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Visita pastoral a la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción (Almogía)

Publicado: 17/04/2016: 1915

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Visita pastoral a la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción (Almogía) el 17 de abril de 2016.

VISITA PASTORAL
A LA PARROQUIA DE Nª Sª DE LA ASUNCIÓN
(Almogía, 17 abril 2016)



Lecturas: Hch 13, 14.43-52; Sal 99, 2-5; Ap 7, 9.14b-17; Jn 10, 27-30.
(Domingo de Pascua IV-C)

1.- Predicación de la Palabra de Dios a los gentiles.
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra cómo Pablo y Bernabé fueron a Antioquía de Pisidia y predicaron allí el Evangelio, exhortando a judíos y a prosélitos, procedentes de otras religiones, a perseverar fieles a la gracia de Dios (cf. Hch 13, 42-43).
Algunos judíos, envidiosos por lo que estaban predicando, insultaron a los apóstoles, pero Pablo y Bernabé respondieron diciéndoles: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles» (Hch 13, 46).
El Señor había llamado a Pablo para ser «luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra» (Hch 13, 47). Le había llamado para predicar el Evangelio fuera del judaísmo. Los gentiles, cuando recibieron esa Palabra de Dios, se alegraron y daban gracias a Dios por la predicación de Pablo (cf. Hch 13, 48).
En esta misión de los Apóstoles, van siendo perseguidos y, por ello, van cambiado de ciudad; de este modo, esto se convierte en una manera de propagar el Evangelio de un lugar a otro. Pero esta propagación del Evangelio no se hace sin dificultad y sin persecución (cf. Hch 13, 50).
Estamos haciendo hoy la Visita Pastoral y estamos llamados todos a predicar el Evangelio a los gentiles. Vivimos entre gente gentil, es decir, gente que no cree, de otras religiones, bautizados pero que no cultivan la fe. Os animo a vivir la fe en Jesucristo y a anunciar esa Buena Nueva.
En el encuentro previo, que he tenido con los niños, padres y catequistas, les decía que venir a la catequesis no es la formación para tomar la primera comunión, sino para vivir la fe. El objetivo de lo que hacemos, de la pertenencia a las cofradías, de la celebración cristiana, de las actividades de la parroquia, todo es para vivir la fe y ser testigos de esa fe, aunque eso nos acarree disgustos, comentarios en contra, persecución, incomprensión. Puede haber gente que no nos entienda, que no entienda por qué dedicamos nuestro tiempo a las cosas de Dios.
El testimonio es suficiente, aunque a veces hay que clarificarlo. Los gestos en sí hay que clarificarlos con la palabra. A nosotros nos toca vivir la fe y dar testimonio de ella a mucha gente que no entiende. Y, ¿sabéis por qué no entienden? Porque se hacen una idea en su mente de lo que es Dios o de lo que es la Iglesia que no coincide con la realidad. Muchas veces se ataca a la Iglesia y, en realidad, no se ataca a lo que es la Iglesia, sino a la imagen de Iglesia que tienen algunos.
Es cierto que tendremos que ser nosotros más claros y explicar mejor las cosas para que quienes nos escuchan entiendan la verdad de nuestra fe. Lógicamente, cuando nos ven o cuando nos oyen, nuestra vida puede ser un poco ambigua porque no vivimos lo que decimos. En parte tenemos nosotros una responsabilidad, pero también la tienen ellos. El que quiera conocer de verdad quién es Jesucristo tiene muchas maneras de hacerlo y no precisamente por el ejemplo, más o menos bueno, más o menos malo, de los cristianos.
Es tarea nuestra purificar nuestra imagen de Dios y ayudar a mucha gente, paisanos, amigos, familia, conocidos, compañeros del trabajo, a que perciban la realidad de lo que es la religión cristiana, de lo que es nuestra fe, de lo que es la Iglesia. A veces, se pierden en imágenes y en la estructura, cuando fundamentalmente es vida, es un estilo de vivir. Los Apóstoles predicaban un nuevo estilo de vida, un camino nuevo, una forma de vivir distinta. Eso es lo que nos toca a nosotros vivir, explicarlo y dar testimonio. Es una forma de vivir.
 
