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Confirmaciones (Catedral-Málaga)

Publicado: 11/11/2016: 133

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en las Confirmaciones celebradas en la Catedral de Málaga el 11 de noviembre de 2016.

CONFIRMACIONES
(Catedral-Málaga, 11 noviembre 2016)

Lecturas: 2 Jn 4-9; Sal 118,1-2.10-11.17-18; Lc 17,26-37.

1.- El evangelista Juan, además de su evangelio, escribió tres cartas; en la segunda, nos ha dicho en qué consiste el amor. Si hiciéramos esta pregunta como una encuesta, escucharíamos las más diversas opiniones sobre en qué consiste el amor. Probablemente algunas definirían el amor como lo contrario de lo que es, subrayarían el egoísmo. Cuando eso, en verdad, no es el amor.
¿En qué consiste el amor? ¿Alguno se atreve a definirlo? El amor consiste, en primer lugar, en que Dios nos ha amado. La experiencia del amor en el ser humano es la de ser amado. Cuando una persona no es amada se incapacita para amar. Solo podemos amar cuando previamente somos amados. Lo normal es que seamos amados, por supuesto por Dios, y por nuestros padres, por nuestra madre que nos llevó en su seno. Si una madre rechaza al hijo, esa criatura es difícil que pueda amar.
Pero podemos amar, en primer lugar, porque Dios nos amó primero. Y Dios entregó a su Hijo por nosotros, por amor. «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4,10).

2.- En segundo lugar, ¿en qué consiste el amor? Si de parte de Dios en que nos amó primero, por parte nuestra, debe consistir en corresponder a ese amor. El amor consiste en aceptar el amor que Dios nos regala. El amor consiste en aceptar que Jesucristo es el Hijo de Dios que ha dado la vida por cada uno de nosotros. En eso consiste el amor y la fe que van unidas.
Y, ¿en qué consiste el amor como actitud? Si Dios nos amó primero, consiste en corresponder a ese amor cumpliendo sus mandamientos, mandamientos que se refieren a Él y al prójimo. «En esto consiste el amor: en que caminemos según sus mandamientos» (2 Jn 4). El Decálogo o las diez palabras son palabras de vida, son palabras de amor. Unas dirigidas a Dios que me amó primero y otras a mis hermanos, como el respeto a su vida, a su fama, a sus bienes, en fin, el respeto a su persona. En el amor al otro, en esto consiste el amor. 
Aceptar que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, eso es amor. Y aquel que niegue que Jesús es Hijo de Dios hecho hombre ese es un anticristo. «Pues han salido en el mundo muchos embusteros, que no reconocen que Jesucristo vino en carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo» (2 Jn 7). 
¡Qué diferencia tan grande entre lo que nos dice muchas veces nuestra sociedad cuando emplea la palabra amor, y lo que en verdad es el amor! Al final, la definición es: Dios es amor, y participamos de ese amor.

3.- Hoy, los que vais a recibir la confirmación culminaréis vuestro proceso de la iniciación cristiana. Podemos decir que empezáis hoy vuestra andadura. Los que están bautizados y no están confirmados aún no han terminado de iniciarse. Estáis en los inicios porque es un sacramento de inicio, no de final.
Gracias a Dios vais a recibir este sacramento que es el don del Espíritu Santo y culminaréis la iniciación cristiana. Esto os va a capacitar para ser testigos de Jesús, para vivir el amor en los ambientes. Os faltaba la fuerza del Espíritu. Y la fuerza del Espíritu en el sacramento nos hace capaces de ser mejores hijos de Dios, mejores testigos del amor, unos amadores auténticos.

4.- El año litúrgico termina, no este próximo domingo, sino el siguiente. La liturgia no se rige según el año natural. Empezamos el año natural el día uno de enero. Pero la liturgia va por ciclos litúrgicos que terminan en el domingo de la fiesta solemne de Cristo Rey, que será dentro de dos domingos, cuando el Papa clausurará el Año de la Misericordia. Nosotros, en la diócesis, lo clausuraremos el próximo domingo.
Pues bien, en estas últimas semanas del año litúrgico, el evangelio de cada día, como el que se ha leído hoy, son evangelios que narran lo que va a suceder al final de los tiempos, son apocalípticos. Esta es una palabra griega que se utiliza hoy, hasta en películas; pero como trata de lo que sucederá al final del mundo, con un lenguaje especial, resulta difícil de entender. Por ejemplo, cuando dice que estarán dos durmiendo juntas y a una se la llevará y la otra se quedará, estarán dos en el campo y a uno se lo llevará y otro se quedará… (cf. Lc 17, 34-36) Los discípulos estaban como mareados de lo que les estaba diciendo Jesús y no acaban de entender lo que sucederá al final de los tiempos.
No importa tanto lo que va a suceder, sino cuál ha de ser nuestra actitud. Actitud al final de los tiempos o al final de nuestra vida y siempre. En el final de los tiempos, probablemente no estaremos presentes. Vendrá cuando Dios tenga dispuesto. Pero lo más importante, no es cuándo va a llegar o cómo va a llegar, sino cómo nos encuentre a nosotros en cada momento. Y dice el Señor: «El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará» (Lc 17,33).

5.- En nuestra sociedad, sin embargo, hay otra forma de vivir cada uno su vida. ¿Cómo se vive? El evangelio de Lucas ha puesto dos ejemplos. Como sucedió en tiempos de Noé, que la gente vivía, comía, disfrutaba… (cf. Lc 17, 26). Como sucedió en tiempos de Lot en el que la gente comía, bebía, disfrutaba… (cf. Lc 17, 28). Como sucede en pleno siglo XXI donde la gente come, bebe, disfruta… ¿Ahí queda todo? ¿Ahí está todo, no hay nada más allá? ¿Hay que gozar, vivir a lo loco, disfrutar de muchas experiencias, cumplir todos los deseos, buscar todos los gozos porque no hay nada más allá de esta vida? Vuestra presencia está diciendo que sí hay un más allá, que sí hay otra vida. Y que para esa otra vida que nos regala el Señor nos preparamos ya aquí. No vale hacer aquí lo que nos da la gana pensando que en el último segundo de la vida ya me arrepentiré, porque probablemente no nos enteraremos cuando nos llegue la muerte. Salvo excepciones la inmensa mayoría muere sin esperar la muerte, incluso muchos mayores.
Se trata de que nuestra vida sea un regalo para Dios, -que nos la regaló- y un don para los demás. Si perdemos la vida por Dios y por los demás la encontraremos después. Si gastamos la vida para nuestras cosas se nos acabará la vida aquí y no tendremos nada después.

6.- Se os va a regalar el don del Espíritu Santo para que viváis con mayor profundidad el ser hijos de Dios, para que potenciéis la semilla de la inmortalidad que recibisteis en el bautismo, semilla que lleváis sembrada en el corazón. Por tanto, ya tenemos el germen de la inmortalidad dentro de nosotros, preparémonos para seguir viviendo después de la muerte temporal. Ya que el don del Espíritu os dará entendimiento para entender y saborear esto, y fuerza para ser testigos de esta verdad que el Señor nos regala.
Proseguimos la celebración pidiendo por toda la comunidad aquí reunida; por los confirmandos, para que el Espíritu penetre dentro de cada uno de ellos, les transforme, los cambie por dentro, y ellos sean dóciles al Espíritu para ir penetrando en estos misterios que el Señor nos revela sobre nuestra vida aquí y sobre nuestra vida en el más allá.
Le pedimos a la Virgen, Santa María de la Victoria, nuestra Patrona, que nos acompañe en este camino de su mano. Que así sea.

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