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Restauración de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (PP. Jesuitas-Málaga)

Publicado: 20/09/2010: 883

RESTAURACIÓN DEL TEMPLO DE LOS JESUITAS

(Málaga, 20 septiembre 2010)

Lecturas: Pr 3, 27-34; Sal 14; Lc 8, 16-18.

1. Damos gracias al Señor en este día en el que queremos agradecerle el haber renovado este hermoso templo y lo que significa para la Iglesia, y sobre todo para Málaga.

Hemos escuchado en la lectura del libro de los Proverbios una serie de términos antitéticos en los que se contrasta la actitud de aquel que intenta vivir lejos de Dios o de espaldas a Dios y del que desea vivir según los mandamientos del Señor. Y el contraste es que también Dios al que vive alejado de Él “lo aborrece” o lo castiga, o no lo tiene en consideración (cf. Pr 3, 32).

El “perverso” es el que se ha alejado por otras vías, que no son las que llevan al Señor; ha tomado otros derroteros, otros caminos. En esos caminos no encuentra el sentido verdadero de su vida; no se encuentra con Dios, sino sólo consigo mismo, con sus propios ideales y sus deseos. El que con su conducta más bien hace daño a los demás, porque busca sólo el provecho propio. En contraste con este perverso está el “honrado”, el que quiere vivir según Dios y tiene en cuenta al hermano.

2. El otro par de términos es “el malvado y el justo” (cf. Pr 3, 33). Las ideas son muy similares, pero con matices; el malvado no sólo se aleja de Dios, sino que hace daño al prójimo, a los hombres. Y el justo es el que intenta vivir según la santidad de Dios; el que intenta seguir sus leyes, conocer sus mandatos, vivir según la voluntad y los mandatos del Señor.

Y otro par de términos contrastados son “el necio y el sabio” (cf. Pr 3, 35). El necio es el que solamente vive de lo que cree él que es su sabiduría. El que ve las cosas desde su corta inteligencia, desde la mirada miope del hombre cuando no está iluminada por la luz de Dios. El sabido es el que es capaz de descubrir con la luz de Dios el sentido de las cosas y de la vida; el que descubre a Dios mismo como fundamento de todo; el que saborea con el Espíritu Santo lo que significa lo que significa la sabiduría, el don de Dios, la luz de Cristo o la luz que es Cristo.

3. Con esto nos invita la liturgia de hoy a buscar según la actitud del honrado, del justo y del sabido. El que está pendiente de Dios, el que quiere vivir según Dios y el que pone a Dios en el centro de su vida, rechazando las actitudes y acciones del perverso, del malvado o del necio.

Hoy celebra la Iglesia la gloria de unos mártires en Corea: Andrés, Pablo y compañeros mártires. Supieron dar la vida por esa sabiduría, por esa justicia, por esa santidad, por seguir a Jesucristo.

Pedimos su intersección para que nosotros sepamos también seguir las huellas del Maestro, quedar iluminados por la luz de Jesucristo, del Sagrado Corazón titular de esta Iglesia. ¡Que sea el Corazón de Jesús el centro de nuestra religiosidad, de nuestra vida, el centro de nuestra oración!

4. En el Evangelio se ha presentado la imagen del candil, que ha de alumbrar y que no debe estar escondida debajo de la cama o debajo de un objeto que no le haga visible (Cf. Lc 8, 16). La luz está puesta para iluminar. El candil está puesto para alumbrar a los de la casa.

Desearía tomar esta imagen para aplicarla a esta iglesia de los Padres jesuitas, a este templo que acaba de ser restaurado; y le pedimos al Señor que sea como el candil que alumbra la casa. Candil, ¿en qué sentido? El Padre Provincial nos han recordado en la monición de entrada la presencia de los padres jesuitas en Málaga desde 1572 y toda una trayectoria de presencia que ilumina como el candil, presencia evangelizadora, presencia que ha permeado no solamente desde el anuncio explícito del Evangelio en las eucaristías del templo; sino también el anuncio evangelizador en el campo cultural y educativo en los colegios que los padres jesuitas han regentado y siguen regentando hoy.

