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Confirmaciones en la parroquia de Santiago (Monda)

Confirmaciones en Monda en junio de 2016
Publicado: 10/06/2016: 5631

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la celebración de Confirmaciones en la parroquia de Santiago (Monda), el 10 de junio de 2016.

CONFIRMACIONES EN LA PARROQUIA DE SANTIAGO

(Monda, 10 junio 2016)

 

Lecturas: 1 Re 19,9.11-16; Sal 26,7-9.13-14; Mt 3, 13-17.

 

1.- Descubrir la presencia del Señor

Hoy va a ser como un nuevo Pentecostés en la comunidad cristiana de Monda. Esto va a ser una revolución, pero de las buenas. Hay revoluciones buenas y no tan buenas, ésta va a ser buena.

Hemos escuchado una lectura en la que aparece el profeta Elías, que es un personaje muy interesante y que os aconsejo su lectura en el primer libro de los Reyes.

Este profeta se tuvo que retirar al monte Carmelo, –de ahí vino la devoción a la Virgen del Carmen. En el siglo XII unos eremitas se retiraron ahí y trajeron la devoción a la Virgen del Carmen–. Pues, en ese monte Carmelo, en Palestina, él se retiró huyendo de la persecución de la reina Jezabel. Prácticamente habían sido eliminado todos los profetas verdaderos, los profetas auténticos, los profetas de Dios, del Dios de Israel, y quedaban más de cuatrocientos profetas falsos, apoyados y pagados por la reina. Estos profetas lo que hacían eran profecías falsas.

Elías se tiene que retirar en busca de varias cosas: primero, de salvaguardar la vida; segundo, de estar cerca de Dios, de poder rezar y poder dedicar su vida a Dios; y después, de mantener la pureza, la identidad de la religión al Dios verdadero.

Estando así, deseando percibir de una manera más plástica la presencia de Dios ve y siente unos fenómenos de la naturaleza. Fenómenos que otras religiones consideraban que ahí estaba Dios, que eso era Dios. Por ejemplo: un huracán violento, un terremoto, el fuego, un volcán, una nube… Eso eranfenómenos de la naturaleza que no son Dios y que otras religiones la consideraban como Dios a esas manifestaciones.

El profeta Elías quería ver al Señor y lo buscaba en las diversas manifestaciones de la naturaleza: un huracán violento, un terremoto, el fuego; pero en ninguno de esos fenómenos estaba el Señor, eso no era Dios (cf. 1 Re 19,9-11).

Al final, descubre a Dios en un susurro, en una brisa suave (cf. 1 Re 19,12-13), como diciendo que a Dios se le puede encontrar en el silencio, dentro de tu corazón. Para hacer oración no hay que estar extravertidos. Recógete, dice Mateo, en tu aposento, en tu casa, en la iglesia, en silencio y ora a Dios que te escuchará (cf. Mt 6, 6). No hacen falta grandes palabrerías. Lo que salga del corazón expónselo al Señor.

Es una incitación, un ánimo a que nosotros dediquemos momentos especiales a la oración, a rezar; si no nuestra vida cristiana no se sostiene.

Con el Salmo hemos rezado: «Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor» (Sal 26,8).

Queridos confirmandos, ¿cómo buscáis el rostro de Dios y dónde lo encontráis? ¿En la lluvia, en el huracán, en el fuego, en el terremoto, en el volcán? ¿Dónde encontrar el rostro de Dios? Jesucristo es el rostro de la misericordia de Dios. Jesucristo nos ha revelado quién es Dios.

¿Dónde encontrar a Dios al que no podemos ver ni tocar ni sentir? En la presencia sacramental de Cristo, en los sacramentos, en la Eucaristía, en la Palabra de Dios, en la confirmación. Hoy recibiréis el Espíritu Santo y eso supondrá un encuentro con Dios, un encuentro con Cristo.

Hay que seguir buscando el rostro de Dios. No basta con saber dónde está, sino acercarnos a Él.

 

2.- Ungidos por el Espíritu

El Señor le dijo a Elías que ungiera a los reyes de Siria y de Israel; y a un profeta sucesor suyo, a Eliseo (cf. 1 Re 19,16). Los reyes, los profetas y los sacerdotes eran ungidos con óleo.

Vosotros esta tarde vais a ser crismados con óleo, con el crisma. Este óleo lo bendije el Miércoles Santo, en la Misa Crismal junto a los sacerdotes en la Catedral. Todos los sacerdotes de la Diócesis para bautizar, para confirmar, –ahora el Obispo o delegado del Obispo–, y para ungir a los enfermos, utilizan ese mismo óleo consagrado por el Obispo en la Semana Santa.

