de buscar las cosas de arriba. Estáis demostrando que a lo mejor perdiendo unas vacaciones o dejando de hacer otras cosas, que os apetecerían, estáis aquí porque queréis formaros y apreciáis las cosas de arriba. ¡Enhorabuena! Mantened esa preocupación de querer vivir las cosas de arriba, como nos ha dicho Pablo en su carta los Colosenses.

Y ya que estáis aquí aprovecharlo al máximo y que no sea un estar recordando donde no estáis ahora. Si estáis aquí, estáis aquí. Disfrutad aquí y vivid con alegría. Es lo que deseamos todos para el curso que comienza hoy.

Vamos a pedirle al Señor que nos haga hombres nuevos y que busquemos las cosas de arriba. Son las dos cosas fundamentales de las lecturas de hoy: ser hombres nuevos, redimidos en Cristo y por Él, y buscar las cosas de arriba. Que así sea.

Más artículos de: Homilías
Compartir artículo