2.- Los seguidores del Cordero.
San Juan, en el libro del Apocalipsis, describe una visión: una muchedumbre inmensa de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, adoraban al Cordero, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén» (Ap 7, 12).
Esta muchedumbre llevaba vestiduras blancas y palmas en sus manos (cf. Ap 7, 9). La vestidura blanca es símbolo del bautismo. Son los que blanquearon sus vestiduras con la sangre del Cordero (cf. Ap 7, 14), es decir, blanquearon su corazón del pecado original y del personal. Y unas palmas en las manos como símbolo del martirio o del testimonio de la fe.
A nosotros también se nos invita a que, por compromiso bautismal, adoremos al único Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Esa multitud inmensa, que vio Juan en su visión, que adoraba al Cordero, a Cristo, está invitándonos a adorar sólo a Cristo.
¿A quién o a quiénes adoramos? ¿A los mismos dioses que adora nuestra sociedad? ¿Cuáles son los dioses que adoran muchos de los paisanos nuestros? ¿A qué dedican su tiempo, su energía, su ilusión, su proyecto, a qué se dedican?
Dime donde está tu corazón y te diré dónde está tu tesoro. Dime a qué te dedicas y te diré en qué crees. ¿Cuáles son los dioses de nuestros contemporáneos?, ¿es el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo?, o ¿hay otras cosas tras las cuáles van buscando la felicidad y al final no la encuentran?, o ¿un deseo que no les lleva a la felicidad que buscan y quedan al día siguiente peor que antes?
Hay una felicidad que no es inmediata, pero produce una paz interior y una satisfacción mucho más profunda que tantísimos otros logros o mal llamadas felicidades.
¿A qué Dios adoramos nosotros? Y, ¿qué imagen tenemos de Dios? ¿El Dios que nos hemos fabricado nosotros a nuestro servicio para que obedezca a nuestros deseos? ¿Cuál es nuestra oración? ¿Qué le pedimos a Dios? ¿Le pedimos que se haga su voluntad en nosotros o que Él haga la voluntad que nosotros queremos? Y cuando Él no nos hace caso nos enfadamos con Él. Pensamos que nos ha fallado y dejamos de venir a misa o de practicar la fe. ¿Qué queremos, tener a Dios en el bolsillo? ¿Instrumentalizarlo para hacer nuestra voluntad? ¿Hacer de Dios un siervo nuestro?
O, ¿es al contrario? Me pongo delante del Señor para hacer su voluntad, por eso rezamos en el Padrenuestro: «hágase tu voluntad», tal y como rezó Jesús en el huerto de los Olivos. ¿Cómo educamos a las nuevas generaciones y a los hijos? ¿Les enseñamos a ser pedigüeños o les enseñamos a vivir de manera obediente, como Cristo hizo con el Padre?
La Visita Pastoral es para revisarnos cómo vamos en la fe. Esta mañana decía a un grupo de vosotros que esto era como pasar la “ITV”. Estamos de revisión. Estamos haciendo la “ITV”, pero no de nuestro coche, sino de nuestro corazón y de nuestra fe. Hay cosas que tendremos que cambiar y rectificar. A lo mejor alguno tiene que tirar alguna de sus piezas porque ya no sirve. Hay que reemplazarla por otra forma de pensar que es más acorde a la fe de la Iglesia.
Otro ejemplo es la misma Iglesia. ¿Cuántas veces habéis escuchado las expresiones “yo creo en Jesús, pero no creo en la Iglesia”, “yo creo en Dios, pero no creo en los curas”? La Iglesia no son sólo los curas, la Iglesia somos todos. Pero es que la Iglesia, el Cuerpo entero de Cristo, el Cuerpo místico es la cabeza y los miembros. Cristo es la cabeza de la Iglesia y el resto, los santos ya en el cielo y los peregrinantes, somos los miembros.
Cuando uno se enamora de una persona, ¿se enamora y quiere sólo la cabeza prescindiendo del resto del cuerpo o lo acepta todo de arriba abajo con las cosas positivas y con los defectos? Cuando uno dice que sólo quiere, o está enamorado, de la cabeza, está decapitando el organismo. Aquel que dice que sólo cree en Dios, o en Cristo, y no cree en la Iglesia, en realidad no cree ni en Cristo ni en la Iglesia, porque a Cristo no se le puede separar del resto del cuerpo que es la Iglesia.
Como veis, hay muchas formas en las que expresamos una fe equivocada, o una imagen de Dios que nos hemos hecho nosotros, pero no corresponden a las verdades y a la realidad.
Os invito a que vayáis purificando estas imágenes de Dios. Esto se hace con la oración, con la lectura bíblica, con el Magisterio de la Iglesia que nos va iluminando, nos va diciendo una serie de reflexiones sobre Dios, la Iglesia, la sociedad y demás temas.
¡Ánimo, hemos de ir purificando la imagen de Dios y de la Iglesia! Y también necesitamos purificar la imagen de nuestra comunidad parroquial, de las cofradías. A veces, sobre las cofradías se cierne el deseo de ciertos grupos, o de ciertas ideologías, o de ciertos políticos, de vaciar su sentido religioso y convertirlas simplemente en una expresión cultural. La Semana Santa no es una simple expresión cultural, vacía, de la fe cristiana. Y cuidado porque hay intentos de vaciar de sentido religioso a la Semana Santa.
Hemos de vivir cada vez con mayor identidad cristiana. Somos discípulos del Señor, hombres y mujeres de fe, hombres y mujeres de Iglesia. El que no quiera que se vaya, pero vivamos la fe lo más limpiamente posible. Y esa tarea nos toca a todos: a los pastores, al párroco, a los responsables de las distintas áreas eclesiales, hermanos mayores, juntas directivas, catequistas, etc. Todos estamos implicados.
Quiero, en esta Visita Pastoral, remarcar esta tarea tan importante que tenemos y que nos ha confiado Jesús en el bautismo. Esta es una misión que Él nos dio a todos cuando fuimos bautizados, cuando fuimos confirmados, o cuando fuimos ordenados sacerdotes, o cuando fuisteis confiados para ser catequistas o responsables de las asociaciones cofrades.

