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Inauguración de la Residencia Infantil de las Religiosas de Los Ángeles Custodios (Málaga)

Publicado: 17/03/2012: 2915

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo de la inauguración de la residencia infantil de las religiosas de los Ángeles Custodios en Málaga el 17 de marzo de 2012.

INAUGURACIÓN DE LA RESIDENCIA INFANTIL

DE LAS RELIGIOSAS DE LOS ÁNGELES CUSTODIOS

(Málaga, 17 marzo 2012)

Lecturas: Os 6, 1-6; Sal 50; Lc 18, 9-14.

1. Un saludo muy cordial a todos vosotros; en primer lugar, al Vicario episcopal de Religiosos; al párroco de “Corpus Christi”; a las queridas Hermanas, que fieles a vuestro carisma, habéis emprendido esta preciosa obra; y a todos los que de un modo otro estáis vinculados y colaboráis; y, por supuesto, un cariñoso saludo a todos vosotros, que vais a vivir en este hermosa casa-hogar.

                Durante la cuaresma se nos hace más patente que somos pecadores. Estamos heridos por nuestros pecados; estamos desgarrados por dentro y entre nosotros, por causa de nuestras divisiones; vagamos, a veces, sin rumbo y si sentido por la vida, a causa de nuestra desorientación; ponemos el corazón en muchas cosas caducas, que no nos proporcionan la felicidad, en vez de ponerlo en manos de Dios.

                El profeta Oseas nos anima hoy a volver al Señor, nuestro Dios: «Venid, volvamos al Señor» (Os 6, 1). Solo él puede curarnos y sanar nuestra alma herida: «Él ha desgarrado y él nos curará, él ha herido y él nos vendará» (Os 6, 1).

Dios es capaz de hacernos surgir de nuestras miserias y levantarnos del lodo, que nos embarra y ensucia. Oseas dice: «Nos hará resurgir y en su presencia viviremos» (Os 6, 2). Dios es capaz de levantarnos, de hacernos personas nuevas; Dios es vida para el hombre, sobre todo de quien se acoge a él. San Pablo, en su discurso en el areópago de Atenas, decía: «En él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: Porque somos también de su linaje» (Hch 17, 28). La vida del hombre está marcada por la filiación divina, que Jesús, el Hijo de Dios, nos ha concedido con su encarnación, muerte y resurrección.

2. Queridas hermanas de la Congregación de los Santos Ángeles Custodios. Hoy venimos a dar gracias a Dios por esta casa de acogida para niños. Lo que hemos escuchado que Dios hace con nosotros: sanar, curar, cuidar; eso mismo os pide que hagáis con estos niños, pequeñas creaturas, imágenes del Creador. El nombre de vuestra congregación “Los Ángeles Custodios” viene por expreso deseo de vuestra Fundadora, que lo escogió para significar la misión a la que estáis llamadas. Ellos están faltos de atenciones y de cariño; ellos necesitan vuestras manos, para recibir alimento y cuidados; ellos necesitan de vuestro amor.

Vuestra Fundadora, la Beata Rafaela Ybarra (1843-1900), tuvo una vida rica en experiencias, tanto humanas como espirituales. Ejerció con delicadeza la maternidad no solo con sus propios hijos, sino también con los sobrinos, como a sus propios hijos, fundando después un instituto religioso para atender a muchachas jóvenes y a niños necesitados, en riesgo de exclusión por pobreza o abandono.

                Vuestra maternidad no la ejercéis en los propios hijos, que no tenéis, por haber renunciado mediante el voto de castidad; pero vuestra maternidad la ofrecéis a hijos de otras madres. ¡Muchas gracias por cuidar de estas criaturas! ¡Que Dios os recompense con creces la gran labor que realizáis!

3. Los profetas hablaron al pueblo de Israel en nombre de Dios y les comunicaron lo que el Señor esperaba de ellos; pero, no siempre obedecieron su Palabra y, por eso, los condenó una y otra vez, mediante un juicio claro y luminoso (cf. Os 6, 5).

