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Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores (Algarrobo)

Publicado: 15/09/2019: 260

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Don Jesús Catalá, en la primera fiesta de Nuestra Señora de los Dolores como patrona de Algarrobo, el 15 de septiembre de 2019.

FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

(Algarrobo, 15 septiembre 2019)

Lecturas: Ex 32,7-11.13-14; Sal 50,3-4.12-13.17.19; 1 Tm 1,12-17; Jn 19,25-27.

1.- Celebramos hoy la fiesta de la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. La comunidad cristiana de Algarrobo se reúne en el templo parroquial para venerar a la Santísima Virgen María, que se unió a la acción redentora de su Hijo. Ella asumió las consecuencias de su maternidad aceptando los sufrimientos al acompañar a Jesús en su vida terrena.

Es un gozo para mí presidir esta celebración de la Fiesta de la Patrona de Algarrobo en su primera fiesta de patronazgo. Con alegría me a vosotros, que solicitasteis que fuera vuestra Patrona por la devoción y el amor que le profesáis, demostrado durante tanto tiempo. La solicitud, tramitada a través del párroco, fue considerada y aceptada. ¡Enhorabuena por haber mantenido este patronazgo! ¡Mantened la devoción a Nuestra Señora de los Dolores! ¡Propagadla, para que no se acabe esta devoción en esta comunidad cristiana de Algarrobo! Los padres y la familia deben enseñar e iniciar en la fe y en la devoción a la Virgen a los hijos y a las nuevas generaciones.

Ella se mantuvo firme al pie de la cruz, cuando el Hijo de sus entrañas entregaba su alma al Padre en un acto de ofrenda total de sí mismo por la humanidad, compartiendo sus dolores y sufrimientos. La espada que la imagen de la Virgen de los Dolores lleva clavada en el pecho indica el profundo dolor que tuvo que sufrir, anunciado por la profecía del anciano Simeón, cuando los padres de Jesús fueron al templo para su presentación (cf. Lc 2,35).

2.- Ella supo “com-padecerse”; es decir, fue capaz de “padecer-con” su Hijo y también con nosotros; nos “com-padece” en nuestros sufrimientos y en toda nuestra vida. Ella supo sintonizar con los sentimientos de su Hijo, que entregaba su vida por amor a nosotros y a todos los hombres.

¡Qué gran regalo nos ofreció Jesús en la cruz! ¡Nada menos que a su Madre santísima! Así lo hemos escuchado en el evangelio: «Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26).

Necesitamos corresponder con amor al amor de nuestra Madre. Representados en el apóstol san Juan, la acogemos como verdadera madre nuestra. Jesús dijo también al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio» (Jn 19,27), como su propia Madre. ¡Acojámosla también nosotros como verdadera Madre nuestra, porque lo es!

3.- La lectura del libro del Éxodo nos ha recordado la intercesión de Moisés en favor de su pueblo, que se había pervertido y había olvidado al Dios verdadero (cf. Ex 32,7).

El pueblo se había desviado del camino indicado por el Señor y había caído en la idolatría, haciéndose un becerro de oro, postrándose ante él, ofreciéndole sacrificios y agradeciéndole la salida de la esclavitud de Egipto (cf. Ex 32,8). La liberación que había hecho Dios a su pueblo, éste lo atribuye a un ídolo, hecho por manos humanas. El pueblo no reconoce a su Dios y se crea sus propios dioses.

Parece una descripción de lo que ocurre en nuestros días. Mucha gente de nuestra sociedad se ha olvidado de Dios; vive como si Dios no existiera y creyéndose dueño y señor de su propia vida. Existe hoy una moda por la que la gente quiere disponer de su vida y dice: “Hago de mi vida lo que quiero”. Pero uno no es señor de su propia vida.

La gente se desvía del camino del Señor, yendo por sendas que solo conducen a la infelicidad, aunque parezca lo contrario; porque busca la felicidad y no la encuentra; porque por mucho que lo diga, esa gente no es feliz.

4.- Muchos se autoerigen en constructores de la propia vida, rechazando la referencia al Creador; pero somos “criaturas de Dios”, no somos dioses, porque dependemos de él, que nos ha regalado la vida; y él nos llevará cuando quiera, no cuando a nosotros nos convenga, aunque estemos en condiciones que nos parezcan insufribles. ¡Atención, porque nos entra por los poros lo que se vive en la sociedad! Nadie es dueño de su vida para hacer lo que quiera con ella; y nadie es dueño de la vida de otro para dominarla. Nadie puede quitarse la propia vida y nadie puede quitársela a otro, aunque sus condiciones vitales sean las que sean.

