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Confirmaciones en la Catedral (Málaga)

Publicado: 11/12/2010: 853

CONFIRMACIONES EN LA CATEDRAL

(Málaga, 11 diciembre 2010)

Lecturas: Is 35, 1-6a.10; Sal 145; St 5, 7-10; Mt 11, 2-11.

1. Nos acercamos a la hermosa fiesta de la Navidad, en este tercer domingo de Adviento, llamado también “Gaudete”, porque la liturgia nos anima a alegrarnos. La liturgia de hoy nos dice: “Alegraos porque el Señor está cerca. Alegraos porque viene vuestra liberación y vuestra salvación. Alegraos porque de las tinieblas podéis salir a la luz. Alegraos porque de las cadenas que nos atan de nuestros egoísmos y de nuestro pecado podemos ser liberados”.

Queridos confirmandos, alegraros porque hoy vais a recibir la plenitud del Espíritu Santo. Un don especialísimo, el mejor don, el mejor regalo que podéis recibir después de la vida y después del bautismo es el que vais a recibir esta tarde. Al inicio de la Eucaristía hemos rememorado nuestro bautismo con el agua bendecida con la que hemos sido rociados y que nos hizo hijos de Dios y miembros de la Iglesia. Nos cambió de vida, nos dio una vida nueva, la vida en Cristo. Una vida nueva que lo es en la medida en que uno la asume. Por parte de Dios el regalo está dado: nos da una vida nueva, podemos vivir de un modo especial con fe, con esperanza cristiana, con amor, en sintonía con Dios, con alegría, con paz, con los frutos del Espíritu.

Pero tenemos que querer. Lo que vais a completar hoy es vuestra peregrinación de iniciación cristiana, culminaréis este proceso de los sacramentos de iniciación, aunque ya hayáis participado en la Eucaristía previamente, pero hoy ya culmináis el proceso.

2. Está presente el Cirio Pascual simbolizando la muerte y resurrección de Jesús, del cual tomaréis la luz, símbolo de la luz de la fe que se os regaló en el bautismo y que ahora vosotros queréis mantener encendida esa llama en vuestro corazón y ser testigos de ese evangelio en nuestra sociedad.

En este domingo de alegría el texto del Evangelio de Mateo, presenta un diálogo entre Jesús y los discípulos de Juan que le preguntan por su identidad. Y la respuesta de Jesús más que una respuesta verbal es una respuesta con hechos: “Id a decirle a Juan el Bautista lo que habéis visto y oído” (cf. Mt 11,4). No le respondió en teoría, Jesús actuaba, no solamente hablaba, hablaba para aclarar el sentido de sus acciones. Pero Jesús nos renueva y nos salva con gestos y palabras, Jesús actúa.

¿Cuál es la actuación de Jesús? ¿Qué acciones realiza Jesús? “Abre los ojos a los ciegos, hace oír a los sordos, cura al paralítico y al cojo, llena de alegría al desconsolado”. Los sentidos que el Señor nos ha regalado, Jesús con sus milagros los capacita y los potencia para escuchar su Palabra, para contemplarle a Él, Palabra de Vida, para acercarse en movimiento dinámico hacia Él dejando otro estilo de vida que no va en sintonía con el Evangelio.

Digamos que toda la persona humana, en sus sentidos y en su intencionalidad, antes de convertirse está mirando hacia otra parte: unos oídos que no escuchan la Palabra de Dios, que solamente escuchan cosas lisonjeras; una mirada, unos ojos que no contemplan la verdad, no contemplan a Dios, sino que contemplan la criatura y se van detrás de la criatura dejando al Creador; unos pies que no van dirigidos hacia Dios, sino toman otros derroteros que los desvían del camino principal que es Jesús.

3. ¿Qué está predicando Juan Bautista y anunciando la presencia de Cristo? Pregona una vuelta o un retorno, un acercamiento a Jesús. Cuando dice: “Allanad los senderos” (cf. Mt 3,3b) está diciendo: buscad el camino auténtico, el camino auténtico es Jesús. Nuestra sociedad está siguiendo unos derroteros que llevan a la ruina, que llevan al sinsentido, que llevan a la pérdida de lo más importante del hombre que es su salvación eterna.

Si uno es seguidor de las modas de nuestra sociedad seguramente no encontrará sentido a su vida. La llamada de Juan Bautista, la llamada del Adviento es “volvamos sobre los caminos que nos acercan a Cristo que viene.”

Escuchemos, abramos los oídos para escuchar su Palabra, abramos los ojos para contemplar su presencia entre nosotros, su presencia en la vida naciente, en la vida no nacida, en el enfermo, en el anciano, en el niño, en el necesitado; hay muchas presencias de Cristo que a lo mejor no vemos, porque estamos distraídos mirando otras coas. El Señor nos hace una llamada de atención para descubrirle y acercarnos a Él.

