DiócesisHomilías

Eucaristía con los participantes en los campamentos diocesanos (Parr. Santa Inés-Málaga)

Publicado: 19/06/2016: 2805

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía con los participantes en los campamentos diocesanos el 19 de junio de 2016 en la parroquia de Santa Inés de Málaga.

EUCARISTÍA CON LOS PARTICIPANTES

EN LOS CAMPAMENTOS DIOCESANOS

(Parroquia de Santa Inés-Málaga, 19 junio 2016)

 

Lecturas: Za 12,10-11;13,1; Sal 62,2-9; Gal 3,26-29; Lc 9,18-24.

(Domingo Ordinario XII-C)

 

1.- Identidad de Jesús en la oración.

Estamos celebrando la Eucaristía que es un encuentro con el Señor y vamos a ponernos delante de Él siguiendo el texto de Lucas.

En primer lugar, dice el texto que Jesús estaba en oración. ¿Os habéis preguntado por qué Jesús solía rezar? ¿Por qué Jesús se retira a orar? ¿Qué tiene que ver con su misión la oración de Jesús?

Él descubre, en ese diálogo íntimo con su Padre, lo que el Padre quiere de Él. Y necesita estar con su Padre y ponerse delante de Él, incluso de rodillas, como Hijo. Por eso se retira, a menudo, para encontrarse con su Padre (cf. Lc 5,16).

En ese diálogo, Jesús, humanamente hablando, va descubriendo su misión; ahí Él se identifica; esa es su identidad. ¿Quién es Jesús? Jesús es el Hijo de Dios, no hay otro.

Primera parte. La identidad de Jesús va aferrada, solidificada, estrechada en comunión con su Padre; es su filiación; ahí descubre cual es la voluntad de su Padre en su vida. «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra» (Jn 4,34).

 

2.- Pregunta a la gente sobre su identidad.

A continuación, pregunta Jesús: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Lc 9,18). Otra vez su identidad.

¿Quién es Jesús? La gente habla de Elías y Juan Bautista, dos grandes profetas, uno del Antiguo Testamento, el otro el del umbral del Nuevo Testamento. La gente valora a Jesús como un gran profeta. «Ellos contestaron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas» (Lc 9,19).

¿Es suficiente esto? ¿Jesús es sólo un gran profeta como Elías o como Juan Bautista? Jesús es considerado como un gran profeta. Pero esto es insuficiente. ¿Qué hemos dicho que era Jesús? El Hijo. Lo importante es la filiación.

 

3.- Pregunta a los discípulos.

Y después, pregunta Jesús a los discípulos, no sobre lo que dice la gente, sino qué dicen ellos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Y Pedro respondió: «El Mesías de Dios» (Lc 9,20).

En esta trayectoria, en este proceso nos situamos nosotros. ¿Dónde cotejáis vuestra identidad? Esta pregunta es de diez. ¿Dónde aferráis vuestra identidad?, ¿dónde descubrís vuestra identidad?, ¿quiénes sois?

Jesús pregunta «¿quién soy yo?», y, por revelación, Pedro responde que Jesús es el Ungido, el Cristo.

Y, ahora, Jesús también nos hace una doble pregunta: ¿quién soy yo?, es decir, ¿quién es Él? Y nosotros, de memoria, contestamos la respuesta de Pedro: “Tú eres el Ungido”. Eso es lo que hemos aprendido.

Hay otra pregunta que no nos la hace, pero la hago yo, sacado de este texto: “y vosotros, ¿quiénes sois?” Poneos en comparación con Jesús. ¿Jesús quién es? El hijo de Dios, el Ungido. Entonces, ¿vosotros quiénes sois? Hijos de Dios por la unción bautismal. Somos hijos de Dios por unción. Somos cristos, somos ungidos. El bautismo es quien nos da la identidad.

Y esa filiación, que después será fraternidad con los otros, esa filiación, esa identidad, ¿dónde, o de qué manera, vosotros la promovéis y la afianzáis? (Responden los fieles: “en la Eucaristía”). En la Eucaristía, centro de la vida cristiana. ¿Dónde la afianzaba Jesús? (Responden los fieles: “en la oración”). Nosotros la afianzamos en la liturgia de la Iglesia, mediante su oración, pero también en la oración personal. Jesús no rezaba sólo en la Cruz, o en la última cena, afianzaba su identidad durante todo el día y muchas noches, la afianzaba íntimamente poniéndose en presencia del Padre.

¿Cómo hemos de afianzar nuestra identidad y clarificarla? En la liturgia y la oración personal, si no, al final, no sabremos quiénes somos, porque los reclamos de fuera, de la sociedad, son tan grandes que nos confunden y necesitamos tiempos, lugares, momentos, para ir descubriendo nuestra identidad de hijos de Dios, de ungidos, de cristos.

 

4.- La identidad del discípulo.

San Pablo, en la carta a los Gálatas, ha dicho una frase preciosa, muy bonita, que os animo a que la reflexionéis y la recéis muchas veces: «Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo» (Gal 3,27).

