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Visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (Benaoján)

Publicado: 05/05/2013: 115

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga en la Visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en Benaoján, celebrada el 5 de mayo de 2013.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

(Benaoján, 5 mayo 2013)

 

Lecturas: Hch 15,1-2.22-29; Sal 66,2-8; Ap 21,10-14.22-23; Jn 14,23-29.

 

1.- Antes de la celebración, en el diálogo que hemos tenido, os planteaba dos retos que los cristianos de hoy tenemos; y que son los dos grandes y mismos retos que tenían los cristianos de las primitivas comunidades.

Uno es el tema de la vivencia del proceso de la fe. La fe es un regalo de Dios, es un don; pero es don que el creyente tiene que aceptar; tiene que asumir lo que significa ese don y corresponder.

Dios siempre es el que sale primero a nuestro encuentro, siempre. Dios siempre toma la iniciativa; Él es quien nos ama primero; Él es el que ha ofrecido al Hijo por nosotros.

Cuando una persona siente y experimenta el amor es cuando se convierte en capaz de amar. El ser humano no empieza amando, sino siendo amado, sea por sus padres, sea por la familia y naturalmente por Dios. Sólo cuando ha experimentado el ser amado es cuando está capacitado para amar.

En el plano de la fe hay una similitud con el amor. En la fe Dios sale a nuestro encuentro, Dios se revela, Dios se acerca a mí a través de Jesucristo, el revelador del Padre, la revelación plena del Padre, y podemos conocer a Dios. Pero es Él el que se acerca, el que llega a nosotros para invitarnos a creer en Él y en Dios Padre.

Por tanto, la actitud nuestra es la de correspondencia. Correspondemos aceptando ese don y llevando a cabo lo que ese don implica: el don de la fe y el don del amor. Ese reto lo tenemos todos.

2.- Los que vais a ser confirmados iniciasteis hace tiempo el camino de la fe. Este camino es un recorrido personal; nadie puede hacer un acto de fe por otro, ni un acto de amor por otro. El acto de fe, o de amor, o de libertad, sólo lo hace la persona que tiene que hacerlo.

En ese proceso que hicisteis (supongo que fuisteis bautizados desde la infancia), ya ha llegado el momento de la confirmación. La confirmación es como una segunda parte del bautismo, es el perfeccionamiento del bautismo. La confirmación es también un don, un regalo de Dios, en el que solamente hay que aceptar dicho regalo.

Os animo y os felicito por confirmaros. También digo a toda la comunidad cristiana de Benaoján que no debe haber ningún adulto bautizado sin confirmar. No tiene sentido no estar confirmado un adulto que recibió el bautismo en su infancia.

Por tanto, a todos los cristianos adultos que haya, hay que animarles a que celebren la confirmación; si no, no han terminado la iniciación cristiana. ¡Estáis por iniciar, aún no habéis terminado la iniciación! Estos sacramentos de bautismo, confirmación y eucaristía son para empezar la vida cristiana, para iniciarnos en ella. Después vendrán los demás sacramentos: perdón, matrimonio, orden sacerdotal y unción de enfermos.

¡Enhorabuena por corresponder a la oferta que Dios os hace del don del Espíritu! Pero el reto de la maduración en la fe lo tenemos todos los bautizados, sean niños, jóvenes o adultos. Y lo tenemos como lo tenían los primeros cristianos.

3.- Nos ha dicho el texto del Libro de los Hechos que en Jerusalén se reunieron los Apóstoles para preguntarse sobre qué tenían que exigir al que se convirtiera al cristianismo (cf. Hch 15,1-2).

Decíamos en el diálogo anterior, antes de la Misa, que al cristianismo se convertían de otras religiones: la judaica, las politeístas de los romanos; los griegos, los paganos, los ateos. Y se preguntaban los Apóstoles: “¿qué vamos a exigirles?” Lo primero que les exigen es que adoren al Dios único y Padre de Nuestro Señor Jesucristo; que su Dios sea sólo el Dios de Jesús; que no tenga otros dioses (cf. 1Cor 8, 5-6).

En aquellas naciones de entonces había muchas religiones y había muchos dioses. En nuestra sociedad, mucha gente no cristiana, incluso algunos bautizados, ¿qué otros dioses tienen? ¿Todos adoran al único Dios que es amor Padre, Hijo y Espíritu Santo, o hay que gente que va buscando la felicidad y lo hacen adorando a otros dioses? ¿Podéis enumerar algún dios a los que adoran y van detrás algunos de vuestros paisanos y contemporáneos buscando la felicidad? (Respuesta de una feligresa: “el dios dinero”). Y resulta que viene una catástrofe natural o una crisis económica y nos damos cuenta de que el dios dinero no existe. Quien ha puesto toda su confianza en el dinero se pude caer “con todo el equipo” hasta el abismo.

