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Eucaristía con la participación de la Asociación Fe y Cultura (Málaga)

Publicado: 19/12/2010: 1319

EUCARISTÍA CON LA PARTICIPACIÓN

DE LA ASOCIACIÓN “FE – CULTURA”

(Málaga, 19 diciembre 2010)

Lecturas: Is 7,10-14; Sal 23; Rm 1,1-7; Mt 1,18-24.

(Domingo de Adviento IV-C)

1. En este IV Domingo de Adviento hay un contraste entre dos personajes: el que nos narra el profeta Isaías, que es el Rey Ajaz, y el que nos narra el Evangelio de Mateo que acabamos de escuchar, la figura de José. Ajaz un rey del Antiguo Testamento; José, naturalmente entra en el Nuevo Testamento. Digamos que a ambos el Señor les anima a aceptar la voluntad divina y a uno y al otro les pone a prueba. Cada uno responde de una forma distinta.

El rey Ajaz se ve amenazado por unos pueblos circundantes enemigos y el profeta Isaías, el hombre de Dios, le había dicho: “No te apoyes en las fuerzas de los que tú consideras amigos o con los que tú vas a pactar. No te apoyes en fuerzas humanas, no te apoyes en ejércitos, no hagas pactos con los pueblos cercanos para afrontar el ataque del enemigo. Fíate de Dios” (cf. Is 7, 4-9).

2. Ajaz no hizo caso, y pactó con el pueblo vecino pensando que con eso sería fuerte frente al ataque enemigo. Y es entonces cuando el profeta Isaías le dice a Ajaz: “Pídeme una señal”. Una forma de decir “pide una señal de la fuerza de Dios y no te fíes de las fuerzas humanas”. Ajaz dice: “No la quiero pedir”. Y sin embargo, el profeta le dice: pues si no la quieres pedir, el Señor te la va a dar (cf. Is 7, 11-14).

La doncella en el texto de Isaías, a la luz del Nuevo Testamento, está haciendo referencia a María y a Jesús. Pero en aquel momento, estamos hablando de casi 700 años a.C., estas palabras también tenían una inmediatez y podían, en el contexto de Ajaz e Isaías, estar referidas al hijo de una doncella que está encinta y va a dar a luz. ¿Podría ser la misma esposa del rey? ¿Podría ser de un personaje conocido? Podría ser.

En la Escritura un Testamento es tipo del otro; así la figura de Adán es figura de Cristo, la figura de Moisés es figura de Cristo, la figura de David también. Ese hijo del rey, ese hijo de doncella que en una historia inmediata está referida a una persona concreta está también referido al hijo de María, al Hijo de Dios, al hijo de Rey divino.

El rey Ajaz no quiere confiar en las palabras del profeta ni en Dios; y quiere pactar con otras fuerzas humanas. El Señor le da también la señal de la doncella que está a punto de dar a luz; es un gesto que el Señor hace a favor de Ajaz, aunque éste no quería señal alguna. Y el Señor le reprocha que no se ha apoyado en Él, ni en su palabra, sino que ha hecho pactos humanos. El Ajaz paga con el destierro no haberse fiado de Dios.

3. La figura de José. A José se le pone a prueba. Su esposa, en el sentido de novia para nosotros pero con desposorios hechos, se encuentra encinta y él no es el padre. Y José recibe en sueños un mensaje (cf. Mt 1, 20). Fijaros también otra diferencia: al rey Ajaz le habla en persona el profeta de Dios, Isaías; a José no le habla una persona, no le habla un enviado de Dios, ni un ángel, ni un profeta; a José se le revela en sueños. Digamos que podía ser menor la calidad del mensajero.

No es lo mismo que un mensajero te diga que Dios quiere esto de ti que tú lo percibas en sueños. ¿Y si esos sueños son un invento tuyo? ¿Cuántos sueños tenemos nosotros? ¿Son sueños todos del Señor? Pues a pesar de que por dónde le viene a José, en sueños como dice el texto, él se fía. Así como Ajaz no se fio, José se fía. Se pone en sus manos y obedece lo que el Señor le dice: toma a tu mujer y no tengas miedo de llevártela a tu casa. Y lo hace (cf. Mt 1, 24). Jesús de ese modo es cuando puede nacer, como hijo de David, porque aunque José no tenía parte ni arte, la genealogía venía por el padre.

Para que Jesús fuera hijo de David la genealogía tenía que venir por parte del varón, no por parte de María. Por ese motivo José juega un papel importante en la historia de Salvación haciendo que el Mesías provenga de la estirpe de David. Se cumplen las profecías que de David nacerá un vástago que será el Rey de Israel, el Rey de todos los Pueblos (cf. Is 11, 1-4). Por tanto colabora en la historia de Salvación en la medida en que el Señor se lo pide.

4. Aquí podemos sacar varias conclusiones o implicaciones para nuestra vida: primero, el grado de confianza que tenemos con el Señor. ¿Nos fiamos del Señor? ¿Incluso si nos lo dice un profeta, un hombre de Dios, o un hermano, una hermana de la familia, de la Asociación, de la familia cristiana de la fe? ¿Cuántos mensajes buenos y positivos nos pueden venir del buen ejemplo de otras personas, de una palabra iluminadora, de un momento de luz, de un retiro, de un rato de oración?

