DiócesisHomilías

Domingo de Ramos (Catedral-Málaga)

Entrada de Jesús en Jerusalén.
Publicado: 14/04/2019: 256

DOMINGO DE RAMOS
(Catedral-Málaga, 14 abril 2019)

Lecturas: Is 50,4-7; Sal 21,8-9.17-24; Flp 2,6-11; Lc 22,14 – 23,56.

Jesús, camino de Jerusalén

1.- Hemos escuchado el relato de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo según la versión del evangelista Lucas (cf. Lc 22,14 –23,56), quien, a lo largo de su relato evangélico insiste repetidamente que Jesús se dirigía a Jerusalén, que iba en dirección de Jerusalén, que subía hacia Jerusalén.

La ciudad amurallada de Jerusalén era el centro religioso de Israel, donde se concentraban los poderes políticos y religiosos; y donde rechazaban a los verdaderos profetas, porque un profeta de Israel, en palabras de Jesús no podía morir fuera de Jerusalén (cf. Lc 13,34). El mismo Jesús se lamenta al contemplar la ciudad de Jerusalén y exclama: «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían» (Lc 13,34).

Hay un contraste entre Jerusalén, ciudad amurallada y cerrada, donde matan a los profetas, y la Galilea, al norte de Israel, donde Jesús nace, crece y vive. Tiene buena luz y un horizonte amplio y abierto, junto al lago. Jesucristo muere en Jerusalén, pero nos inunda de luz y llena de libertad nuestra vida.

Las palabras y los gestos de Jesús provocaban en los apóstoles una actitud de profundo miedo y desasosiego. Jesús les decía: «Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto» (Lc 9,44-45).

Dirigiéndose a los apóstoles, les dijo: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y se cumplirá en el Hijo del hombre todo lo escrito por los profetas, pues será entregado a los gentiles y será escarnecido, insultado y escupido, y después de azotarlo lo matarán, y al tercer día resucitará» (Lc 18,31-33). Ellos no entendían este lenguaje misterioso; les desbordaba lo que decía Jesús.

En la mente del evangelista Lucas este viaje hacia Jerusalén es el camino del Hijo del hombre hacia el centro de la salvación y el camino que debemos recorrer todos sus discípulos.

2.- San Lucas afirma también, de modo insistente, que Jesús iba camino de Jerusalén con actitud decidida, valiente y libre. Jesús es plenamente consciente de que va camino de la cruz, porque ha llegado su “hora” (cf. Jn 12,23) y lo acepta.

Jesús entrega su vida voluntariamente; nadie se la arrebata (cf. Jn 10,17-18), ni los judíos ni los romanos. Es una muerte libre, aceptada por amor; es una muerte voluntaria, porque tiene poder para entregar su vida y recobrarla de nuevo (cf. Jn 10,18), resucitando; es una muerte soberana, porque Él es dueño de la vida; es una muerte de un inocente, porque Él no tiene pecado; es una muerte redentora para la humanidad, porque muriendo y resucitando nos salva.

La cruz es el momento de su glorificación, cuando, alzado sobre el madero de la cruz atraerá a todos hacia Él (cf. Jn 12,32). La cruz es el trono glorioso de Jesucristo. Y los cristianos la consideramos como el signo por excelencia del ser cristiano; la señal de la cruz es nuestro signo cristiano. Os invito que hagamos la señal de la cruz muchas veces al día, desde la mañana hasta la noche.

3.- La gran Semana Santa se abre con este gesto de Jesús de dirigirse a Jerusalén para ofrecer su vida por nosotros. También los fieles cristianos debemos acompañar a Jesús caminando hacia Jerusalén, haciéndonos compañeros de camino del Señor y siguiendo sus pasos como buenos discípulos.
Es urgente ponerse en marcha en este mundo nuestro, que se aleja de Cristo buscando otros caminos que no lo conducen a la vida; que lo apartan de la verdadera vida; que lo distancian y lo distraen de la verdadera libertad y de la auténtica felicidad. San Lucas nos invita hoy de manera insistente a recorrer el camino abierto y preparado para el verdadero discípulo de Jesús. Debe recorrer el mismo camino sobre las mismas pisadas marcadas por el Maestro.

Queridos fieles y miembros de las cofradías de pasión, celebremos la Semana Santa con actitud de seguimiento del Señor, como verdaderos discípulos. Dirijámonos con Él hacia Jerusalén. El discípulo, según la mentalidad hebraica, es aquel que escucha, que aprende, que asimila las palabras, las enseñanzas y los gestos del maestro para realizarlos en su propia vida.

Jesús, el Hijo de Dios, «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres» (Flp 2,6-7); «y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2,8).

El Señor, queridos fieles, nos indica el camino hacia Jerusalén, dando sentido a nuestra vida como discípulos suyos. Y en este camino nos acompaña su Madre y madre nuestra, la Santísima Virgen María.

Amén.

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