4. El Adviento nos ayuda a reflexionar sobre esa venida de Cristo que viene cada día a nosotros, que viene cada año en la conmemoración litúrgica, y nos anima a desprendernos de lo que nos estorba, a dejar lo que no da sentido a nuestra vida, a apartarnos de las tinieblas, de las cadenas, para dirigir nuestra mirada y nuestro corazón a Jesús. Él quiere estar con nosotros.

Esto es para todos, para todo cristiano, pero hoy de un modo especial para vosotros candidatos a recibir el sacramento de la confirmación. Y después enhorabuena. Hay un slogan que a mí me gustaría que circulara por toda la diócesis: “Ningún cristiano adulto sin confirmar”, porque si no se confirma no ha completado la iniciación cristiana, está a medias, es como estar en una minoría de edad, es como no tener la fuerza para asumir los compromisos cristianos bautismales.

¡Enhorabuena porque hoy pasáis a la mayoría de edad y asumís esos compromisos conscientemente! Pero no en plan de compromiso subjetivo, sino en plan de regalo objetivo, el Señor quiere concederos el don del Espíritu, la gracia del Espíritu, su fuerza.

5. El evangelio nos habla de los discípulos de Juan el Bautista. Las dos figuras claves de hoy: una, Cristo, de una manera explícita; y la otra en la sombra, porque está en la cárcel y no puede protagonizar el diálogo que ha habido, que es Juan Bautista.

Juan Bautista por ser precursor y pregonero de Jesucristo está en la cárcel, por ser un hombre cabal, fiel, veraz, libre, como lo es o debe ser todo cristiano. Juan está en la cárcel y porque no puede inter-dialogar con Jesús, lo hace con sus discípulos.

Juan bautizaba con agua, que era un bautismo de penitencia, de perdón de los pecados. Jesús se bautizó en ese bautismo de Juan y trasformó ese bautismo, y lo convirtió en un bautismo de don del Espíritu. Y en el texto de la semana pasada se nos recordaba que si Juan bautizaba con agua, Cristo bautiza con Espíritu Santo y fuego (cf. Mt 3,11).

6. Vosotros confirmandos hoy vais a ser “bautizados” con Espíritu Santo y fuego. Se os va a marcar con el sello del Espíritu, vais a quedar marcados a fuego. Es una marca indeleble para toda la vida, hasta la eternidad, igual que no se borra la marca del bautismo, no se borrará jamás la marca de la confirmación. Por eso, ambos sacramentos sólo se pueden recibir una sola vez, mientras que la Eucaristía en ella podemos participar muchísimas veces, todos los días. Vais a quedar sellados o marcados por el Espíritu, quiere decir que vais a asumir la vida del Espíritu, los dones del Espíritu, y vuestra vida debe dar los frutos del Espíritu.

Los dones que pediré en la oración por vosotros: el don de sabiduría, de inteligencia, de ciencia, de piedad, de dominio de sí, de amor de Dios, de fe. Esos dones llevan unos frutos: la alegría, la paz, la paciencia... No podéis ser cristianos tristes. Unos de los frutos del Espíritu es la alegría y la paz. Debéis ser pacificadores y protagonistas de la paz.

Hoy se os presenta delante una hermosísima misión, la que ya teníais en el bautismo pero ahora de forma más plena, más perfeccionada; os invito a que la asumáis y a que viváis con gozo el ser cristianos, sin tener vergüenza de declararos cristianos.

7. La lectura primera de hoy, del tercer domingo, era de Isaías en la que hablaba de que hay que fortalecer la mano y la rodilla que tiembla, no hay que tener miedo gracias a la fuerza del Espíritu, no por vuestra fuerza (cf. Is 35,3-4). Con las propias fuerzas llegamos a muy poco, todos necesitamos la fuerza del Espíritu.

Vamos a proseguir la celebración que es hermosa, los gestos son muy bonitos. A los demás fieles os pido que os unáis a esta oración de la Iglesia por los confirmandos, pidiéndoles que les renueve, que les fortalezca, que les cambie, y donde la vista está vacía que puedan ver a Jesús, que puedan escuchar con el oído abierto su palabra, que puedan caminar para ser mensajeros de paz y del Evangelio, que puedan realizar tantas acciones como testigos de la fe.

Le pedimos a la Virgen María, bajo la advocación de nuestra patrona, NªSª de la Victoria que nos acompañe en este caminar y que nos ayude a todos a celebrar unas hermosísimas y fructuosísimas fiestas de Navidad. Amén.

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