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Fiesta de los santos Ciriaco y Paula, patronos de la ciudad de Málaga (Catedral-Málaga)

Publicado: 18/06/2019: 3059

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá, Obispo de Málaga, en la fiesta de los santos Ciriaco y Paula, patronos de la ciudad de Málaga, celebrada en la Catedral de Málaga el 18 de junio de 2019.

FIESTA DE LOS SANTOS CIRIACO Y PAULA,

PATRONOS DE LA CIUDAD MÁLAGA

(Catedral-Málaga, 18 junio 2019)

Lecturas: Sab 3,1-9; Sal 125,1-6; 1Ped 4,13-19; Lc 21,8-19.

Testigos en la sociedad secular

1.- La celebración litúrgica de los Santos Patronos de la ciudad de Málaga, Ciriaco y Paula, nos convoca un año más, para dar gracias a Dios por el testimonio de estos intrépidos cristianos, que tuvieron la gallardía de afrontar la muerte temporal por la esperanza en la vida inmortal.

El libro de la Sabiduría nos ha recordado que: «la vida de los justos está en manos de Dios y no los tocará el tormento» (Sab 3,1). Quien se fía del Señor sabe que está en buenas manos: «mejor es refugiarse en el Señor, que fiarse de los hombres» (Sal 117,8). Quizás deberíamos poner más en práctica esta exhortación.

El Imperio Romano, que ajustició a nuestros mártires, obligaba a adorar al emperador, sin aceptar otro dios ni valorar la vida en el más allá; consideraba la muerte de los mártires como una desdicha: «su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción» (Sab 3,2-3); pero los mártires «esperaban de lleno la inmortalidad» (Sab 3,4).

Ciriaco y Paula tuvieron la altura de miras, desde la fe, para saber apreciar una vida más digna, más plena y más rica que la que perdían aquí en la tierra. Dios «los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto» (Sab 3,6). El Señor puede probarnos como oro en crisol, para hacernos más santos y mejores testigos de su amor.

2.- Estamos actualmente en una sociedad secular (cf. Ch. Taylor, La era secular), en el sentido de la separación Iglesia-Estado y, sobre todo en que la religión ha dejado de tener una presencia significativa, institucional, acompañada de un descenso de la práctica religiosa y de una mayor dificultad para los propios creyentes de mantener sus opciones religiosas.

En cierto sentido, queridos fieles, hemos vuelto a la época imperial romana, donde era delito no adorar al emperador; que traducido a hoy sería no adorar a los dioses y a las ideologías que la sociedad impone. Resulta ya delito ser cristiano, porque algunas leyes van contra la fe; y si alguien no las cumple puede ir a la cárcel.

El apóstol san Pedro nos anima a estar alegres «cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo» (1Pe 4,13). Ser ultrajados por el nombre de Cristo es una bienaventuranza.

3.- Ciertamente existe en nuestra sociedad un pluralismo religioso, cultural y moral, por el que se adoptan conceptos del bien y sistemas de valores diferentes, que se presentan como formas alternativas de vida. No existe una sola concepción de la vida compartida por todos los ciudadanos.

Se propugna que un estado democrático debe ser neutro en relación a las distintas religiones y a las diversas visiones del mundo (cosmovisiones) y concepciones del bien; y al mismo tiempo se defiende la libertad de conciencia y de religión. El hombre se reclama a sí mismo como capaz de fundar la sociedad y la ley con la mera razón, prescindiendo de la referencia a la transcendencia (A. Peris Suay, La religión en la sociedad postsecular, en “Anales Valentinos. Revista de Filosofía y Teología”. Valencia 2017).

4.- Pero los cristianos hemos de ser críticos y denunciar que esta concepción de sociedad secular no se sostiene y queda cuestionada, porque no existe una neutralidad por parte de las instituciones gubernamentales, ni en el campo de la educación ni en el cultural. Todos gobiernan y educan desde un pensamiento, una filosofía o una ideología. No podemos aceptar que la religión sea un discurso irracional que debe quedar relegado a la vida privada; porque la fe es un saber que puede dialogar con otro tipo de saberes y que, además, los sobrepasa por ser una verdad revelada. La fe nunca está en contradicción la ciencia.

Pensadores importantes como Ratzinger, Habermas (cf. J. Ratzinger - J. Habermas, Dialéctica de la secularización) y Taylor han cuestionado el modelo de racionalidad científico-tecnológico heredero la modernidad y la concepción de la sociedad secular, donde la religión queda relegada. Más bien hay un resurgimiento global de la religión (cf. J. Habermas, El resurgimiento de la religión, un reto para la autocomprensión de la modernidad) en sus distintas manifestaciones; porque la religiosidad está inscrita en el corazón humano. Y en este marco ha nacido el concepto de “sociedad postsecular”, que cuestiona que el avance de la modernización de la sociedad y la cultura sólo pueda producirse si se sacrifica la influencia pública de la religión y su relevancia personal. Esta concepción está “haciendo agua”.

Las tradiciones religiosas, sin embargo, ofrecen una importante aportación para la cohesión social, la colaboración internacional, el respeto de las libertades, la fraternidad universal y los valores humanos permanentes.

A los cristianos de hoy se nos pide ser testigos en esta sociedad secular o, si se prefiere, postsecular. El mismo Jesús anunció a sus discípulos que serían perseguidos: «Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa mía» (Lc 21,12). Pero ello es una ocasión para dar testimonio (cf. Lc 21,13), como lo dieron Ciriaco y Paula en la época romana.

Hemos de liberarnos del prejuicio y del ataque laicista de que la fe ya no tiene nada que decir al hombre de hoy. La tiene mucho que decir; y para eso estamos aquí. Más bien la relación entre razón y fe, razón y religión pueden regenerarse recíprocamente y enriquecer la sociedad. Para ello es necesario que los cristianos se formen mejor y profundicen en la doctrina cristiana, para poder dar razón de su esperanza (cf. 1Pe 3, 14-16). Hoy, en pleno siglo XXI, sigue habiendo mártires de la fe cristiana.

5.- La Fundación Pontificia “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, en colaboración con sus voluntarios en Málaga, ha organizado diversos actos de oración en los que está presente un icono oriental, procedente de una iglesia greco-ortodoxa de Homs, ciudad de Siria.

En dicho icono hay una bala incrustada y se aprecian varios impactos de proyectiles, como consecuencia de uno de los ataques del grupo terrorista islámico “Daesh”.

El objetivo de esta oración-exposición es concienciar a los malagueños del sufrimiento y de la persecución que están sufriendo los cristianos en muchos países del mundo, debido al testimonio de su fe. Ello nos debe animar a sostener nuestro testimonio en nuestra sociedad.

Pedimos a nuestra Madre, Santa María de la Victoria, que nos siga acompañando en el camino de la vida.

Y a nuestros patronos, los santos Ciriaco y Paula, pedimos su intercesión, para que sepamos ofrecer el testimonio de fe, que nos corresponde dar en nuestra sociedad. Amén.

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