Pedimos al Señor que los miembros de las dos comunidades, tanto la de San Estanislao en el Palo, como la de aquí del Sagrado Corazón de Jesús, seáis cada uno de vosotros como un candil, candil que alumbra, candil que anuncia la Palabra, candil que ilumina el camino de los hombres.

5. Y centrándome más en el templo que ha sido restaurado y por eso damos gracias a Dios, quiero agradecer la presencia vuestra en nuestra Diócesis, concretamente aquí, donde habéis realizado y seguís realizando un servido de atención espiritual y de cercanía a todos los malagueños.

Aquí encuentran los fieles la posibilidad de recibir el perdón de los pecados diariamente; quiero agradecer ese servicio, porque necesario como es en la vida cristiana, a veces está descuidado por los fieles que no lo celebran o parte de algunos sacerdotes que no lo ofrecen.

Quiero agradeceros ese hermoso servicio que hacéis en el templo, en esta iglesia del Sagrado Corazón, de ofrecer a los fieles ese ministerio de la reconciliación.

Por supuesto agradezco la celebración que diariamente tiene lugar aquí en este templo hermoso, en el que se actualiza el misterio pascual de Jesucristo y proporciona a los fieles el alimento de la Palabra y el alimento de su cuerpo y sangre.

Deseo pediros que no cejéis en este servicio de ofrecer el sacrificio de Jesús en la cruz y de ofrecer el perdón que brota de la cruz salvadora en el calvario.

6. Finalmente, deseo felicitar a los jesuitas que hoy celebráis el cincuenta aniversario de vuestra ordenación. Cincuenta años del ejercicio del ministerio; un gran regalo para cada uno de vosotros, y un gran don para la Iglesia particular de Málaga, para la Iglesia universidad y también para la ciudad en la que nos encontramos. Os felicito de corazón y agradezco vuestra generosidad en la entrega ministerial.

Cinco de vosotros estáis presentes en esta celebración; hay cinco más que no están presente en este momento. Imagino vuestra vida ha ido por donde el Señor ha querido. A cada uno el Señor le ha deparado una misión, unos lugares donde ejercer el ministerio, unas comunidades cristianas en las que compartir la fe.

Quiero daros las gracias en nombre de todos los que han podido celebrar con vosotros, o participar de vuestro ministerio y recibir de vuestras manos las gracias y los dones del Señor. Lo hago en nombre de la Iglesia y de los fieles que han podido gozar del don de Dios a través de vuestro ministerio.

7. Además de agradeceros, deseo pediros que sigáis ejerciendo, en la medida de vuestras posibilidades, vuestro ministerio sacerdotal, al que el Señor os llamó. Cada uno ha ido realizando los distintos oficios o ministerios de enseñanza, de evangelización misionera, de regencia de comunidades jesuitas o de otro tipo de comunidades cristianas. 

Cada uno ha llevado a cabo su tarea en obediencia a la voluntad de Dios, mediatizada por el Superior. Los jesuitas tienen bastante claro, gracias a Dios, que el Señor encarga la misión a través del Superior correspondiente.

Agradeceros y pediros que sigáis siendo sacerdotes del Señor el tiempo que Él quiera concederos.

Y una última palabra al Padre Fernando, hasta ahora superior de la Comunidad. Agradecer su presencia entre nosotros y le pedimos al Señor por Él, para que, donde vaya, siga también amando a Dios y queriendo mucho a la gente que el Señor le va a poner cerca de Él.

Pedimos a la Virgen María, la Madre de Cristo y Madre nuestra, que nos ayude con su maternal intersección a ser fieles cada uno a lo que el Señor nos pide. Que así sea.

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