DiócesisHomilías

Santa María Madre de Dios (Catedral-Málaga)

Belén del atrio de la Catedral
Publicado: 01/01/2019: 4688

Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la solemnidad de Santa María Madre de Dios, en la Catedral de Málaga, el 1 de enero de 2019.

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

(Catedral-Málaga, 1 enero 2019)

Lecturas: Nm 6, 22-27; Sal 66, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

Los caminos de la paz

1.- Celebramos hoy la solemnidad litúrgica de la maternidad de la Santísima Virgen María. Todo el tiempo de Navidad es una celebración prolongada de la maternidad divina, que ofreció al mundo el mejor regalo de la historia: el Salvador.

En la solemnidad de la Natividad del Señor la Iglesia adora al Salvador y venera a su Madre. En la fiesta de la Sagrada Familia, en el domingo dentro de la octava de Navidad, la Iglesia contempla con veneración la vida santa y modélica de la Sagrada Familia de Nazaret: María, José y el Hijo de Dios (cf. Mt 1,19). En la Epifanía del Señor la Iglesia celebra la manifestación universal de la salvación y contempla a la Virgen como Madre del Rey de reyes y Redentor de la humanidad (cf. Mt 2, 11), que recibe la adoración de los Magos.

Y en esta fiesta de hoy contemplamos la Maternidad de María, alegrándonos por su colaboración en el misterio de la salvación: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Gal 4, 4); y exaltando la singular dignidad de María, por la que hemos recibido al Autor de la vida (cf. Oración colecta). Como nos ha dicho el apóstol Pablo, el Hijo de Dios ha venido: «para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Gal 4, 5). La maternidad de María respecto a su Hijo propio, se extiende a nosotros como hijos adoptados.

2.- Esta fiesta de la Maternidad de María es ocasión propicia para renovar nuestra adoración al Niño-Dios nacido en Belén, que es el Príncipe de la Paz (cf. Is 9,5); para escuchar de nuevo el jubiloso anuncio de los ángeles a los pastores (cf. Lc 2,14); para implorar de Dios, por mediación de la Reina de la paz, el supremo y necesario don de la paz (cf. Pablo VI, Marialis cultus, 5). La paz es un regalo de Dios y al mismo tiempo una tarea del hombre.

Nos encontramos ante el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, que nos pide aceptación obediente y silencio agradecido, como la Virgen-Madre: «María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19). ¡Qué actitud más hermosa la de María! Ante el misterio de la Encarnación también se nos invita a contemplar en silencio y a meditarlo en nuestro corazón, dando gracias a Dios. Agradezcamos a Dios la Maternidad de la Santísima Virgen María y el regalo divino de la presencia del Hijo de Dios entre los hombres.

3.- También tenemos presente en esta celebración la Jornada Mundial de la Paz. El papa Pablo VI decía: “En la feliz coincidencia de la octava de Navidad con el principio del nuevo año hemos instituido la "Jornada mundial de la Paz", que goza de creciente adhesión y que está haciendo madurar frutos de paz en el corazón de tantos hombres” (Marialis cultus, 5).

El cristiano pide a Dios que guíe su caminar: «Guía nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,79). La paz es un gran don para el hombre; es consolación del alma; es guía segura de conducta, certeza de la dirección adecuada. Pidamos al Señor que guíe nuestros pasos por los caminos de la Paz. ¡Seamos promotores de la paz y caminemos por las sendas de la Paz!

Dios enseñó a Moisés cómo habían de invocar los israelitas su nombre para ser bendecidos: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26). Así debemos invocar los cristianos al Señor y Él nos responderá amorosamente, dándonos su paz y todo lo que necesitamos.

Desear la paz es el saludo más hermoso, que contiene el mejor deseo para el amigo y para la persona amada. Jesucristo ofreció la paz a sus discípulos (cf. Jn 14,27), enviándoles el Espíritu Santo. Queridos fieles, ¡que el Señor os conceda su paz todos los días del año que hoy comienza!

Al inicio del nuevo Año los cristianos queremos invocar sobre la humanidad la bendición de Dios. La paz bíblica es un don de Dios; es la comunión con Dios y con los hermanos; es como la síntesis de todos los bienes; es un estado de bienestar espiritual y material. Esta paz (shalom), además de ser una dádiva divina es también una meta hacia la que encaminamos; es un quehacer en el que trabajamos; es una tarea, que nos incumbe a todos, sin excepción.

4.- El papa Francisco, en su Mensaje para esta Jornada Mundial de la Paz, anima a promover una política que busque el bien de la ciudadanía y sea expresión de la caridad: “En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2019, 2). A veces denostamos la acción de los políticos, aunque no todos actúan del mismo modo; pero hemos de apoyarles para que ejercen su tarea en favor de la paz y del bien común. Hemos de contribuir todos para que sea posible la convivencia pacífica.

Nos encontramos a cien años del final del Primera Guerra Mundial con la terrible experiencia de la devastación sufrida y de las graves consecuencias para la toda humanidad. Pedimos al Señor no caer de nuevo en esta desastrosa lacra, que destruye a la humanidad y en la que todas las partes salen perdiendo; nunca hay vencedores, porque todos salen perdedores.

El papa Francisco nos anima a promover la paz: “La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria: 1) la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y Ë—como aconsejaba san Francisco de SalesË— teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”; 2) la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre..., atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo; 3) la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2019, 7). Tenemos la obligación de legar a las generaciones venideras un mundo mejor y menos estropeado.

Queridos fieles, ¡que Dios os bendiga, os guarde, vuelva su rostro sobre vosotros, y os conceda su favor y su paz, en este nuevo año 2019 que comenzamos. ¡Feliz Año Nuevo! Amén.

Más artículos de: Homilías
Compartir artículo