En el bautismo hemos sido revestidos; Cristo nos ha dado su túnica, nos ha revestido, ha tapado nuestra desnudez, nos ha limpiado, nos ha configurado con Él. Eso es lo que nos lleva a vivir cada uno aquello que el Señor le pide: la unción del Espíritu en el bautismo y el revestimiento de Cristo. «Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús» (Gal 3,26).

 

5.- Seguimiento de Jesús

Y la última parte de este proceso que estamos desarrollando es: ¿qué pide Jesús a sus discípulos? Jesús decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga» (Lc 9,23). Ese “coger la cruz” algunos pensaban que era coger una cruz y cargarla en el hombro, otros pensaban que era aguantar los dolores de una enfermedad, otros pensaban… hay muchas cosas, se puede hacer de muchas maneras.

Pero, ¿cuál es el núcleo de ese “tomar la cruz”? Hacer este proceso de Jesús, es decir, el mismo que hace Él. Ponerte delante del Padre para ser discípulo y hermano de Cristo, como ungido, y hacer la voluntad del Padre. Eso es cargar con la cruz: seguir los pasos de Cristo mirando por dónde va Él, no mirando mis pasos. Ser discípulo es mirar al Maestro, imitar al Maestro como modelo en una relación vital con Él. Eso es seguirle llevando la cruz.

A esto nos invita el Señor hoy y siempre; pero en esta celebración, en concreto, nos invita a seguirle. Nos ha dado lo que necesitamos: nos ha ungido, nos ha revestido y nos ha invitado; entonces hay que ir detrás de Él.

Estamos todos invitados a ser discípulos, al discipulado, con estas características que nos dice el texto de Lucas: «pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará» (Lc 9,24).

 

6.- Monitores de los Campamentos.

La Eucaristía de hoy, además, tiene otro motivo al habernos reunido aquí: la preparación de los campamentos. Habéis estado trabajando previamente, hoy también, y si hace falta más, pues seguiréis trabajando.

Quiero felicitaros porque hemos caminado un trecho, un camino siguiendo a Jesús, que era lo que Él nos pedía: nos hemos conjuntado armónicamente los distintos campamentos que, hace unos años, cada uno hacía a su aire con sus temas, con sus actividades y con independencia total respecto de los demás grupos. Hemos hecho juntos un camino para unificar, como Iglesia diocesana, de forma que todos los campamentos que se celebren, o que realicen los fieles de la diócesis de Málaga, tengan un objetivo común, un tema común. Naturalmente, adaptado a edades y situaciones, pero caminamos como diócesis; no vamos cada uno a la suya.

Así que enhorabuena por el camino y el esfuerzo que habéis hecho, y estáis haciendo, para conjuntarnos en esta tarea eclesial, como final de curso pastoral y como actividad complementaria a tantas cosas realizadas en parroquias, o en colegios, o en movimientos. Tenemos que conseguir que todos los grupos, sean de donde sean: movimientos, asociaciones, escuelas, congregaciones religiosas, parroquias, se unan en este trabajo, para hacer una obra de Iglesia.

Aún nos queda un trecho, no está todo hecho. Todo esto, al final, se concretará en la expresión de una actividad, de un modo de hacer, de un estilo diocesano. El nombre no es problema, ya le pondremos su nombre; lo importante es un estilo propio de la Iglesia particular, una confraternidad, un camino y un proyecto para todos, sin distinción alguna. Todos siendo discípulos de Jesús, mirando sus pasos, contemplándole, siguiéndole; pero hermanados, no cada uno por su cuenta. Hacia ahí nos dirigimos

Queridos fieles, educadores, monitores, como queráis llamaros, catequistas: esa es nuestra tarea.

Todos vamos a realizar bien nuestra tarea. Cuando alguien dice que una cosa es maravillosa, o se lo pasa muy bien, o ve una cosa que le encanta mucho, suele decir: “¡esto ha estado de cine!”. Pues vamos a hacer una vida de… (Responden todos los fieles: “¡cine!”) Una vida de cine, es estupendo, maravilloso, y lo vamos hacer entre todos. Y vamos a hacer que disfruten nuestros chavales.

Proseguimos ahora. Esto es como un envío a todos los que vais a trabajar en los campamentos y, por tanto, una misión. El Obispo, cabeza de la diócesis de Málaga, os pide, os envía a una misión diocesana. Por tanto, quitar barreras, obstáculos; somos una única familia y tenemos una única misión. La cabeza de la Iglesia particular nos envía a todos a esta misión.

Ahora vamos a hacer ese envío de una manera concreta, con unas palabras y con una fórmula adaptada. Así que, ¿estáis dispuestos a ser discípulos de Jesús? (Responden los fieles: “¡sí!”) ¿Estáis dispuestos a hacerlo con todas las realidades diocesanas como una? (Responden los fieles: “¡sí!”). Pasamos ahora a hacerlo concreto.

¡Que la Virgen nos acompañe! Amén.

Más artículos de: Homilías
Compartir artículo