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Oración Ecuménica por la Unidad de los Cristianos (Catedral-Málaga)

Momento del gesto público ecuménico por los migrantes
Publicado: 20/01/2019: 1553

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Oración Ecuménica por la Unidad de los Cristianos celebrada en la Catedral de Málaga el 20 de enero de 2019.

ORACIÓN ECUMÉNICA

POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

(Catedral-Málaga, 20 enero 2019)

Lecturas: Dt 16,11-20; Sal 82,1-8; Rm 12,1-13; Lc 4,14-21.

Actúa siempre con toda justicia (Dt 16,20)

El libro del Deuteronomio nos anima a ser agradecidos a Dios por todos los bienes él que nos regala: la vida, la libertad, la familia, los bienes de la tierra; y nos insta a ser justos, sin violar el derecho, sin hacer acepción de personas y sin aceptar soborno (cf. Dt 16,18-19). Es una manera de pedirnos que actuemos con justicia, como dice el lema de este año para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

El Salmo 82 presenta a Dios en medio de la asamblea divina, juzgando. Él quiere que demos sentencias justas (cf. Sal 82,2); y protejamos al desvalido y al huérfano, al humilde y al necesitado (cf. Sal 82,3). En nuestro mundo hay muchas injusticias: corrupción, desigualdad, división, odios, codicia; y nosotros no debemos ser cómplices de la injusticia.

Los cristianos estamos llamados a dar testimonio a favor de la justicia y a ser instrumentos de paz y de amor; llamados a manifestar la gracia sanadora de Cristo para un mundo quebrantado; por ello oramos juntos en un mundo dividido. Atendiendo la oración de Jesús de que «sean uno» (cf. Jn 17,21), podremos luchar contra la injusticia y servir a quienes son víctimas de la misma.

Las divisiones en la Iglesia han sido muchas veces fruto de la injusticia; pedimos perdón por ello y confiamos en el poder de Jesucristo para ser salvados. Unidos bajo la cruz de Cristo pedimos que su misericordia ponga fin a la injusticia y nos otorgue el perdón de nuestros pecados.

Como nos exhorta san Pablo, vivamos un amor no fingido (cf. Rm 12,9), estimando a los otros más que a uno mismo (cf. Rm 12,10), sirviendo constantemente al Señor (cf. Rm 12,11), esperanzados y alegres, asiduos en la oración (cf. Rm 12,12), compartiendo las necesidades de los demás (cf. Rm 12,13).

En la sinagoga de Nazaret Jesús explicó el pasaje del profeta Isaías que decía: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos» (Lc 4,18). Hoy se cumple también en medio de nosotros esta acción salvadora de Cristo. El Señor nos ha llamado para ser sus discípulos y amigos, al igual que llamó un día a los apóstoles. Vivamos la fraternidad entre nosotros y seamos discípulos auténticos del gran y único Maestro, trabajando por la justicia y la paz. Amén.

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