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Misa de funeral por el Rvdo. D. Pedro Luís González (Catedral-Málaga)

Publicado: 27/06/2020: 3231

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá en la Misa de funeral por el Rvdo. D. Pedro Luis González, en la Catedral de Málaga el 27 de junio de 2020.

MISA DE FUNERAL

POR EL RVDO. PEDRO LUIS GONZÁLEZ

(Catedral-Málaga, 27 junio 2020)

Lecturas: Lm 2,2.10-14.18-19; Sal 73,1-3-5-7.20-21; Mt 8,5-17.

1.- Hemos escuchado las lecturas que este Tiempo Ordinario nos ofrece hoy. El libro de las Lamentaciones presenta las vicisitudes que el ser humano tiene que sufrir o tiene que asumir en su vida temporal. Pero hay dos maneras de ver la vida: una es la de los profetas de desventura y de calamidad; y otra es la del profeta de la verdad. Los profetas de desventuras anuncian sueños irrealizables y hacen creer a la gente lo que no existe, ilusionándola; alejándola de la verdad y de la realidad cotidiana, o prometiendo una felicidad inalcanzable aquí.

Hoy rezamos por nuestro hermano Pedro, sacerdote, que tuvo la tarea de ser profeta como sacerdote, de anunciar el Evangelio, la verdad y la luz. El profeta tiene que anunciar lo que recibe del Señor, no lo que se inventa; no debe anunciar sueños que desvíen del objetivo fundamental del ser humano, que consiste en llegar a contemplar cara a cara el rostro de Dios.

Esa tarea de profetas nos toca a todos también. A los sacerdotes, de un modo especial, por ordenación y a todos los fieles cristianos por bautismo. Somos profetas. Hemos de anunciar lo que el Señor nos pide; no los sueños o las conveniencias que nos gustan o que no hacen bien a quien nos oyen.

2.- El cristiano nace en el bautismo; por eso hemos encendido el Cirio Pascual, signo de Cristo resucitado; signo de esa llama que el Señor puso el día de nuestro bautismo como germen de inmortalidad. Nos regaló la fe, la esperanza, el amor y nos invitó a caminar buscando nuestro futuro, la verdad, la vida auténtica. Nos hizo la invitación de caminar hacia Dios. En ese proceso esa luz es importante para nuestra tarea de compromiso bautismal y de nuestra misión como profetas.

Si hay que anunciar para que se convierta el pueblo y decir la verdad que duele, hay que anunciarla. Pero, sobre todo, hay que anunciar a Cristo, que es el Evangelio, la Buena Nueva. No anunciamos doctrinas o cosas, hay que anunciar a la persona de Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto por amor a los hombres y resucitado para nuestra salvación. Eso simboliza el Cirio Pascual. Todos somos portadores de esa Luz, como tarea confiada en el bautismo; es nuestra tarea de ser profetas.

3.- Hoy pedimos al Señor que acoja a nuestro hermano Pedro, que recibió esa tarea en el bautismo y después le fue confiada en la ordenación sacerdotal; la misión de ser profeta de verdades, de ser anunciador de luz, de libertad; de ser el pregonero de Cristo resucitado.

Queremos agradecer el don de su vida y de su ministerio. Él proviene de otra Diócesis, pero ha vivido con nosotros en Málaga prácticamente su larga vida sacerdotal. Quiso desgastar su vida y ofrecerla aquí, en Málaga, con nosotros, hasta el último aliento.

4.- En el Evangelio hemos escuchado la súplica del centurión a Jesús. Ese es el otro binomio. Por la fe del centurión Jesús cura a su hijo. Una fe que dice no tienen siquiera los del pueblo de Israel (cf. Mt 8, 10). La pregunta que podemos hacernos nosotros es: ¿cómo está nuestra fe?

Tal vez por nuestra fe, o por nuestra poca fe, o falta de fe hay mucha gente que no cree. ¡Cuántas personas han dicho que los cristianos decimos unas cosas, pero vivimos otras! Por eso no llegamos a convencer. Tengo en mente el nombre de varios líderes de la paz, escritores y pensadores que lo han dicho.

5.- ¿Anunciamos como profetas a Cristo? Y, ¿vivimos como creyentes la fe en Cristo? Como sacerdotes y como fieles cristianos, por compromiso bautismal o por ordenación sacerdotal, todos estamos inmersos en una tarea que el Señor nos ha confiado: anunciar a Cristo y vivir esa Verdad en nuestra vida. Vivir la fe, la esperanza cristiana y el amor. ¡Vivirlo!

Hemos de pedirle también a Dios que a nuestros oyentes les abra los oídos y les abra el corazón para acoger la fe. Debemos pedirle que seamos de veras hombre de fe, hombres de Dios, hombre que creen en la vida eterna. Porque si decimos que creemos en la vida eterna, pero todo nuestro corazón está aquí abajo acumulando como acumularía cualquier no creyente, hay ahí una disociación en nuestra vida, no hay coherencia. Entre fe y vida debe de haber una coherencia plena y total.

6.- Damos gracias a Dios por la persona, el ministerio y la presencia entre nosotros de nuestro hermano Pedro. Y pedimos por él, pues la salvación y el don de la eternidad es un regalo, un don del Señor. El Señor ya ha pagado por nuestros pecados; aquí nadie se gana la vida eterna.

La espiritualidad de hacer cosas para ganar la vida eterna no está muy de acuerdo con la teología. Cristo nos ha ganado el cielo; Cristo ha perdonado nuestros pecados; Cristo nos ha salvado y Cristo nos ofrece su gracia. A nosotros nos toca corresponderle, aceptarla lógicamente; y hemos de ser coherentes. Tenemos como regalo la vida, la fe, el amor, –las tres virtudes teologales–, y la vida eterna. Todo es regalo de Dios. Todo es gracia. Hemos de ser conscientes de esto y vivirlo así.

7.- Que el Señor acoja en su reino de inmortalidad y le regale a nuestro hermano Pedro la vida eterna.

Y a nosotros nos ayude a ser testigos y verdaderos profetas, anunciando a Cristo a nuestro mundo y a ser coherentes con nuestra fe.

Pidamos a la Virgen Santísima que lo acompañe con los ángeles y los santos al Reino eterno, que por fe creemos que ya está gozando de esa vida eterna. Amén.

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