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Acción de gracias por la rehabilitación del templo parroquial (Campillos)

Eucaristía de bendición de la restauración exterior de Santa María del Reposo (Campillos)
Publicado: 14/07/2018: 911

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en la Misa de Acción de Gracias por la rehabilitación del templo parroquial de Santa María del Reposo, en Campillos, el 14 de julio de 2018.

ACCIÓN DE GRACIAS

POR LA REHABILITACIÓN DEL TEMPLO PARROQUIAL

(Campillos, 14 julio 2018)

Lecturas: Am 7, 12-15; Sal 84, 9-14; Ef 1, 3-14; Mc 6, 7-13.

(Domingo Ordinario XV-B)

1.- Elegidos por Dios para ser hijos adoptivos

El apóstol Pablo, en su carta a los Efesios, proclama que Dios nos ha bendecido con gracias espirituales (cf. Ef 1, 3) y «nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor» (Ef 1, 4).

Es reconfortante pensar que estamos en la mente y en el querer de Dios desde toda la eternidad; y es gozoso saber que Dios nos ama aún antes de existir. Los que desean ser padres comienzan a amar a sus futuros hijos aún antes de concebirlos. Dios es quien nos llama a la existencia, para que gocemos de su paternidad; Él nos hace «sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo» (Ef 1, 5).

La grandeza del ser humano es haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, que es Padre y Amor infinito; y que no se desdeña de adoptar como hijos a los hijos de los hombres. Pensemos que muchos “grandes hombres” no estarían de acuerdo en adoptar a gente pobre y miserable. Pero Dios-padre nos adopta como hijos, a pesar de la infinita distancia existente entre Él y nosotros. Para eso envió a su propio Hijo, Jesucristo; para hacernos partícipes de su amor, de su paternidad (cf. Ef 1, 6) y de su misericordia: «En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos» (Ef 1, 7).

Dios no abandona nunca a sus hijos adoptivos: nos llama a la existencia, nos cuida con su providencia amorosa, nos salva de la esclavitud del pecado, nos envía a su Hijo para salvarnos, nos ofrece su gracia y su misericordia y, al final de nuestra vida temporal, después de habernos cuidado durante toda nuestra vida, comparte con nosotros la felicidad plena y eterna.

¡Qué gran diferencia entre el infinito amor de padre que Dios nos ofrece y el pobre amor que a veces tiene la paternidad-maternidad humana! Dios nos ama desde antes de nacer y nos cuida hasta después de la muerte. Sin embargo, es una monstruosidad que los padres abandonen a sus propios hijos al nacer; o mucho peor aún, los asesinen antes de nacer. Conviene que llamemos a las cosas por su nombre, con serenidad y sin miedos.

Los políticos están debatiendo ahora sobre la mal llamada ley de “eutanasia”, que pretende despenalizar la eliminación de los ancianos o de quienes se encuentran en situaciones terminales.

2.- Llamados por Dios para ser santos

El Señor nos ha elegido para ser sus hijos adoptivos y, además, nos llama para ser santos. El amor de Dios nos ofrece la posibilidad de compartir la santidad divina. Estamos llamados a ser santos, es decir, a vivir la misma vida de Dios; se nos invita a ser santos, porque Dios es santo (1 Pe 1, 15); se nos invita a ser buenos, porque Dios es bueno; se nos invita a compartir la verdad y la libertad, porque Dios es libre y es la Verdad eterna.

En su designio de salvación nos da «a conocer el misterio de su voluntad para realizarlo en la plenitud de los tiempos» (Ef 1, 9-10). Jesucristo es la Cabeza de la humanidad (cf. Ef 1, 10) y el Mediador de la nueva alianza (cf. Hb 9, 15), que nos trae la herencia eterna, a la que estamos llamados.

Los cristianos hemos sido ungidos con el Espíritu Santo en el bautismo y en la confirmación; hemos recibido el “sello” de sus dones y hemos sido marcados con la figura de Cristo en nuestros corazones. El Espíritu nos ha configurado con Cristo. Nuestra respuesta agradecida debe consistir en escuchar su Palabra, vivir en la Verdad, recibir el Evangelio y anunciarlo a los demás (cf. Ef 1, 13).

