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Jornada Sacerdotal Diocesana (Seminario-Málaga)

Publicado: 23/12/2010: 1490

JORNADA SACERDOTAL DIOCESANA

(Seminario-Málaga, 23 diciembre 2010)

Lecturas: Ml 3, 1-4.23-24; Sal 24; Lc 1, 57-66.

1. El Señor, con palabras del profeta Jeremías, nos tranquiliza y nos anima diciendo que tiene sobre nosotros «designios de paz» y también un «porvenir de esperanza» (cf. Jr 29, 11). En este mundo, en nuestra sociedad en la que parece que el hombre está viviendo sin horizonte, sin trascendencia, sin una esperanza auténtica, sin una esperanza cristiana, sólo pone la esperanza en cosas limitadas o en cosas a corto plazo que quiere palmar, estamos llamados los cristianos, y de un modo especial los sacerdotes, a poner la sal del Evangelio, la sal en el alimento y la luz en las tinieblas. Un poco de esperanza, un poco de sentido de trascendencia.

Ese es el llamamiento más importante que nos pide el mismo mundo, poner un poco de esperanza cristiana y de la paz que es Jesucristo. Proclamar que Jesucristo es nuestra paz. Tenemos la experiencia de unas paces firmadas entre Estados o Gobiernos que sirven para muy poco, que son muy frágiles y esas paces se rompen con demasiada facilidad. Pedimos al Señor que llegue con su paz y que nos de esperanza a cada uno de nosotros y que sepamos trasmitir esa esperanza.

2. En las lecturas de la Eucaristía de hoy también se nos invita a dejarnos acrisolar y lavar como hace el lavandero con la lejía (cf. Ml 3, 3). No resulta fácil a veces dejar que el Señor actúe en nosotros, queremos sobresalir, ser protagonistas y dejar que sea el Señor el que protagonice la salvación a través de nuestro ministerio que, a veces,  parece difícil.

Pero hemos de dejarnos trasformar por Él, dejarnos derretir por su luz, por su sol, que nuestra mecha humeante no hace falta que alumbre, hace falta que sea Él el que alumbre, el que nos purifique, el que nos lave, el que nos limpie por dentro de todas esas cosas que impiden que El llegue a nuestro corazón. Que nos libere de los orgullos, los egoísmos, las dificultades que ponemos a su llegada. Pedimos también Señor que además de darnos esa esperanza cristiana y la paz suya, que nos trasforme por dentro.

3. Comprobamos cada vez más, estos días mismos en las calles de la ciudad, que el motivo principal de las fiestas navideñas a nivel social está desapareciendo. Nos hemos percatado de que las mismas luces y adornos son de motivos del periodo de invierno, de figuras más o menos tomadas de la naturaleza o de la cristalización de la nieve; pero progresivamente van desapareciendo los signos que podemos llamar los motivos centrales de la Navidad: la estrella, el cometa, el niño Jesús, los ángeles, las campanas.

Ya desde hace algunos años, se ha trabajado desde varias parroquias y varias diócesis, y aquí también se ha hecho en estos últimos años, el ir colocando en balcones y ventanas esas colgaduras que recuerdan el nacimiento, la figura no importa, una llamada para el que pase diga que hay ahí una familia cristiana que celebra el nacimiento de Jesús, que al fin y al cabo es lo que celebra también la sociedad, aunque no lo celebre en su sentido más genuino.

4. Quiero exhortaros a que a su vez animéis a vuestros feligreses a que, con signos externos, manifestemos y ayudemos a la sociedad a poner un poquito de sal, una presencia, aunque sea simbólica de que lo que estamos celebrando es la Navidad, que Jesús se ha hecho hombre entre nosotros, que Él es nuestra paz, que Él es el que nos salva de veras.

Podemos hacer dos gestos: el de poner esas colgaduras en los balcones o ventanas de nuestras casas invitando a los feligreses a que lo hagan; y el poner, por ejemplo, en las noches más significativas: la noche de Nochebuena, la noche de fin de año, o la noche anterior de la vigila de Reyes, esas tres noches, poner un luz encendida en nuestros balcones, una luz que llamee, es un signo pequeño pero que ayuda a la trascendencia. Y en este mundo nuestro, en esta sociedad que vive cada vez más a lo pagano, que pongamos un poco de signo cristiano y trascendente sin molestar a nadie.

También, con mucha delicadeza, pero permitidme que nos recordemos mutuamente la conveniencia de que nosotros mismos, en nuestra vida, manifestemos nuestra identidad sacerdotal, en nuestro estilo de vivir, en nuestro estilo de conducirnos, hasta incluso en nuestro estilo de vestir. Que no tengamos vergüenza en ir identificados en lo que somos, sobre todo en los lugares y en los tiempos en los que estamos, cuando ejercitamos el ministerio: visita a enfermos, en los entornos de nuestra parroquia... Creo que no se puede molestar nadie si también ponemos un poco de interés en ser nosotros mismos signos de la trascendencia.

5. Le pedimos a la Virgen María, la criatura que mejor hizo esta preparación del Adviento, la única criatura que supo realmente acoger a Jesús completamente, no sólo en su seno maternal, físico, sino también en su corazón, en su sagrario espiritual, que Ella nos ayude a acoger a Cristo que viene y a dar esta nota, este significado.

Como estamos terminando el año que es un momento de acción de gracias, podemos ahora, hacer silencio y agradecer lo que el Señor nos ha regalado este año: hemos vivido un año sacerdotal que terminó, hemos vivido la visita del Papa a España, en Santiago y Barcelona, hemos vivido muchos acontecimientos a nivel diocesano y es motivo de acción de gracias.

Os invito también a que hagáis una acción de gracias significativa, o bien el último día del año, el día 31, o bien otro día con vuestras comunidades, dando gracias por el año natural trascurrido, por todos los beneficios y las gracias que el Señor nos ha concedido.

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