Quien ha puesto toda su ilusión, todo el sentido de su vida, en esos dioses, se le caen. Ese dios ha caído, no da la felicidad y te puede fallar, y te ha fallado; luego no es Dios; pero lo has puesto en lugar de Dios, has hecho de eso tu dios.

¿Qué otro dios falso puede haber por ahí? ¿A qué otro dios adora nuestra sociedad? Al dios poder, al dios fama, al dios sexo, al dios… lo que queráis. Son dioses que nos fallan, porque son dioses falsos.

4.- Y la misma pregunta que se hicieron los Apóstoles en Jerusalén nos la podemos hacer hoy con motivo de esta Visita Pastoral: ¿qué vamos a pedir y exigir a quien quiera ser cristiano?

En primer lugar: que destierre sus dioses, que quite esos dioses de su vida, que no confíe en esos dioses que no le salvan, que no le perdonan el pecado, que no le dan la felicidad eterna; le dan tres segundos de felicidad, o tres minutos, o tres meses; pero no es una felicidad auténtica. Hay que desterrar a esos dioses y hay que poner en nuestro corazón a un solo Dios: El Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, el Dios Trino, que se llama Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Hay una regla nemotécnica que a mí me gusta comentar que dice: de ese Dios único, aunque son tres personas, nosotros tenemos una vinculación o relación con cada una de esas personas. De Dios Padre, ¿qué somos? (Responde una feligresa: “hijos”). De Dios Hijo, ¿qué somos? (Responde una feligresa: “hermanos”). Ahora viene la pregunta más difícil: de Dios Espíritu Santo, ¿qué somos? ¡Somos templos!

5.- ¿Sabéis qué ha dicho Jesús a sus contemporáneos? «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23). El creyente que acepta a Dios llena su corazón de la presencia de ese Dios. El creyente es un templo, una casa, un arca, un recipiente, un hogar, donde vive el Espíritu, donde habita el Espíritu, donde hace morada el Espíritu de Dios.

Este domingo, los confirmandos, templos del Espíritu, vais a recibir en plenitud el Espíritu Santo que va a llenar vuestros corazones. Va a ser morada en vosotros. Por tanto, vaciad el corazón para que entre a raudales; porque si lo tenéis lleno, ¿se puede llenar una cosa que ya está llena? ¿Podéis llenar un vaso que ya esté lleno? Si ya está lleno, no cabe nada más.

¿Cómo se puede llenar el corazón de Dios? Vaciándolo de otras cosas. ¿Cómo puede inhabitar el Espíritu en nosotros? Dejándole espacio en nuestro corazón, no hay otra manera.

6.- Con eso damos respuesta al gran reto primero: ¿cómo vivo la fe?, ¿cómo hago el proceso de fe?, ¿cómo maduro cada día más en la fe? Pues, desterrando los dioses falsos, aceptando al Dios verdadero, dejando que habite en mí, dejando que me transforme. Y esto sirve para todos los cristianos, confirmandos y confirmados. En el bautismo se nos regaló la imagen de Cristo. Hemos de mantenerla limpia. Hemos de mantenerla fresca. Hemos de vivir, como dice Pablo, «con los mismos sentimientos, según Cristo Jesús» (Rom 15, 5). Si queremos ser cris-ti-a-nos, ser cristianos es vivir como Cristo.

Por tanto, el mismo reto que tenía la primitiva comunidad tenemos hoy en pleno siglo XXI. Si difícil era ser cristiano entonces, no es más fácil serlo ahora.

Ya hemos escuchado hoy que el que quiera aceptar el Reino de Dios no va a tenerlo fácil, porque puede ser perseguido, incomprendido, difamado, etc.

7.- En segundo lugar: si vivo esa fe, decíamos en el diálogo, me tiene que llevar a dar testimonio de eso bueno que estoy viviendo. No me puedo quedar para mí una cosa buena. Si creer en Jesucristo, en Dios Padre y en el Espíritu me ayuda a ser más feliz, yo tengo que decir a los demás que lo prueben, que acepten a Dios en su vida y lo experimenten.

Estoy convencido que, si nuestros contemporáneos y paisanos entendieran lo que es la fe cristiana, y si lo entendiéramos nosotros mejor, desearíamos vivir la fe a tope, con todas sus consecuencias. Porque a veces nosotros decimos con nuestra conducta y con nuestras palabras que ser cristiano es una cosa que no es. Como los no creyentes piensan que ser cristiano es hacer ciertas cosas, venir a misa… eso sólo no es. Ser cristiano no es solo hacer una procesión al año, ni siquiera venir solo a la misa los domingos.