¿Cuántas cosas buenas el Señor a lo largo de cada año, por no decir de cada día, nos ofrece y nos regala? Tendríamos que fiarnos un poquito más de Dios. Los sueños es mejor dejarlos, porque no es probable que sean inspirados. Pero incluso cuando soñamos despiertos, cuando esos sueños, esos proyectos que hacemos como grupo, como asociación o como persona individual son sueños que están en sintonía con Dios, eso es también una inspiración del Señor.

Otra cosa es que la idea que hayamos tenido vaya en contra de la voluntad de Dios o en contra de su doctrina. Pero discerniendo si está en sintonía con el pensar de Dios, eso también es una inspiración del Señor. Por tanto, dejémonos inspirar por el Señor, acogiendo los mensajes que nos llegan a través de las mediaciones; y, por supuesto, los que nos llegan directamente a través de la Palabra divina, que escuchamos y leemos todos los días. Dejemos que las mediaciones de Dios entren a formar parte de nuestra vida espiritual; y aceptémoslas con discernimiento.

5. En segundo lugar, haciendo esto haremos lo que hizo José. José colabora en la historia de la Salvación, que no es una historia sólo para él; él entra en la historia como María y como nosotros, pero José participa, acogiendo a su esposa y al hijo que lleva en ella, a que Dios realice las maravillas que quiere realizar en la historia de los hombres. ¿Colaboramos nosotros en esa historia de Salvación que Dios quiere hacer con los hombres y con cada uno de nosotros?

Y la tercera cuestión, José acogió a dos personas: a María y a su hijo. Los acogió superando dudas, dificultades, miedos, los acogió. ¿Cómo es nuestra acogida del Señor y de los demás? ¿Cómo acogemos nosotros? ¿Con qué actitud nos ponemos delante del Señor y de otras personas? ¿Cómo son acogidas en nuestra vida?

6. Y la carta de Pablo a los Romanos viene como colofón a este planteamiento de la actitud de Ajaz y de José. Pablo se dice a sí mismo: «llamado a ser apóstol» (Rm 1,1) o en otras traducciones: “apóstol por vocación”. El Señor lo ha escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Pablo ha sido un instrumento elegido para pregonar la Buena Nueva.

En él se da la misma dinámica que en la Virgen María. La Virgen acoge la acción del Espíritu en Ella y por eso llega a ser Madre, se trasforma en Madre. Pablo acoge el Espíritu Santo para llegar a ser Apóstol y al final profesa el misterio de la Encarnación. Dice: “Este Evangelio al que yo he sido llamado a pregonar, este Evangelio permitido en las Escrituras Santas, se refiere a una persona que en lo humano es de la estirpe de David, José y María, y en lo divino es del Espíritu Santo, es Hijo de Dios” (cf. Rm 1, 1-4).

El anuncio que Pablo hace es de la persona de Jesucristo, en lo humano nacido de María, nacido de una mujer, naturaleza humana tomada de una mujer; en lo divino Hijo de Dios por el Espíritu. Esta es la profesión de fe que todos los cristianos tenemos que hacer ahora en Navidades. Creemos en Jesucristo hombre verdadero y Dios auténtico, nacido de una mujer pero Hijo de Dios por obra del Espíritu. Y agradecemos al Señor la presencia de esta persona especialísima, divina que es Jesús entre nosotros, el «Emmanuel», como nos ha recordado el evangelio de Mateo, el «Dios con nosotros», (Mt. 1, 23) el hombre Dios.

Su madre María supo acogerlo y José también, y Pablo que no lo conoció personalmente, también lo acogió como tal, como Hijo de Dios e Hijo del Hombre. Los tres personajes nos invitan y nos animan a que acojamos, sobre todo estos días, memorando el nacimiento, la encarnación del Señor, el nacimiento de Jesús, a Jesucristo en nuestro corazón.

7. Hemos empezado en el comentario de entrada diciendo que estamos acercándonos a la fiesta del nacimiento de Jesús y que la liturgia nos invita a acoger al Dios con nosotros, al Emmanuel.

Estos tres personajes, buenos y santos, María, José y Pablo, acogieron a Jesús de una manera diferente. Pablo no pudo acogerlo como María y como José, no tuvo contacto directo con él, pero lo acogió desde Cristo muerto y resucitado que es como podemos acogerlo nosotros. Vamos a pedirle en esta Eucaristía que los tres nos ayuden a saber acoger a Jesucristo que quiere venir a estar con nosotros, que quiere hospedarse en nuestra casa.

Y a propósito de casa, casa personal de cada uno y también casa grupal o familiar. Es bueno que se note que los miembros de esta familia, como tal familia, acogen al Señor, y sea testigo de ello no sólo individualmente, sino como grupo, como miembros de la misma familia.

Pues que el Señor, que quiere venir, sea bien acogido en nuestro corazón y que la Virgen María, José y Pablo de Tarso intercedan por nosotros para que sepamos acogerlo como ellos. Que así sea.

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