A los que bautizamos y a los que confirmamos se les unge como se ungían a los reyes, a los profetas y a los sacerdotes. Porque vosotros sois, desde el punto de vista del Señor, un pueblo de reyes, de profetas y de sacerdotes. Y vais a ser ungidos para una misión. Igual que el Señor envió a Elías a una misión, sois enviados a una misión; es decir, a ser testigos del Señor, a proclamar vuestra fe fuera, en casa, en el trabajo, en la vecindad, donde cada uno esté.

 

3.- Celo por el Dios único de Israel

Elías es un profeta muy especial, un hombre de Dios y un hombre valiente. Él huía para no ser asesinado por la reina, pero buscaba que fuera conocido el Dios verdadero.

Elías dijo al Señor: «Ardo en celo por el Señor, Dios del universo, porque los hijos de Israel han abandonado tu alianza, derribado tus altares y pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para arrebatármela» (1 Re 19,14).

Y os pregunto a vosotros: ¿qué tipo de dioses tiene nuestra sociedad? O, ¿qué tipo de dioses podemos tener nosotros? Es decir, aquello en lo que ponemos el corazón, las energías y todo. ¿Qué tipo de dioses o de diosecillos existen en nuestra sociedad que también pueden ser nuestros? Decidme alguno. (Respuesta de los fieles: el poder). Hay gente que mata, o que trampea, o que manipula por tener poder y poder decidir, y poder hacer su voluntad. Eso es un dios.

A ver, otro dios o diosecillo de nuestra sociedad. (Respuesta de los fieles: la envidia). Otro dios, la envidia. Venga, otro más. (Respuesta de los fieles: el dinero). El dinero es un instrumento, pero se puede convertir en un dios al que uno dedica todo su esfuerzo y sustituye al Dios verdadero. Más diosecillos. (Respuesta de los fieles: la maldad). La maldad es un pecado. Una cosa que aparentemente es buena. (Respuesta de los fieles: la fama). La fama, otro dios. Ser famoso a base de lo que sea o hacer la propia voluntad.

En tiempos de Elías había más de cuatrocientos profetas falsos que adoraban a los baales, a los dioses falsos. Nuestra sociedad adora a muchos dioses falsos, a imágenes falsas. A mucha gente que dedica mucho esfuerzo a su imagen. No hace falta hablar de las estrellas de los medios de comunicación y de la televisión. Y hay gente que no sale en televisión pero que cuida su imagen como lo más, como si ahí se jugara toda su felicidad. Eso son dioses falsos.

Ahora el Señor, en esta celebración nos pide que adoremos al Dios verdadero: Cristo, la imagen de Dios. Lo demás se quedará aquí, nadie se llevará nada. Un día, el papa Francisco hablando de la gente que iba buscando tener muchas cosas, muchos bienes y que buscaban el tener y el poder, dijo: «Nunca he visto un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre, nunca» (Homilía en Santa Marta. Roma, 21 junio 2013). ¿Habéis visto vosotros alguna vez un entierro con el camión de mudanzas detrás? No, ¿verdad?

El Señor en esta celebración del sacramento de la confirmación espera una conversión de nuestro corazón.

 

4.- Bautismo de Jesús

Hemos escuchado en el Evangelio el relato del bautismo de Jesús. Jesús fue bautizado con agua y Él prometió un bautismo de Espíritu Santo y de fuego.

Lo que vais a recibir es un bautismo de Espíritu Santo. Vais a recibir un gran regalo que es el Espíritu Santo. Dejaos transformar por Él. Dejaos cambiar por dentro por el Espíritu Santo.

Dentro de nosotros hay muchas cosas que nos sobran. ¿Qué hace falta para poder llenar un vaso? (Respuesta de los fieles: que el vaso esté vacío). Si el vaso no está vacío no lo podéis llenar; eso es de Perogrullo. Si estoy lleno de mí mismo, de mis egoísmos, de mis pecados, de mis proyectos, Dios no entra; pues ya estoy lleno.

Si queréis que entre el Espíritu Santo en vosotros tenéis que vaciaros esta tarde y durante toda la preparación a este sacramento. Si no os vaciáis el Espíritu no entrará.

Vamos a pedirle al Señor que nos vaciemos por dentro para que nos rellene el don del Espíritu Santo.

Si no hay transformación, si no hay cambio es que no os habéis vaciado y no ha entrado el Espíritu; porque la confirmación, como el bautismo, transforman a las personas. Si no hay transformación es que algo ha pasado.

Conclusión, D. Maiquel. Si en Monda, a partir de mañana no se nota que ha habido un grupo de gente que se ha confirmado, pongo un gran interrogante. Tiene que notarse en las relaciones personales, en la familia, en la parroquia, en muchos sitios del pueblo. ¿Estáis dispuestos al cambio? (Respuesta de los confirmandos: ¡sí!). Pues, que así sea.

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