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Fiesta de la Virgen del Carmen (Marbella)

Publicado: 17/07/2019: 216

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la fiesta de la Virgen del Carmen en Marbella, el 16 de julio de 2019.

FIESTA DE LA VIRGEN DEL CARMEN

(Marbella, 16 julio 2019)

Lecturas: Pro 8,17-21.34-35; Sal 14,2-5; Mt 12,46-50.

1.- Centralidad de Dios en la vida del cristiano

Hoy celebramos hoy, queridos fieles, la fiesta de la Virgen del Carmen en este ambiente marinero. El Señor nos ha regalado una hermosa mañana, junto al mar, para festejar a María, Estrella del Mar. Quienes faenan en el mar la tienen como guía y protectora. Ella es nuestra Madre, porque engendró y dio a luz al Hijo de Dios. Ella puso toda su vida al servicio del Señor.

El Salmo de hoy nos ha exhortado a poner a Dios en el centro de nuestra vida. Dios cuida paternalmente de aquellos que lo aman y centran su vida en él (cf. Pro 8,17). Dios se hace el encontradizo para quienes le buscan cada día desde el comienzo de su trabajo.

Y quienes ponen a Dios en el centro de su vida obtienen las mejores riquezas, que puedan encontrar, como dice el salmista: «Yo traigo riqueza y honor, fortuna copiosa y prosperidad» (Pro 8,18). No es bueno que confiemos solo en nuestras redes y en nuestros instrumentos de trabajo; ni siquiera en las dotes y facultades de nuestra inteligencia, que al final y al cabo, son regalos de Dios.

Quien pone su confianza en el Señor obtiene el mejor fruto. Y Dios nos dice: «Mi fruto es mejor que el oro puro, y mi renta vale más que la plata» (Pro 8,19). ¡Cuánta gente va detrás del dios-oro y de la diosa-plata! Pero esos dioses no salvan al hombre. La Virgen del Carmen nos ofreció el mejor fruto de la humanidad: Jesucristo, su Hijo, quien nos ha salvado y redimido.

Junto a la Virgen del Carmen busquemos con amor como Ella a Jesucristo, quien puede ofrecernos lo mejor para nuestra vida (cf. Pro 8,35). ¡Desconfiad de otros salvadores y de otros dioses! ¡Dejemos las bagatelas y las cosas caducas, que al final tendremos que abandonar para marchar a la eternidad! ¡Se va a quedar todo aquí, en este mundo, todo! Nos llevaremos solo las obras buenas, el amor que hayamos vivido; la devoción a la Virgen; nuestro amor a Dios y al prójimo.

2.- La Virgen del Carmen es madre espiritual

La advocación de la Virgen bajo el título «del Monte Carmelo» proviene del siglo XIII con la figura de san Simón Stock, y hunde sus raíces en el profeta Elías, que se retiró al Monte Carmelo en Israel. Allí vivió la pureza y el testimonio de la fe en el verdadero Dios bíblico, frente a los numerosos profetas falsos de Baal, patrocinados por la reina Jezabel. La situación del profeta y la nuestra tiene aspectos parecidos: también hoy existen profetas falsos, que nos inducen a dioses falsos, a baales.

Posteriormente numerosos ermitaños moraron en el Monte Carmelo, llevando una vida ascética. Ellos fueron secundados por sucesivas generaciones de monjes en los siglos II y III. Tomando el testigo, que dejaron estos venerables hombres de Dios, la Orden Carmelitana propagó la devoción a la Virgen del Carmen en todo el mundo; y llegó hasta nosotros.

La Virgen santísima es madre de todos y sufre cuando sus hijos sufren. Ella, que fue perfecta discípula de Cristo, «estimula con amor y atrae con su ejemplo, para conducirlos a la caridad perfecta» (Prefacio) a los hijos que «no cesa de engendrar» (Prefacio) para Dios. Somos sus hijos y nos ama como madre. ¡Amémosla como buenos hijos suyos!

Ella nos invita maternalmente a subir al monte del Señor (cf. Antífona de entrada; cf. Is 2,3); es decir, a acercarnos a al mismo Cristo; por celebramos la Eucaristía. Cristo se ofrece en este sacramento, como memorial de su muerte y resurrección. La Virgen del Carmen es madre porque, habiéndonos recibido como hijos junto a la cruz del Señor (cf. Jn 19,25-27), nos ampara con su protección y nos ayuda con su «poderosa intercesión» (Oración colecta).

3.- Ser testigos del amor de Dios

Actualmente vivimos en una sociedad llena de falsos dioses, que ni salvan, ni ayudan, ni dan la verdadera felicidad. Como el profeta Elías estamos llamados a dar testimonio de la fe en el verdadero Dios: el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1Co 1,3), que es «el monte de la salvación».

La Virgen del Carmen es nuestra Madre amorosa, que nos anima a obedecer a Jesús, su Hijo, como dijo a los sirvientes en las Bodas de Caná: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Ella es guía segura en la tempestad, en los momentos difíciles, en la enfermedad, en la desorientación, en la pérdida del buen camino y en el momento del tránsito a la otra vida. Contemplar a la Virgen del Carmen nos anima a la oración, a la meditación de la Palabra de Dios, al ejercicio de obras de caridad y al respeto a la vida humana desde su generación hasta su muerte natural.

El ser humano, queridos fieles, es siempre un misterio y un tesoro que hay que cuidar, a pesar de las circunstancias en que se encuentre. Los falsos dioses, que hoy dominan nuestra sociedad, instigan a suprimir la vida humana cuando ésta ya no aporta beneficios rentables. Nuestra tiende a eliminar a quien estorba: al enfermo, al desahuciado, al tetrapléjico, al que no rinde. ¡No nos dejemos narcotizar por esta moda, que no respeta la vida humana! Debemos cuidar la vida humana, alimentarla e hidratarla. No podemos quedarnos indiferentes ante estos hechos de nuestra sociedad, que menoscaban la dignidad de la persona humana y la valoran solo cuando es rentable. El no-nacido no es rentable, pero hay que respetar su vida; el enfermo no es rentable, pero hay que respetar su vida; el anciano no es rentable, pero hay que respetar su vida.

4.- Cumplir la voluntad de Dios

El evangelio de hoy nos ha ofrecido el pasaje de la visita de los familiares de Jesús, mientras él hablaba a la gente. Uno le avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo» (Mt 12,47).

Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Mt 12,50). Esto mismo nos lo dice hoy también a nosotros. ¿Queréis hacer la voluntad del Señor? Si lo hacéis así, seréis su hermano, su hermana y su madre. El

La Virgen del Carmen nos anima hoy a ser buenos hijos suyos; a seguir como dóciles discípulos a Jesús; a buscar la verdadera felicidad; a amar a nuestro prójimo, sobre todo al más necesitado; a dar testimonio de la fe de la Iglesia; a abandonar los falsos dioses; a mejorar nuestra sociedad, frente a las modas, que quieren aniquilar al ser humano.

Pidiendo la intercesión maternal de la Virgen del Carmen, repitamos la oración, que hemos rezado al inicio de la Misa (repetid conmigo): “Te suplicamos, Señor, / que la poderosa intercesión / de la Virgen del Carmen / nos ayude / y nos haga llegar hasta Cristo, / monte de la salvación”. Amén.