Hay gente que reafirma sus opiniones e ideologías, despreciando la verdad auténtica revelada. Se hace muchos becerros de metal, es decir, muchos falsos dioses a los que confía su felicidad, pero solo encuentra vaciedad de sentido en su vida y sufrimiento.

La intercesión de Moisés por el pueblo idolátrico, lleva al perdón de Dios (cf. Ex 32,14) y el pueblo regresa al buen camino; reanuda su marcha hacia la tierra prometida. Nosotros también podemos volver al buen camino y reanudar la marcha hacia la tierra prometida.

5.- Sabemos que el único mediador y pontífice de la humanidad es Jesucristo, Dios y Hombre verdadero. Pero su Madre, la Virgen, es la poderosa intercesora.

Al igual que Moisés intercedió por su pueblo idolátrico, nosotros pedimos hoy la eficaz intercesión de la Virgen de los Dolores. Mucho sufrimiento y mucho dolor costó a su Hijo la redención de los hombres, de los que Ella participó de manera especial. Hemos costado mucho: la muerte de Jesús en la cruz y los dolores de la Virgen.

Le pedimos que Ella interceda por nuestra gente, por nuestros paisanos y contemporáneos, por nosotros mismos para que dirijamos nuestro corazón a Dios, cambiemos de conducta y vivamos la Buena Nueva de salvación; para que profesemos la fe verdadera revelada, apartándonos de ideologías y doctrinas que dañan al ser humano; para que Jesucristo sea nuestro único salvador, porque no hay más salvadores. La ciencia y la técnica no salvan al hombre, más bien le ayudan: nos quitan dolores, nos recomponen, nos cambian piezas; pero no salvan, porque cuando nos llega la hora de partir hacia la eternidad, nadie se queda en este mundo.

6.- El Señor hizo maravillas en la Virgen y las realiza en cada uno de nosotros. No abandonemos las fuentes de la salvación, que manan de las aguas bautismales; no bebamos agua sucia de las charcas que ofrece nuestra sociedad. Hemos de mirar las cosas humanas a la luz del Evangelio, siendo muy críticos.

Pedimos la intercesión de Nuestra Señora de los Dolores para que el sufrimiento que Ella padeció al ver morir a su Hijo clavado en la cruz, tenga buenos y abundantes frutos. Como hijos suyos queremos expresarle nuestro amor y nuestro agradecimiento.

Con el Salmo 50, que ha sido proclamado, pedimos a Dios, por intercesión de la Virgen María, que nos muestre su bondad infinita y su inmensa compasión (cf. Sal 50,3), que el Señor tiene con nosotros. Pedimos que nos conceda un corazón limpio y que no permita que nos alejemos de su rostro. Le presentamos un corazón contrito y humillado (cf. Sal 50,19), para que él lo cambie en un corazón arrepentido y sanado. Somos pecadores, pero perdonados; hemos sido curados de nuestras heridas y sanados por la gracia del Señor.

La maternal intercesión de Nuestra Señora de los Dolores, su santidad ejemplar y la gracia divina que inhabita en Ella, se convierten para el género humano en motivo de esperanza. La misión maternal de la Virgen de los Dolores empuja a los fieles a dirigirse con filial confianza a Aquella que está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora (cf. Lumen Gentium, 60-63).

7.- Pedimos a Nuestra Señora de los Dolores que nos acompañe y nos cuide con su solicitud maternal.

Le pedimos también a la Virgen que nos ayude a saber “com-padecernos” de nuestros hermanos y a saber estar cerca de ellos, sobre todo de los más necesitados, enfermos, débiles, no-nacidos, ancianos, impedidos. Porque compartir el dolor de la Madre implica compadecerse del dolor de los hermanos. No podemos decir que amamos a Virgen de los Dolores, si no amamos al hermano; como no se ama a Dios, si no se ama al prójimo; son las dos caras inseparables de la misma moneda.

Al final de la Eucaristía recorreréis las calles de Algarrobo, procesionando la hermosa imagen de la Nuestra Señora de los Dolores, Patrona de esta comunidad cristiana, y dando testimonio de vuestra fe y devoción a la Madre del Señor y de todos los hombres.

¡Queridos fieles de Algarrobo y devotos de la Virgen, vivid como buenos hijos de tan excelsa Madre! ¡No la traicionéis; no os apartéis de Ella! ¡Que en vuestro corazón esté siempre encendida la llama del amor a la Madre! ¡Nuestra Señora de los Dolores, ruega por nosotros! Amén.