El Señor nos advierte, a través de sus profetas y nos adoctrina mediante su Verbo encarnado, para que seamos fieles a lo que él nos pide. Su juicio sobre nosotros pone luz a nuestra conducta y hace aparecer con claridad nuestra miseria, nuestra debilidad humana. Al final de nuestra vida el Señor juzgará nuestros actos; pero es ahora cuando nos jugamos el verdadero futuro y la eternidad; el juego se está realizando ahora; después vendrá el resultado del partido, pero ahora hay que jugar; ahora hay que comprometerse.

El profeta Oseas nos anima a salir al encuentro del Señor, para conocerlo y amarlo. Su venida es para nosotros como lluvia benefactora, que nos fecunda: «Vendrá a nosotros como la lluvia temprana, como la lluvia tardía que riega la tierra» (Os 6, 3).

                Pedimos hoy al Señor que os llene de su amor; que el Espíritu nos fecunde, como la lluvia empapa la tierra. ¡Dejad que Dios colme vuestro corazón de su Amor, para poder amar sin barreras y acoger a quienes tenéis a vuestro cuidado!

4. El conocimiento lleva al amor; cuanto más y mejor conozcamos a Dios, más le podremos amar. Oseas se queja de que el amor de su pueblo hacia Dios es como nube mañanera, que se evapora: «¡Vuestro amor es como nube mañanera, como rocío matinal, que pasa!» (Os 6, 4).

Nuestro amor a Dios debe tener, en cambio, raíces profundas y fundamento seguro e inamovible, para que no se desvanezca como una nube. Dios pide de nosotros amor verdadero, basado en la entrega de la propia vida y no solo en sacrificios externos. Nos dice Dios, a través del profeta: «Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos» (Os 6, 6). Dios es misericordioso con nosotros y espera, a su vez, que nosotros seamos misericordiosos con los demás.

                Queridas hermanas, sea vuestra vida una ofrenda, grata a los ojos de Dios, acogiendo a todos, como vuestra Madre Fundadora, con dulzura y afabilidad, y compadeciéndose de los necesitados.

5. Según el Evangelio de hoy, el Señor Jesús narró a sus contemporáneos una parábola acerca de dos personajes, que subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano (cf. Lc 18, 10). La narración la contó porque algunos de los presentes se tenían por justos y despreciaban a los demás (cf. Lc 18, 9).

                Reconocerse pecador, en actitud humilde, conduce al perdón, como lo obtuvo el publicano (cf. Lc 18, 13-14); en cambio, tenerse por bueno y cumplidor de la ley, expresa una actitud de orgullo (cf. Lc 18, 11-12), que aparta de la misericordia de Dios.

                La escuela de los grandes orantes nos enseña el camino de la humildad, para avanzar por el sendero del Evangelio y para crecer espiritualmente. Los que se creen perfectos, buenos y cumplidores, no son bendecidos del Señor. La salvación es don de Dios. Hemos de reconocer nuestra realidad de pecadores, como atestigua el relato del peregrino ruso: “Por la gracia de Dios soy hombre y soy cristiano; por mis actos, gran pecador; por estado, peregrino de la más baja condición, andando siempre errante de un lugar a otro. Mis bienes son: a la espalda, una alforja con pan duro, la santa Biblia en el bolsillo y basta de contar” (Anónimo, El peregrino ruso, 1). Un poco así nos quiere el Señor a nosotros; como el peregrino ruso, teniendo a Dios, su Palabra, la oración y la entrega a los demás; con eso basta; con eso nuestras alforjas van bien llenas.

6. En esta celebración de acción de gracias queremos presentar al Señor la Residencia Infantil, que hemos bendecido. Ella es una concreción de la misión de vuestra congregación; una expresión de vuestro carisma; una prolongación de la tarea que inició la Beata Rafaela Ybarra con los niños necesitados.

                Esta Residencia quiere ser un hogar, una casa de acogida, un ambiente cálido y entrañable, donde los niños encuentren amor, para poder crecer como personas y como hijos de Dios.

Pedimos a la Santísima Virgen María por la Hermanas, que ofrecerán en este hogar su amor maternal; por los residentes, que encontrarán aquí su hogar; pedimos por los voluntarios, que quieran acercarse para compartir su tiempo y su ilusión; pedimos por los colaboradores, que caminarán, codo con codo, con las Hermanas, ayudándoles en esta hermosa tarea.

Que la Virgen, Madre de Jesucristo y madre nuestra, nos acompañe a todos en este camino cuaresmal hacia la Pascua. Amén.

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