DiócesisHomilías

Eucaristía en el Seminario (Seminario-Málaga)

Publicado: 10/05/2016: 1649

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga D. Jesús Catalá en la Eucaristía celebrada en el Seminario el 10 de mayo de 2016.

EUCARISTÍA EN EL SEMINARIO
(Seminario-Málaga, 10 mayo 2016)

 

Lecturas: Hch 20,17-27; Sal 67,10-11.20-21; Jn 17,1-11a.

1.- Hoy celebramos litúrgicamente la fiesta de san Juan de Ávila, un gran santo que es modelo y maestro de sacerdotes; por tanto, tenemos que tenerlos todos, sacerdotes y candidatos al ministerio, como un gran maestro.
En la lectura de los Hechos de los Apóstoles hemos visto a otro gran maestro: a Pablo de Tarso, ministro del Señor. San Pablo les recuerda a los presbíteros de Mileto cómo ha sido su misión. Hay algunas características sobre las que deseo detenerme.
Una primera característica: «sirviendo al Señor con toda humildad, con lágrimas y en medio de las pruebas que me sobrevinieron» (Hch 20,19). El estilo de Pablo es servir al Señor con humildad, con lágrimas, en medio de las pruebas. Para eso os estáis preparando, para servir al Señor con humildad en medio de las pruebas. La vida del cristiano no es fácil, la vida del presbítero y del Espíritu está llena de pruebas también.

2.- Otra característica o estilo de evangelizar de san Pablo: él no omitió por miedo nada de lo que tuviera que hacer o predicar. «No he omitido por miedo nada de cuanto os pudiera aprovechar, predicando y enseñando en público y en privado» (Hch 20,20). No hay que omitir por conveniencia temiendo que si digo una cosa me pueden criticar y si me callo me salvaré de que me critiquen. Pablo no omitió nada de lo que él consideraba importante y necesario para el bien del otro.
En tercer lugar: «dando solemne testimonio tanto a judíos como a griegos, para que se convirtieran a Dios y creyeran en nuestro Señor Jesús» (Hch 20,21). El término solemne se refiere al sentido público de su testimonio, no ampuloso. Da testimonio público, solemne y claro de Cristo muerto y resucitado. Y es testigo de una manera manifiesta, no al estilo Nicodemo.
Veamos tres rasgos del ministerio de Pablo; también para los diáconos, que pronto recibiréis el ministerio sacerdotal, a vivir con el estilo paulino.

3.- El estilo de vida paulino lleva consigo dos consecuencias. Pablo deja Mileto y sigue donde el Espíritu le guía: «Ahora, mirad, me dirijo a Jerusalén, encadenado por el Espíritu. No sé lo que me pasará allí, salvo que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me da testimonio de que me aguardan cadenas y tribulaciones» (Hch 20,22-23).
Obedecer al Espíritu a donde él te envíe. Ejercer el ministerio donde el Señor te envíe. Hay que seguir al Espíritu y no hacer mis planes para estar o para ir a donde a mí me gustaría ir. Pablo no va donde le gusta. Fijaros los grandes viajes de Pablo, pero siempre siguiendo al Espíritu; donde él le dice, obedece y va.
El objetivo de esta obediencia al Espíritu es para llevar a cabo la misión, esto es: ser testigo del Evangelio. En palabras de Pablo: «Pero a mí no me importa la vida, sino completar mi carrera y consumar el ministerio que recibí del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Dios» (Hch 20,24).
Todo esto es un programa de vida sacerdotal que podéis ir meditando para ir asumiéndolo.

4.- En el Evangelio Jesús, levantando los ojos a su Padre del cielo, hace la preciosa oración sacerdotal. Esta oración aparece en el famoso capítulo 17 de san Juan y que es conveniente que leáis, meditéis, recéis, aprendáis, profundicéis, saboreéis. Es la bella oración sacerdotal de Jesús.
Me centro ahora en un solo punto de esta oración: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn 17,3). ¿Qué gran regalo puede darle una persona a otra? Los padres a los hijos le dan la vida. ¿Qué otros regalos son apreciados en nuestra sociedad? Si uno le regala un coche a otro, ¿es apreciado? ¿Regalar un coche es bueno? ¿Qué otros regalos aprecia nuestra sociedad? ¿Qué regalos os gustaría recibir a vosotros? (Responden los seminaristas: un viaje o dinero). ¿Qué es comparado estos regalos que pueden regalarse humanamente con la vida eterna? Poco o nada, ¿verdad?

5.- ¿Qué regalos vais a dar vosotros a nuestros contemporáneos y paisanos como sacerdotes? Darles a conocer a Cristo. Y resulta que anunciar a Cristo, dar a conocer a Cristo es vida eterna. ¿Qué es la vida eterna? La respuesta nos la da Jesús: «que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn 17,3).
Aquel que anuncia a Cristo como enviado de Dios Padre, ese regala vida eterna. ¡Estáis llamados a regalar vida eterna! Algo mucho más valioso que regalar coches, viajes, dineros, pinturas, libros… ¡Estáis llamados a regalar a los hombres vida eterna! Es decir, el anuncio y el conocimiento de Jesucristo. No cambiéis esa vocación de regalar vida eterna por regalar baratijas.

6.- Termino con una cita de san Juan de Ávila, tomada del Oficio de Lectura de hoy, y que responde al interrogante de qué es ser sacerdote: “Esto, padres, es ser sacerdotes: que amansen a Dios cuando estuviere, ¡ay!, enojado con su pueblo; que tengan experiencia que Dios oye sus oraciones y les da lo que piden, y tengan tanta familiaridad con él; que tengan virtudes más que de hombres y pongan admiración a los que los vieren: hombres celestiales o ángeles terrenales; y aun, si pudiere ser, mejor que ellos, pues tienen oficio más alto que ellos” (Juan de Ávila, Plática enviada al padre Francisco Gómez, S.I., para ser predicada en el Sínodo diocesano de Córdoba del año 1563).
«Que tengan experiencia que Dios oye sus oraciones y les da lo que piden», dice el santo. ¿Tenéis vosotros esa experiencia de que lo que le habéis pedido a Él os lo ha concedido? Cuando la tengáis, pedid la ordenación sacerdotal; y que la Virgen nos ayude.

Más artículos de: Homilías
Compartir artículo