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Encuentro Diocesano de la Juventud (Seminario-Málaga)

Publicado: 20/05/2017: 1787

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en el XXX Encuentro Diocesano de la Juventud, celebrado el 20 de mayo de 2017, en el Seminario de Málaga.

ENCUENTRO DIOCESANO DE LA JUVENTUD
(Seminario-Málaga, 20 mayo 2017)

Lecturas: Hch 16,1-10; Sal 99,1-5; Jn 15,18-21.

1.- Celebración del XXX Encuentro diocesano de Juventud

Celebramos en nuestra Diócesis el XXX Encuentro Diocesano de la Juventud bajo el lema “ÉL VIVE HOY”. Nos hemos reunido en el Seminario, donde se inició el primer Encuentro diocesano de jóvenes. Estamos delante de la fachada de la Capilla del Seminario, que construyó san Manuel González, obispo que fue de esta Diócesis entre los años 1915-1935. Él soñó con un nuevo Seminario, que ofreciera buena formación y profunda espiritualidad a los candidatos al sacerdocio de nuestra Diócesis, tan necesitada ya entonces de sacerdotes.

Damos gracias a Dios porque nos ha concedido celebrar durante estos largos años los Encuentros diocesanos. ¿Cuántos de vosotros participasteis en el primer Encuentro? (Levantan la mano algunos sacerdotes y fieles); ¿Cuántos participasteis en el Encuentro de hace veinte años? (Levantan también algunos sacerdotes y fieles); ¿Y cuántos estuvisteis en el Encuentro de hace diez años? (Levantan la mano unos pocos más). Queda patente que la mayor parte de los participantes son jóvenes, que participan desde hace pocos años.

Como preparación al Encuentro se han celebrado unas Jornadas formativas, en las que se ha dialogado sobre el pasado, el presente y el futuro de la pastoral juvenil en la Diócesis. En ellas han intervenido antiguos delegados y consiliarios de la Diócesis de Málaga. Han ofrecido también su reflexión Mons. Carlos Escribano, Obispo de La Calzada-Logroño y responsable de la Comisión de Juventud de la Conferencia Episcopal Española y el Rvdo.P. Koldo Gutiérrez, sacerdote coordinador de la pastoral juvenil de los salesianos en España. Agradezco su participación, como también a todos los presentes, sacerdotes, formadores y jóvenes.

2.- Anuncio del Evangelio por diversas ciudades

En el libro de los Hechos se nos narran las andanzas de los apóstoles, de modo especial de Pablo y sus compañeros, por las ciudades de la actual Grecia y Turquía: Derbe, Listra, Iconio, Galacia, Tróade y otras; son ciudades en las que ellos predicaban el Evangelio y «comunicaban las decisiones de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para que las observasen» (Hch 16,4).

La ciudad de Iconio en la actual Turquía se llama “Konya”. Estuvimos allí en una peregrinación hace unos años. Era una ciudad de unos doscientos mil habitantes, prácticamente todos musulmanes, salvo tres cristianos y medio: se trataba de tres religiosas francesas, que vivían en dicha ciudad y un sacerdote religioso que vivía lejos, pero iba periódicamente a celebrar la Eucaristía a las religiosas. Estos cristianos hablaban con jóvenes universitarios y con la gente que se acercaba a ellos; pero no podían regalarles ni siquiera un Biblia: les estaba prohibido.

La predicación de los apóstoles daba sus buenos frutos: «Las iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día» (Hch 16,5). Esperamos que el anuncio del Evangelio que nosotros hacemos, produzca también frutos de conversión.

El apóstol Pablo tuvo una visión: «Se le apareció un macedonio, de pie, que le rogaba: «Pasa a Macedonia y ayúdanos» (Hch 16,9). Y no dudó en desplazarse a «seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio» (Hch 16,10).

En nuestra sociedad hay también muchos “macedonios”, es decir, gente pagana que no cree en Dios, que vive sin sentido trascendente, que busca la felicidad en cosas pasajeras (bebida, droga, sexo), que solo piensa en el placer efímero, que pone su esperanza en el dinero, en la fama o en el poder. Estos “macedonios” pueden encontrarse entre nuestros colegas de instituto o universidad, entre nuestros amigos, familiares o compañeros de trabajo. San Pablo nos anima a anunciarles la “Buena Nueva” para que conozcan a Cristo, que es la Verdad, el Vida y el Camino (cf. Jn 14,6); él es quien nos ofrece la verdadera felicidad.

Somos testigos que Cristo resucitado vive glorioso. Como reza el lema de este año: “Él vive hoy”. Hay una canción que expresa esta verdad y dice así: “Él vive, Él vive”. (El obispo canta esta frase y la repiten los jóvenes).

3.- Estar en el mundo, sin ser del mundo

El Señor Jesús nos ha dicho claramente que nosotros no somos del mundo. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo; éste tiene unos criterios y un estilo, que contrasta opuestamente al estilo de vida que Jesús nos propone.

Por eso el mundo odió a Jesús y lo crucificó: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros» (Jn 15,18).  Un discípulo no es más que su maestro (cf. Mt 10,24); si al Señor lo han perseguido, no esperemos que la sociedad actual nos comprenda y nos felicite.

La simple presencia de un creyente en medio de gente pagana, resulta ya un testimonio y una denuncia de la conducta ajena. Jesucristo nos ha sacado del mundo para vivir con Él: «Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia» (Jn 15,19).

Queridos jóvenes, estamos llamados a ser testigos de la resurrección de Cristo. Él nos recuerda que «no es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15,20).

Os invito a cantar de nuevo el lema de este año: “Él vive, Él vive”. (El obispo canta esta frase y la repiten los jóvenes).

La Santísima Virgen María escuchó la llamada de Dios y puso su vida al servicio de la misión que se le confiaba. Le pedimos que nos ayude a escuchar la Palabra de Dios, para acogerla y llevarla a cabo. ¡Que Ella interceda por nosotros, para que seamos verdaderos testigos de Cristo en medio del mundo en que vivimos, sin ser del mundo! Amén.


 

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