DiócesisHomilías

XXV Asamblea general de la Confer Española (Madrid)

Publicado: 14/11/2018: 600

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la XXV asamblea general de CONFER.

XXV ASAMBLEA GENERAL

DE LA CONFER ESPAÑOLA

(Madrid, 14 noviembre 2018)

Lecturas: Tit 3,1-7; Sal 22,1-6; Lc 17,11-19.

1.- Salvados por el nuevo nacimiento

La carta que escribe san Pablo a su querido hijo en la fe, Tito, nos recuerda dos hechos. En primer lugar, la realidad de nuestra limitación y de nuestro pecado. Él dice que antes de la conversión, antes de ser cristianos se andaba por un camino equivocado: «Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, andábamos por el camino equivocado; éramos esclavos de deseos y placeres de todo tipo, nos pasábamos la vida haciendo el mal y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros» (Tit 3,3).

Esto es un hecho que podemos constatar en nuestra vida: el hecho de nuestra limitación, de nuestro pecado, de nuestras imperfecciones, de nuestra falta de respuesta, a veces, a lo que el Señor nos pide.

Y el segundo hecho se refiere a la renovación por la bondad de Dios: «Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino, según su propia misericordia, nos salvó por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo» (Tit 3,4-5). Hemos sido renovados por el nuevo nacimiento del baño del bautismo; pero debemos seguir dejándonos renovar por el Espíritu en nuestra vida personal y en nuestra vida de familia religiosa.

Esta es una de las actitudes que las lecturas de hoy, miércoles de la XXXII semana del Tiempo ordinario, nos ofrece la Iglesia, y nos viene de perlas. La Asamblea de CONFER pretende que nos dejemos renovar por el Espíritu. Hemos de estar abiertos, para que él nos purifique de lo que nos sobra y estorba; se refiere a las obras de la carne en términos joaneos: lo que no va con el Espíritu, lo que no va con la vida de Dios, lo que no va con la llamada que el Señor nos ha hecho. Acojamos, pues, esta invitación.

2.- El Señor, nuestro Pastor

Aunque hayamos escuchado el Salmo 22 en una lengua que no comprendamos, pues ha sido proclamado en lengua vasca, todos tenemos en la mente la figura del Buen Pastor.

Es una llamada a volver a la centralidad de Jesucristo en nuestra vida. El Buen Pastor nos alimenta, nos lleva a buenos pastos, nos ofrece aguas limpias y frescas. Porque, a veces, bebemos en charcas y en aguas contaminadas; y sin darnos cuenta la mentalidad del mundo se nos mete por ósmosis y casi aceptamos las mismas tesis, los mismos criterios y contravalores que nos presenta la sociedad. Necesitamos agua limpia, que nos purifique y que nos renueve.

Hay que volver a Jesucristo, al Buen Pastor, que nos guíe con su cayado por el camino que hemos de seguir. Es posible que a veces se tomen acuerdos y decisiones en los Capítulos de las familias religiosas, que pueden estar distantes de lo que quiere Dios. No es bueno regirse por las apetencias, los gustos o las modas. ¿Cuáles son los caminos que hemos de emprender o continuar? Aquellos que tengan como referencia a Jesús, el Buen Pastor. Hay que volver a las fuentes; mejor dicho a la fuente, al manantial de vida que es Cristo.

3.- Curación de diez leprosos

En el Evangelio se nos ha narrado la curación de los diez leprosos. En este texto hay dos aspectos que me gustaría compartir con vosotros. El primero es la actitud de fe y de esperanza por parte de estos leprosos; porque el Señor les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes» (Lc 17,14). Ellos pedían la curación, pero el Señor no los curó en ese momento; seguían estando leprosos. «Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios» (Lc 17,14).

Meditando este texto evangélico me ha hecho pensar que en muchas ocasiones queremos la curación; es decir, la solución de inmediata. Y el Señor, sin embargo, nos dice que hagamos camino, que si tenemos fe y esperanza seremos curados; de lo contrario, permaneceremos leprosos. Es una invitación preciosa: “Id de camino”. Tal vez no seamos curados en ese momento; y la impaciencia, a veces, nos bloquea.

La esperanza, en cambio, que es el tema de esta Asamblea, nos hace caminar aun en medio de las dificultades, de la enfermedad, de las tentaciones, del pecado, de la “lepra”. La esperanza nos hace caminar, si nos fiamos de la Palabra.

4.- Acción de gracias por la curación

¡Qué importante es ser agradecidos! «Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están?» (Lc 17,17).

Cuando conseguimos el resultado que pretendemos, ¿nos acordamos de dar gracias a Dios o pensamos que todo ha sido obra nuestra? Podemos tener la tentación de pensar: ¡Qué bien nos ha salido la reunión, la Junta, el Capítulo, la Asamblea! Como si fuéramos nosotros los protagonistas.

¡Atención! Nos ha curado el Señor y nos ha regalado todo lo que tenemos: la esperanza, la alegría, el gozo en la vida y en la misión de consagrados. ¡Démosle gracias desde el principio! Gracias por su llamada, gracias por la misión encomendada, gracias por los buenos frutos de nuestro trabajo, no que hemos conseguido nosotros, sino los que Dios nos los ha regalado.

Como es la primera Eucaristía de la presente Asamblea os invito a dar gracias a Dios por ella y por los frutos que Él nos regalará a partir de ella. Si nos abrimos a la renovación del Espíritu –vuelvo a la carta a Tito–; si nos fiamos del Señor y caminamos, obtendremos la salvación y los buenos frutos en un futuro más o menos inmediato, o más o menos lejano. Es decir, Dios nos regalará gratuitamente esos dones, sin que sean fruto exclusivo de nuestro trabajo.

5.- Acción de gracias por los 25 años de CONFER Nacional

Seguimos “celebrando”. ¡Esta palabra me encanta! Estamos celebrando la salvación que Dios nos trae, la fe, la esperanza, el amor, la misión. Estamos celebrándolo; esto es, se está realizando, gracias al Espíritu, lo que el Señor nos ha regalado: nuestra vocación de consagrados. Estamos celebrándolo. Y esta celebración ya está potenciando nuestra vida; ya nos está transformando; ya estamos siendo curados de nuestras lepras.

El Señor sostiene nuestro caminar, alienta nuestros esfuerzos, purifica nuestros logros y, sobre todo, nos hace mirar nuestro futuro con esperanza renovada. Él es el que nos transforma y el que nos regala su vida.

Le pedimos a la Virgen que nos acompañe de la mano en este camino. Ella se fio y tuvo esperanza. Se le rompieron los esquemas y sus planes, pero gracias a que se fio de la palabra del Señor, transmitida por el mensajero divino, nos vino el mejor regalo que ha venido a la humanidad: Jesucristo. Que así sea.