3.- El Buen Pastor da la vida eterna a sus ovejas.
En el Evangelio hemos escuchado la parábola del Buen Pastor. Es ésta una de las parábolas más entrañables del Evangelio: Jesús mismo se autocalifica como un Pastor bueno que da la vida por sus ovejas: Las cuida, las alimenta, está con ellas; si alguna se pierde por otros derroteros va en su busca y, sin regañarle, se la carga sobre sus hombros para devolverla de nuevo al redil con cariño. Esa figura del Buen Pastor es preciosa.
Todos somos ovejas respecto a Cristo, pero, también, todos somos pastores, no sólo el Papa y los obispos, o los sacerdotes. Sois pastores los padres. ¿Cómo educáis en la fe a vuestros hijos? Sois pastores los catequistas, sois pastores los que tenéis responsabilidades en las cofradías. Prácticamente todos somos a la vez pastores de alguien que viene detrás: las generaciones jóvenes.
    Dice Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen» (Jn 10,27). A cada uno de nosotros nos dice: “escucha mi voz; sígueme; aliméntate con la comida que yo te doy, no con las bazofias que, a veces, nos ofrece la sociedad”.
    En el texto del Evangelio, san Juan describe la palabra amar con otros verbos. Para san Juan amar es igual que creer. “Yo creo en Jesús, yo creo en Dios”, es lo mismo que decir “yo amo a Dios”. Fijaos en la diferencia: cuando decimos que una persona es creyente y no vive como tal, no ama. Si no ama, su fe podemos ponerla en un gran interrogante. ¿No dice el refrán “obras son amores”? Si no amamos…
    Hay cuatro palabras que san Juan utiliza como variantes del verbo “amar”, que definen la actitud del Buen Pastor:
1) Jesús nos conoce: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen» (Jn 10,27). Amar y conocer van unidos. Jesús nos conoce, pero la pregunta es: ¿conocéis bien a Jesús? Cuando estáis en una situación difícil, ¿os habéis preguntado alguna vez cómo actuaría Jesús?, ¿qué diría Jesús en este momento?, ¿qué sentiría Jesús?, ¿cómo viviría Jesús esta situación mía? Eso es conocerle amándole.
2) Jesús da la vida por las ovejas: «Yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre» (Jn 10, 28). Y, ¿qué estamos dispuesto a dar nosotros?, ¿media hora a la semana?, ¿una hora a la semana? ¿Eso es dar la vida? ¿Qué estáis dispuestos a dar por vuestros hijos?, ¿media hora a la semana?, o ¿veinticuatro horas sobre veinticuatro horas al día?
3) Jesús continúa diciendo: «y nadie las arrebatará de mi mano» (Jn 10, 29), porque Él nos protege. Él está con nosotros allá donde estemos. Si vamos por buenos pastos, está a nuestro lado, pero si nos vamos por “los cerros de Úbeda”, viene a por nosotros. Y tengamos la certeza de que los enemigos de Dios no vencerán nunca, porque el diablo es una criatura más, no es Dios, no está a la par de Dios. Cristo ha vencido al diablo, ha vencido al mal, ha vencido a la muerte y al pecado, con lo cual la victoria la tenemos asegurada.