Ser cristianos es seguir a Jesucristo e intentar vivir como Él. Ser cristiano es mucho más de lo que mucha gente piensa. Por eso mucha gente nos combate y nos critican porque aquello que critican no es la fe. Combaten fantasmas inexistentes.

Hemos de demostrarle con nuestra conducta y con nuestras palabras qué es ser cristiano, la maravilla que es, la felicidad que me da, la fuerza que me da para vivir y para encajar los envites de la vida y los sufrimientos, y el sinsentido que a veces puede tener.

8.- En el Evangelio el Señor nos ha dicho que, además de que quiere hacer morada en nosotros, «El que me ama guardará mi palabra» (Jn 14,23). Guardar su palabra es vivir como Él quiere. Es cumplir los mandamientos, sobre todo la palabra importante, el mandamiento del amor. Eso es lo que hizo Jesús: amó al Padre y cumplió siempre su voluntad. Eso es a lo que estamos nosotros invitados.

Y finalmente en el Evangelio se nos ha recordado que no debemos de tener miedo de ser cristiano, de manifestarlo, de vivir la fe: «Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Jn 14, 27), porque «el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho» (Jn 14, 26).

Pues hoy, vais a recibir, queridos confirmandos, el Espíritu Santo que os va a iluminar lo que significa ser cristianos, vivir la fe, vivir el amor; lo que significa dar testimonio a los demás. Y a todos es el Espíritu el que nos explica desde dentro qué significa ser cristianos. Dejaos amaestrar por ese gran maestro interior. Eso es puro don, puro regalo, eso es como una ciencia infusa que no hay que estudiarla. Eso es sencillamente aceptando los dones del Espíritu que recibimos en el bautismo y en la confirmación.

9.- La Visita Pastoral quiere ser un encuentro del pastor con los fieles. Pero el pastor, el único Pastor es Jesucristo; los obispos y los sacerdotes somos pastores “encargados”, somos “zagales”. ¿Sabemos lo que es un zagal, no? No es el pastor, ni el dueño del rebaño. Somos “encargados” para acompañarnos mutuamente, para acompañaros; pero al que hay que seguir y escuchar la voz y conocer es al Pastor Jesucristo. Todos somos ovejas de su rebaño, también los curas, los obispos y el papa. Todos somos ovejas del mismo rebaño, lo que hacemos es ayudarnos mutuamente según la misión que cada uno tenga para realizar mejor la tarea.

Os animo a que eduquéis en la fe a los niños, a las generaciones jóvenes que vienen detrás. Que les expliquéis bien qué es ser cristianos, diciendo esto no es y esto sí que es. Y que lo hagáis no sólo de palabras, sino con la vida, con el ejemplo, con la experiencia.

El mejor catequista no es el que más sabe, ni el que más técnicas tiene, ni el que más pedagogía humana usa. El mejor catequista es el mejor testigo de la fe. Prefiero a un catequista que viva la fe y no sepa ni leer ni escribir, a un doctor en pedagogía que no viva la fe. Y no lo digo pensando en nadie, sino como principio.

10.- A veces los curas me plantean el tema de los catequistas. Una vez, en la otra diócesis donde estaba me dijeron que eso que quería de explicar a los niños la fe no se podía hacer porque no sabían ni leer, ni escribir. Y les dije: “no sois maestras, sois catequistas”. Si para enseñarle a un niño que Dios le ama y que tiene que amar a Dios, tengo que esperar a que ese niño sepa leer y escribir, muchos de nuestros abuelos nunca hubieran creído en Dios; no digo ya bisabuelos y tatarabuelos, digo abuelos. No hace falta leer ni escribir para amar a Dios, ni para enseñar que Dios te ama. Eso se enseña con la experiencia y con la fe.

Os animo a que sigáis, como lo estáis haciendo, incluso cada día mejor, ayudando a madurar en la fe a los que vienen por abajo. Crecer y madurar en este Año de la Fe, purificando nuestra propia fe, quitándole lo que no nos sirve y lo que estorba; y también, siendo cada día mejores testigos de esa fe.

Vamos a pedir a la Virgen del Rosario, que es la advocación de vuestra devoción aquí en Benaoján, que nos ayude a estos dos grandes retos: vivir la fe, madurándola, es decir, crecer en el proceso de fe; y ser testigo de ella en este pueblo y en la sociedad donde nos toca vivir. Que así sea.

 

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