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Pentecostés Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar Asociado (Catedral-Málaga)

Publicado: 09/06/2019: 142

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la celebración de la solemnidad de Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar Asociado, en la Catedral de Málaga.

PENTECOSTÉS.

DÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA

Y DEL APOSTOLADO SEGLAR ASOCIADO

(Catedral-Málaga, 9 junio 2019)

Lecturas: Hch 2,1-11; Sal 103,1.24.29-31.34; 1 Co 12,3b-7.12-13; Jn 14,15-16.23b-26.

Bautizados y enviados

1.- En la solemnidad de Pentecostés celebramos el “Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar”, subrayando que cada fiel cristiano, animado por la fuerza del Espíritu Santo, está llamado a desempeñar su misión, recibida en el bautismo; cada uno de nosotros ha recibido una misión en las aguas bautismales. El lema de este año es “Somos misión”.

Queridos fieles, somos «bautizados y enviados». Como nos ha recordado san Pablo: «Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu» (1 Co 12,13).

La conciencia de la identidad y de la misión del laico en la Iglesia ha ido creciendo poco a poco, gracias a Dios. En virtud del bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador (cf. Papa Francisco, Evangelii gaudium [EG], 120); es un enviado a realizar la misión.

2.- San Ireneo, usando la imagen del agua que fecunda la semilla, dice: “Del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en un solo pan, si antes no es humedecido, así también nosotros, que somos muchos, no podíamos convertirnos en una sola cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo” (Contra los herejes 3,17,1-3). Jesús resucitado, al aparecerse a sus apóstoles, les dijo que Juan Bautista bautizaba solo con agua, porque era un bautismo de penitencia; pero ellos serían bautizados con Espíritu Santo (cf. Hch 3,5). Los cristianos hemos sido bautizados con agua y Espíritu Santo, que es considerado como el agua y el rocío que penetra en la tierra y la hace fecunda.

Queridos laicos, dejad que el agua del Espíritu impregne vuestra vida desde dentro; dejaos transformar y renovar por el Espíritu, para realizar la misión que se os ha encomendado y transformar el mundo.

Dice el papa Pablo VI que evangelizar es “alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad” (EG, 19). ¡Hermosa tarea, que tiene el laicado!

3.- Los cristianos somos hijos adoptivos de Dios; somos amados de Dios; existimos por amor y vivimos para amar. Como Jesucristo, entregamos nuestra vida por amor, para que otros también puedan vivir. Por eso los cristianos no tenemos una misión como si se tratase de una tarea más entre otras muchas; sino que somos misión (cf. Gaudete et exsultate [GE], 27); la Iglesia es misión y existe para evangelizar; nuestra misión es vivir al estilo de Cristo. Nuestra misión es nuestra vida, ofrecida para la comunión y para la evangelización.

Como dice el papa Francisco: “La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser, si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar” (EG, 273).

4.- El fundamento para realizar la misión evangelizadora se halla en el encuentro personal con Jesucristo. No se trata de una teoría, o de una doctrina o de un moralismo. El cristiano se encuentra con la persona de Cristo, muerto y resucitado. La Iglesia es un misterio de comunión, donde la diversidad de miembros está en función de la complementariedad y de la unidad; el cristiano se encuentra con el Señor resucitado y con los hermanos, que formamos una sola y única familia de hijos de Dios. Para construir la comunión en la Iglesia es necesario desarrollar la “sinodalidad” (cf. Documento Final de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, 118). Hemos de caminar juntos, remar juntos, convivir juntos, trabajar y colaborar juntos

En Pentecostés el Espíritu Santo llena el corazón de los fieles y los capacita para entenderse, para hablar el mismo lenguaje (cf. Hch 2,8-11) y para vivir la comunión. Cada cual recibe los dones y carismas que el Espíritu regala a la Iglesia para el bien común (cf. 1 Co 12,7).

Cada asociación a la que pertenecéis, cada movimiento, cada hermandad o cofradía, cada grupo tiene su estilo y su espiritualidad propia; y tiene también su propia misión; tiene un proceso y un camino propios. Pero todos necesitamos caminar juntos. Nadie debe realizar su tarea separado de los demás de manera totalmente autónoma; porque su tarea sería estéril. Es necesario formar Iglesia, formar familia de hijos de Dios; es necesario conocernos, colaborar y convivir juntos; y, juntos, afrontar la tarea, cada cual en su puesto. Os invito, como desea el Apostolado seglar, a tener cada día una actitud más eclesial: sentirnos más Iglesia, vivir como Iglesia y trabajar

juntos como Iglesia. Esta fiesta de Pentecostés es una ocasión excelente para revisar cómo realizamos cada uno la misión que se nos encomienda; y cómo estamos vinculados a la Iglesia-comunión.

5.- En medio de la secularización y de la indiferencia religiosa, los laicos estáis llamados a llevar a cabo la misión de llegar a todas las personas de todas las edades (niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos) y a todos los ambientes (familia, trabajo, educación, cultura, acción socio-caritativo, tiempo libre). Todo debe quedar permeado por la luz del Evangelio.

Debemos entender nuestra vida, animada por el Espíritu Santo, como una misión. Dice el papa Francisco: “Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia un aspecto del Evangelio” (GE, 19). Hay que preguntarle al Señor qué desea él de mí, para discernir cuál es mi propia misión (cf. GE, 23). Estamos acostumbrados a preguntar a los jóvenes qué desean hacer en su vida; qué desean ser profesionalmente. Desde el punto de vista de la fe no es una pregunta correcta; porque deberíamos preguntarle al Señor qué quiere de nosotros; y animar los demás a que le hagan al Señor esa misma pregunta: “Señor, ¿qué quieres de mí?”; “¿qué misión me confías?”; “¿para qué me has puesto en el mundo?”. Y después intentar descubrirlo en la oración, para poner manos a la obra.

El evangelista Juan nos ha recordado las palabras de Jesús a sus discípulos: «El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho» (Jn 14,26). Acoged al Espíritu en vuestro corazón, para que pueda inhabitar dentro de vosotros y convertiros en templos de la gloria de Dios y en testigos veraces y valientes del Evangelio.

6.- Nos estamos preparando para el Congreso de Laicos, que se celebrará en Madrid en los días 14-16 de febrero de 2020. “Este Congreso, que lleva por lema «Pueblo de Dios en salida», pretende escuchar al laicado y reflexionar sobre la dimensión misionera de nuestra fe cristiana, tomando como pilares fundamentales la vocación, la comunión (sinodalidad) y la misión” (Obispos de la Comisión de Apostolado Seglar, Mensaje “Somos misión” para el día de la Acción Católica y del Apostolado seglar 2019).

Os animamos a todos a participar en dicho congreso, desde su fase de preparación hasta la etapa del post-congreso. El sábado pasado la Delegación diocesana de Apostolado seglar promovió una jornada de encuentro y reflexión para iniciar la preparación al congreso.

Agradecemos el trabajo de la Delegación diocesana de Apostolado Seglar, que coordina el apostolado seglar asociado y promueve la participación de los seglares en nuestra diócesis. Y damos gracias a Dios por vuestro compromiso bautismal, por vuestra fe y por vuestro testimonio en la misión que se os confía.

En esta fiesta que es también de la Acción Católica General os animo a ir entrando a todos en el proceso de crecimiento en la fe, de maduración, de formación para ser cristianos adultos, maduros, bien formados y buenos testigos.

Que la Virgen María, Reina de los Apóstoles, nos acompañe en la misión encomendada; y que el Espíritu Santo siga animando un laicado comprometido en su misión en la Iglesia y en el mundo. Amén.