La persecución religiosa en España no comenzó con la Guerra Civil del 36, sino que empezó en el año 1931, al inicio de la Segunda República; cuando ya había empezado la guerra ya había habido persecución. En Málaga, la quema de iglesias, conventos, y la persecución fueron en abril y mayo del 31. En esa época, en el año 37, un diplomático, representante de Rusia, escribió un parte a su jefe en Moscú –esto está publicado en un libro sobre las persecuciones de los mártires españoles–. El parte decía que la misión estaba cumplida y que habían arrasado con la Iglesia católica en España, que habían acabado con las iglesias, los conventos, los curas, los fieles y las monjas.
A ese diplomático, si viviera, le invitaría a venir a Almogía, a estar con vosotros, a celebrar las Eucaristías dominicales y pasar la Semana Santa con vosotros. De ese modo podría comprobar que nada de lo que él informó ha sido verdad.
Las puertas del infierno no van a poder jamás con la fe. Podrán quitarnos la vida, pero no la vida eterna. Y, detrás de nosotros, vendrán los hijos de los hijos. Esto debe ser una certeza nuestra. Vendrán gobiernos que nos ahogarán y nos pondrán los pies en el cuello. Ya lo han hecho antes; llevamos así dos mil años, empezando por los judíos que mataron a Jesús con la quiescencia de los romanos. Pero, después, los mismos romanos, en los años 60, treinta años después de la muerte de Jesús, culpaban a los cristianos de todo. Y ahí está la Iglesia tan viva como el primer día.
4) Y Jesús nos pide “ser uno”, vivir en comunión: «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10, 30). Hay una comunión perfecta entre las tres personas divinas. Y esa comunión de “ser uno” es la que os animo a vivir aquí. Ya sé que entre vosotros no hay esas tensiones fuertes que puede haber en otros sitios. Espero que nunca tenga que intervenir una cofradía de Almogía, como he intervenido en Málaga. Espero que esto no ocurra aquí. Porque debe haber una auténtica fraternidad dentro de la cofradía y entre las cofradías. Debe haber una fraternidad en la comunidad cristiana y una comunión dentro de las familias, dentro de la parroquia, dentro del pueblo a imagen de la vida interior de la Trinidad. Entre las tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, hay una comunión perfecta, hay un amor pleno y hay un conocimiento esencial. Cuanto mejor nos conozcamos y conozcamos al Señor, más nos amaremos.
Resumiendo, os pido, en esta Visita Pastoral, que revisemos cómo vivimos la fe, qué imagen tenemos de Dios (hay que purificar y renovar nuestra imagen de Dios), y cómo estamos transmitiendo la fe a las nuevas generaciones. Esto debéis realizarlo entre todos, ayudándoos a hacer esta tarea: sed testigos de la fe y del amor de Dios a los hombres.
Esto se lo pedimos de un modo especial a la Virgen, bajo la advocación de la Asunción, que es la titular de la parroquia, aunque la Virgen también tiene en la piedad popular de Almogía, en las cofradías, distintas advocaciones; da igual el nombre. Ella es la Virgen, es nuestra Madre. Ella está con nosotros, no tengáis reparos, no tengáis miedo.
Con esta buena intención, seguimos ahora la Eucaristía para pedirle al Señor que refuerce nuestra fe, nuestro amor y nos purifique cada día más. Que así sea.

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