3.- Acción de gracias por la rehabilitación del templo parroquial

Todas estas maravillas que Dios nos regala se realizan en la Iglesia, instituida por Jesucristo para continuar su obra en el tiempo. La Iglesia es la gran familia de los hijos de Dios; en ella recibimos las aguas bautismales, por las que somos hechos hijos adoptivos; en ella se nos perdonan los pecados y quedamos limpios; en ella recibimos los dones del Espíritu y la gracia del perdón; en ella nos alimentamos en Palabra y en la Eucaristía. Dios nos cuida, nos alimenta, nos fortalece, nos hace crecer en santidad.

En la gran familia de la Iglesia, unos hijos ya son santos en el cielo; otros todavía peregrinamos en la tierra en espera de recibir la herencia eterna.

Para vivir como comunidad de redimidos, necesitamos “lugares sagrados”, “templos”. Hoy venimos a dar gracias a Dios por la rehabilitación de este templo parroquial de Santa María del Reposo en Campillos. El Señor nos ha permitido restaurarlo con la participación de todos: los parroquianos lugareños, sea a título individual o agrupados en asociaciones, cofradías o movimientos; el Ayuntamiento de Campillos; y también feligreses de otras parroquias de la Diócesis a través del fondo común diocesano. A todos agradezco su colaboración; en especial, gracias al párroco, D. Francisco, que ha puesto todo su empeño en animar y coordinar el esfuerzo de todos.

Para vivir como cristianos necesitamos espacios sagrados donde celebrar la fe, formarnos, reunirnos y compartir como hermanos. El templo ha quedado renovado, fortalecido y hermoseado, gracias a un trabajo en colaboración.

Ahora animo a todos los fieles a renovar la comunidad parroquial con la ilusión y la participación de todos. Al igual que se ha restaurado el templo material, debe ser restaurado el templo espiritual. Todo cristiano es un templo del Espíritu desde su bautismo y toda comunidad cristiana forma un templo espiritual. Cada uno debe asumir la tarea que el Señor le encomienda, coordinados y regentados por quien ejerce el servicio de autoridad.

El párroco me ha informado que han sido renovados recientemente los consejos parroquiales de pastoral y de asuntos económicos. Agradezco la disponibilidad de quienes formáis parte de estos consejos. Sus miembros sois, con el párroco, el equipo que anima, coordina y dirige para que funcione mejor la comunidad parroquial.

4.- Enviados a evangelizar

En este domingo la Palabra de Dios se centra en la «misión». Dios escogió al profeta Amós, sacándolo de sus tareas de pastor, y lo envió a profetizar a la casa de Israel (cf. Am 7, 15), a pesar de la oposición de los falsos profetas.

También Jesús, como hemos visto en el Evangelio, envió a los Doce a predicar la conversión, «dándoles poder sobre los espíritus inmundos» (Mc 6, 7), ordenándoles que fueran ligeros de equipaje (cf. Mc 6, 8-9). Los apóstoles predicaban la conversión, expulsaban demonios y curaban enfermos (cf. Mc 6, 12-13).

Queridos fieles, el Señor os envía también hoy a vosotros a predicar la Buena Noticia de la salvación y del perdón de Dios. Hay mucha gente que no conoce aún el amor de Dios y la maravillosa acción suya de salvación. Algunos, equivocadamente, piensan que Dios coarta su libertad y les impide vivir según sus deseos y caprichos; temen a Dios porque piensan que les hace “infelices”, pero no se dan cuenta que viven esclavos de sus propias ideas y ansias de felicidad, mal encauzada.

Los propios deseos pueden llevar a un goce efímero, pero no conducen a la verdadera felicidad; ésta la encontramos en el modo de vivir de Jesús, el Salvador de la humanidad.

Dando gracias a Dios por la rehabilitación del templo parroquial, pedimos a Santa María del Reposo que nos ayude a vivir como una comunidad fraterna de hijos de Dios; y a ser testigos del Evangelio en nuestra sociedad, que necesita escuchar la buena noticia de la felicidad y de la salvación que Dios nos trae. Amén.

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