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Bodas de oro matrimoniales de Francisco Pomares y Rosa Fuertes (Casa Diocesana Málaga)

Monseñor Jesús Catalá, Obispo de Málaga
Publicado: 05/08/2018: 1114

Homilía pronunciada por el Sr. Obispo en las bodas de oro matrimoniales de Francisco Pomares y Rosa Fuertes, celebradas en Casa Diocesana Málaga el 5 de agosto de 2018.

BODAS DE ORO MATRIMONIALES
DE FRANCISCO POMARES Y ROSA FUERTES
(Casa Diocesana-Málaga, 5 agosto 2018)

Lecturas: Ex 16, 2-4.12-15; Sal 77, 3-4.23-25.54; Ef 4, 17. 20-24; Jn 6, 24-35. (Domingo Ordinario XVIII –B)

1.- Alimentos que esclavizan al ser humano

Como hemos visto en el libro del Éxodo los israelitas murmuraron contra Moisés y Aarón en el desierto, anhelando la olla de carne, los ajos y cebollas de Egipto (cf. Ex 16, 2-3). No les importaba seguir viviendo en esclavitud con tal de llenar el estómago. Sin embargo, el Señor hizo llover pan del cielo para su pueblo (cf. Ex 16, 4; (Sal 77, 24) y les envió codornices (cf. Ex 16, 13).

Ocurre algo parecido en nuestros días. La gente prefiere satisfacer sus deseos y caprichos, aceptando la esclavitud de las ofertas de mercado, de ideologías, de consumismo y de placer.

Pero el ser humano está llamado a metas más altas y a un destino divino, que va más allá de la temporalidad. Esa meta es la que habéis vivido en estos años, queridos Rosa y Francisco. Hoy celebráis con gozo el 50 Aniversario de vuestro matrimonio rodeados de vuestra familia. El Señor os ha regalado vivir juntos un proyecto común de vida, fortalecidos por el sacramento nupcial, que es don de Dios sin el cual no sería posible vivir unidos tan largo tiempo; no sería posible si dependiera solo de las fuerzas humanas, de los deseos y caprichos. Nos alegramos, os felicitamos y damos gracias a Dios por ello.

El matrimonio cristiano ofrece un modo digno, humanizador y de altas miras para la convivencia entre esposos y la formación de una familia. Mientras que algunas ideologías, como las de “género”, tan presentes en nuestra sociedad, son nuevas formas de esclavitud en las relaciones humanas, porque no respetan la verdad del ser humano y su destino trascendente, aunque aparentemente ofrezcan la felicidad. Esto es como los ajos y cebollas de Egipto.

2.- Revestidos de la nueva condición creada a imagen de Dios

Sois testigos del amor de Dios y del verdadero amor humano, que no consiste simplemente en “gustarse”, sino en “darse” al otro, sin manipularlo en provecho propio. Esta es la esencia del amor humano. La sociedad utiliza el término amor para expresar otras cosas, como el simple placer; pero el amor verdadero es donación de sí e implica una gran exigencia. El ser humano no es sólo cuerpo, sino que tiene también alma, afecto, sentimientos y espíritu.

Querer saciar sólo el cuerpo es vivir a nivel biológico, como los paganos. San Pablo nos exhorta: «No andéis ya, como es el caso de los gentiles, en la vaciedad de sus ideas» (Ef 4, 17). Seguir las ideologías vacías de los paganos no compensa al hombre y menos al creyente.

Las modas paganas de nuestra sociedad respecto al matrimonio, a la familia y a la vida humana, vacían del verdadero contenido estas realidades humanas. Vosotros sois testigos del altísimo valor permanente de estas verdades, que no pueden cambiar por simples intereses económicos, sociales o políticos; y por la presión de los grandes “lobbies” mundiales, que tienen un programa muy bien definido a nivel mundial. Estas modas no han aparecido por casualidad; más bien están muy bien pensadas y programadas.

Los cristianos hemos aprendido de Cristo (Ef 4, 20) a despojarnos del hombre viejo y del anterior modo de vida pagano, corrompido por sus apetencias seductoras (cf. Ef 4, 22). El Señor nos invita a renovarnos en la mente y en el espíritu (cf. Ef 4, 23) y a revestirse de la nueva condición humana creada a imagen de Dios (cf. Ef 4, 24). El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26-27). De ahí se deduce el gran respeto que merece la vida humana, que no debe ser manipulada ni eliminada por nadie.

Deseo agradecer vuestro testimonio de amor esponsal, que grita en alta voz que es posible vivir en matrimonio durante cincuenta años y más; es decir, durante toda la vida. Hay que decir a las nuevas generaciones que es posible.

Y agradezco también vuestro testimonio de amor paterno, expresado en la persona de vuestros hijos, que al mismo tiempo es una denuncia del dolor y del desgarro que supone la separación de tantos esposos, que relegan o abandonan a sus hijos por buscar una felicidad jamás encontrada. Vivir cincuenta años en amor esponsal y paterno es un hermoso testimonio. Cuando una pareja busca solo lo esponsal en detrimento de los hijos, se puede decir que dicho amor esponsal no es verdadero.

3.- Jesús es el Pan de la vida

En el Evangelio de hoy vemos que Jesús respondió a quienes lo buscaban: «Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros» (Jn 6, 26). Habían llenado sus estómagos el día anterior con la multiplicación de los panes y deseaban seguir comiendo de manera gratuita.

Pero no habían comprendido que el pan partido y repartido para tanta gente era la expresión del amor di Jesucristo. Dieron mayor valor al pan material que al que se lo daba. Ante esta ceguera espiritual, Jesús les invita a ir más allá, a descubrir y conocer al donante: Dios mismo es el don y el donante. La gente puede descubrir en aquel gesto que es Dios quien otorga el pan. Esta similitud se puede aplicar también al matrimonio: los esposos son el don y el donante; los esposos no solo dan cosas, sino que se dan a sí mismos. Un estudiante, cuyo padre le daba todo el dinero que necesitaba pero no se cuidaba de él, le dijo a su padre: “No quiero tu dinero; te quiero a ti, pero tú no me quieres”.

Jesús exhorta a una nueva prospectiva, que difiere de la simple preocupación cotidiana de comer, de vestir, de tener éxito. Jesús habla de otro alimento, que no es corruptible y que lleva a la vida eterna. Jesús les anima a buscar otro alimento: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre» (Jn 6, 27). Es decir, Jesús invita a buscar la salvación y a encontrarse con Dios; porque en el amor humano se da el amor a Dios; ambos no se pueden separar; son como las dos caras de la misma moneda.

Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás» (Jn 6, 35).

Con esta invitación nos dice que, más allá del hambre física el ser humano tiene otra hambre más importante, que no puede ser saciada con un alimento material. Se trata de hambre de vida, de hambre de eternidad que sólo Él puede apagar, porque es «el pan de la vida».

Dando gracias a Dios por vosotros, queridos Rosa y Francisco, por vuestra familia y por todos los matrimonios que se mantienen fieles a su amor, pedimos al Señor que nos ilumine y nos conceda la gracia de mantenernos fieles en la fe y en el amor, que Él nos regala.

Acudimos a la Santísima Virgen María para pedir su intercesión poderosa y su maternal solicitud. Amén.


 

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