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Concesión de la Medalla de Oro de la Hermandad de Santa María de la Victoria al Rvdo. D. Ignacio Mantilla de los Ríos Roja y a D. Francisco Toledo

Eucaristía con motivo de la concesión de la Medalla de Oro de la Hermandad de Santa María de la Victoria al Rvdo. D. Ignacio Mantilla de los Ríos Rojas, antiguo capellán, y a D. Francisco Toledo, antiguo Hermano Mayor, en el Santuario de la Victoria
Publicado: 08/02/2019: 2556

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía con motivo de la concesión de la Medalla de Oro de la Hermandad de Santa María de la Victoria al Rvdo. D. Ignacio Mantilla de los Ríos Rojas, antiguo capellán, y a D. Francisco Toledo, antiguo Hermano Mayor, en el Santuario de la Victoria (Málaga) el 8 de febrero de 2019.

CONCESIÓN DE LA MEDALLA DE ORO

DE LA HERMANDAD DE SANTA MARÍA DE LA VICTORIA

AL RVDO. IGNACIO MANTILLA DE LOS RÍOS ROJAS,

ANTIGUO CAPELLÁN,

Y A D. FRANCISCO TOLEDO, ANTIGUO HERMANO MAYOR

(Santuario de la Victoria-Málaga, 8 febrero 2019)

Lecturas: Hb 13,1-8; Sal 26,1.3.5.8-9; Mc 6,14-29.

1.- Concurren hoy varios motivos que nos llevan a dar gracias a Dios. En primer lugar, celebramos el 76 Aniversario de la Coronación canónica de la imagen de Santa María de la Victoria, nuestra Patrona, que se venera en este sagrado lugar.

El segundo motivo es el haber restaurado el baldaquino-trono de la Virgen. Queda pendiente, como sabéis, la restauración del camerino de la Patrona. Estos son gestos especiales de los hijos hacia su Madre; pero debemos hacer todos los días algún gesto sencillo de piedad y de oración, mostrando nuestro afecto filial.

En concordancia con estos dos motivos se quiere reconocer la labor de dos hermanos nuestros, que han dedicado largos años de su vida a cuidar del Santuario de la Virgen de la Victoria y a promover su devoción. Nos referimos al Rvdo. Ignacio Mantilla, que ha sido Capellán de la Hermandad y párroco de esta iglesia durante muchos años; y a D. Francisco Toledo, que ha regentado la Hermandad como Hermano mayor.

A ambos les expresamos nuestra gratitud por su generoso servicio y dedicación. ¡Gracias, queridos Ignacio y Francisco! Y la Hermandad quiere imponerles hoy su Medalla de Oro.

2.- Hoy hemos tomado las lecturas que nos ofrece la liturgia del día, sin escoger unas lecturas especiales para esta ocasión. El pasaje del evangelio de hoy, como hemos visto, ha sido la muerte de Juan Bautista; pero toda Palabra de Dios ilumina nuestra vida y podemos obtener buen fruto de su meditación. Siempre podemos hacer referencia a María, la Madre del Señor, madre de la Iglesia y madre nuestra; y, además, ella es figura femenina especial, como la criatura más importante de la humanidad. Después dicen los enemigos de la Iglesia que no tiene en cuenta a las mujeres.

La carta a los Hebreos, que ha sido proclamada, nos anima a vivir de manera fraterna y hospitalaria: «Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad» (Hb 13,1-2).

Tenemos muchos motivos para vivir la fraternidad. En primer lugar, hemos sido bautizados como hijos del mismo Padre-Dios y hermanos en Jesucristo; esto bastaría para comportarnos de manera digna como verdaderos hermanos.

Sobre la base de la fraternidad bautismal se edifican otras formas de fraternidad: compartimos la misma nación, vivimos en la misma iglesia particular y en la misma ciudad, nacen entre nosotros relaciones amistosas; y añadimos un motivo más: compartimos la misma devoción a la Virgen de la Victoria y muchos sois miembros de la misma Hermandad.

Suponemos que quienes reciben hoy la Medalla de Oro de la Hermandad de la Victoria han promovido la verdadera fraternidad, poniendo paz donde pudiera haber división; y han potenciado las buenas relaciones fraternas, evitando disensiones. En toda familia hay problemas y tensiones; y nuestras familias parroquiales y cofrades no son una excepción.

