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Aniversario de ordenación sacerdotal del Rvdo. Antonio Ramos (Villanueva del Rosario)

Publicado: 14/10/2017: 2026

ANIVERSARIO DE ORDENACIÓN SACERDOTAL
DEL RVDO. ANTONIO RAMOS
(Villanueva del Rosario, 14 octubre 2017)

Lecturas: Jr 1,4-10; Sal 88,2-5.21-22.25.27; Ef 4,1-7.11-13; Jn 15,9-17.

1.- Constituido profeta por Dios desde toda la eternidad
El profeta Jeremías recibió la palabra del Señor, que le decía: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones» (Jr 1,5).
Querido D. Antonio, fuiste constituido profeta, sacerdote y rey en el bautismo. Posteriormente, el Señor te consagró sacerdote para el ministerio presbiteral.
La misión recibida de Dios constituye al profeta como pregonero de naciones y anunciador de la palabra divina. El enviado se siente pequeño y pobre para desempeñar dicha misión: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño» (Jr 1,6).
Pero Dios le confirma en su tarea profética: «No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene» (Jr 1,7). Y le responde que no tenga miedo: «No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte ‒oráculo del Señor‒» (Jr 1,8).
Las palabras del profeta, desde ese momento, deben ser palabras de Dios: «El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo: Voy a poner mis palabras en tu boca» (Jr 1,9).
Y la misión del profeta no siempre es fácil: «Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar» (Jr 1,10).

2.- Acción de gracias a Dios por sus maravillas
Hoy damos gracias a Dios por las maravillas realizadas a través del ministerio sacerdotal de nuestro querido D. Antonio.
Con el salmo podemos decir: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades» (Sal 88,2).
El Señor hizo alianza con su pueblo, mediante su siervo David: «Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo» (Sal 88,4). Dios ha hecho también alianza con cada uno de nosotros.
A David lo ungió con óleo sagrado (cf. Sal 88,21), para que desempeñara su misión. A ti, hermano Antonio, también te ungió con óleo sagrado para que ejercieras el sacerdocio ministerial en favor de los hombres.
Fuiste ordenado en 1992 en la Archidiócesis de Hermosillo (Méjico). Después el Señor fue guiando tus caminos, al servicio de la diócesis de Málaga, diversos lugares: serranía de Ronda, Coín, Melilla, Málaga, Antequera; y últimamente sirviendo en estas parroquias. Desempeñaste variados cargos: párroco, arcipreste, vicario territorial. Pero ya sabemos que lo más importante es la fidelidad en la misión que el Señor nos confía.
Dios promete fidelidad y misericordia (cf. Sal 88,25) y una relación paternal con Él: «Él me invocará: Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora» (Sal 88,27).
¡Demos gracias a Dios por las maravillas que realiza en favor de los hombres!
¡Demos gracias a Dios por el ministerio sacerdotal que D. Antonio ha ejercido en favor de los hombres!

3.- Mantener la unidad del Espíritu
San Pablo nos anima a comportarnos «como pide la vocación a la que habéis sido convocados» (Ef 4,1); con un estilo humilde, amable, comprensivo, amoroso (cf. Ef 4,2).
Es importante esforzarse «en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz» (Ef 4,3), viviendo como un solo cuerpo (cf. Ef 4,4), y profesando: «un Señor, una fe, un bautismo; un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos» (Ef 4,5-6).
Cada uno de nosotros tiene una misión concreta, a la que no podemos renunciar: «Él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores» (Ef 4,11), para la edificación del cuerpo de Cristo (cf. Ef 4,12). Nadie debe desertar de su misión; pues lo que no haga él, no lo hará otro.
Pertenecemos a la única Iglesia de Cristo, que debe mantener la unidad sin divisiones, la fraternidad sin hostilidades, la colaboración sin personalismos.

4.- El mandamiento del amor
Jesús nos exhorta a permanecer en su amor y a guardar sus mandamientos (cf. Jn 15,9-10). De este modo viviremos la alegría de sentirnos amados y de amar a los demás.
El principal mandamiento es «que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 15,12). Hemos de hacerlo al estilo de Jesús, dando la vida por los demás (cf. Jn 15,13).
No somos ya siervos, sino amigos del Señor: «Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15).
El Señor nos ha elegido y nos ha destinado a dar abundante fruto (cf. Jn 15,16). El Señor te eligió, querido hermano Antonio, para ser sacerdote de Jesucristo y para que dieras fruto abundante.
Hoy pedimos al Señor que te mantenga fiel a llamada que te hizo para seguirle, para servirle y para cuidar espiritualmente de tus hermanos.
Y damos gracias a Dios por el ministerio fecundo que has desempeñado en estos veinticinco años de sacerdocio.
Pedimos a la Santísima Virgen María que interceda por nosotros para mantenerlos fieles cada uno en la misión que se nos ha confiado. Amén.

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