Todos estamos llamados a promover la comunión entre hermanos y a vivir según el Espíritu del Señor nos alienta. La carta a los Hebreos nos exhorta a vivir la fraternidad en el ámbito familiar, alargándola incluso a aquellos que han tenido una conducta no aceptable, como los presos y maltratados (cf. Hb 13,3). Estamos llamados a ser constructores de fraternidad; no solo en la familia, en la parroquia, en la cofradía, en la asociación o movimiento, sino también en otros ámbitos de nuestra sociedad y del mundo.

3.- El evangelio de hoy presenta la figura de Juan el Bautista, que da la vida en testimonio de la verdad. El rey Herodes pensaba que Jesús de Nazaret era Juan, a quien él había decapitado y que había resucitado (cf. Mc 6,16); pero se equivocaba.

«Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo» (Mc 6,17). Juan, de manera clara y valiente, decía que no era lícito tener a la mujer de su hermano (cf. Mc 6,18). Por ello Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo (cf. Mc 6,19). En cambio, Herodes respetaba a Juan como hombre justo y santo; y lo escuchaba con interés y hasta con gusto (cf. Mc 6,20).

Todos conocemos el final de esta historia: Juan fue decapitado por proclamar la verdad. En nuestro tiempo parece que no exista la verdad objetiva, sino que todas las opiniones son consideradas igualmente válidas. Sin embargo, Herodes no tuvo la valentía de defenderlo tras haber dado su palabra a una jovencita ante los grandes de su reino. Cada uno de nosotros podemos vernos reflejados en estos personajes.

Podríamos poner muchos ejemplos de la vida diaria: porque quedamos mal, porque no es “políticamente correcto”, porque no es moda…, por todo eso nos callamos la verdad.

Tal vez nos falta valentía para proclamar la verdad y nos callamos, para evitar un desprecio, una incomprensión o un insulto. También hoy existen pecados graves que atentan contra la vida del ser humano, nacido o por nacer; y tal vez nos callamos, porque las modas van por otros derroteros y defender hoy la vida humana antes de nacer o en su etapa final no está de moda. Tampoco está de moda defender el matrimonio indisoluble como lo quiere el Señor, formado por un varón y una mujer. Éste es el proyecto de Dios desde la creación.

Está de moda en nuestra sociedad la ruptura continua de la relación matrimonial, para formar otras parejas, que a vez son rotas en un ciclo interminable. ¿Acaso esa es la verdad del matrimonio? Naturalmente, respetamos a quienes no profesan nuestra fe y tienen otros criterios; pero parece que defender la verdad sea motivo de ataque despiadado. También los cristianos pedimos respeto por nuestras creencias y valores; se trata de un derecho.

La figura de Juan Bautista, queridos fieles y cofrades, nos anima a ser libres, dando testimonio de la fe que profesamos. Nos lo pide también Santa María de la Victoria, una mujer libre, que tuvo que sufrir las habladurías de las circunstancias de su maternidad y tuvo que soportar ver a su Hijo maltratado, azotado, condenado, clavado en la cruz, siendo la persona más inocente del mundo.

4.- El Salmo responsorial nos exhorta a proclamar: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?» (Sal 26,1).

No podemos temer nada ni a nadie, porque estamos en las manos de Dios. El salmista es capaz de expresar su convicción: «Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo» (Sal 26,3).

Aunque nos declaren la guerra quienes no piensan como nosotros, podemos estar tranquilos, porque nuestra fuerza no viene de nosotros, sino que es el Señor. Lo importante es buscar su rostro (cf. Sal 26,8) y pedirle que él sea nuestro auxilio: «Tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación» (Sal 26,9).

5.- Damos gracias a Dios por todos los beneficios y gracias que nos concede. Y pedimos a Santa María de la Victoria su maternal solicitud e intercesión.

¡Que ella nos fortalezca en el testimonio cristiano que debemos librar cada día! ¡Que ella nos acompañe en todo momento, sobre todo en las dificultades! ¡Que ella nos mantenga unidos como hermanos en el amor a su Hijo Jesucristo! ¡Que ella escuche las súplicas de los cofrades y devotos, que se acercan a este Santuario pidiendo su intercesión y ayuda!

¡Santa María de la Victoria, ruega por nosotros! Amén.

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